sábado, 12 de marzo de 2011

El que siembra sangre

Cuando mi padre me ofreció El que siembra sangre, de Arne Dahl, tuve mis dudas acerca de si seguir su consejo, Misterioso, la primera novela de este escritor sueco, me pareció un libro, a juzgar por las críticas que leí en internet, bastante sobrevalorado. "Es bastante mejor que el anterior, te lo aseguro", aseveró. Pues nada, aparqué la lectura de Ojos de agua, de Domingo Villar y me puse con Dahl.
Sinopsis: "Ha pasado un año desde la constitución del Grupo A, la unidad especial para la resolución de crímenes violentos de carácter internacional a la que pertenece Paul Hjelm, y la falta de casos adecuados a sus objetivos y habilidades hace que los círculos policiales suecos empiecen a cuestionar la necesidad de que una unidad tan especializada siga en activo. Como respondiendo a sus plegarias, el Grupo A recibe un aviso: un asesino en serie ha matado a un hombre por medio de un macabro ritual en el aeropuerto de Newark, en Nueva York, y viaja con su billete hacia Estocolmo. No saben su nombre ni qué aspecto tiene. El equipo al completo se traslada a toda prisa al aeropuerto, pero, pese al operativo desplegado, el asesino escapa y empieza a matar en Estocolmo. No parece que lo haga por placer, por un deseo retorcido o perverso. Hay un patrón en lo que hace, pero no está claro cuál es. Con el propósito de averiguarlo, Paul viaja a Estados Unidos junto a su colega Kerstin Holm para entrevistarse con el FBI. Durante su ausencia, los asesinatos se suceden en Suecia ante la perplejidad de los investigadores, que tienen como única pista el pasado de la víctima de Newark y el método utilizado para asesinarla, una refinada técnica de tortura que parece remitir a un criminal entrenado, inteligente y extremadamente cruel". 
Coincido con mi padre en que El que siembre sangre es mejor que Misterioso, aún dejando una sensación agridulce. Se agradece que la trama contenga ciertas dosis de sorpresa, que se profundice en los personajes principales, una vez superadas las lentas presentaciones de la primera novela, y que la narración no se pare en obtusas reflexiones interiores tipo Wallander para imprimir un ritmo alto a la historia - aunque sobren los comentarios acerca de la teoría de la literatura, por ejemplo. Destacaré la escena del aeropuerto es excelente, siendo imposible levantar la vista de sus páginas. Ahora bien, esta misma trama contiene a mi parecer demasiados aspectos que hacen que se roce la irrealidad, no tan solo por un final sorprendente (o ilógico, me atrevería a añadir) como por la caricaturización de los agentes del FBI, salidos de una película de serie B norteamericana. Una lástima. Quizá no vale la pena pagar los 19 euros, aunque quizá si pasar por la biblioteca o esperar a la edición de bolsillo.

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