Como El lector no me ha reportado nada (debería haberlo hecho: JM, amigo de infancia, me ofreció el pasado verano, bajo el influjo de demasiadas cervezas, un interesante discurso acerca de la culpa, utilizando la película de Stephen Daldry como ejemplo, lo que despertó mi interés hacia el libro), escribo sobre El año de la plaga, de Marc Pastor, versión de La invasión de los ultracuerpos ambientada en la Barcelona actual, novela digna de ser comentada, recomendada y regalada. Sinopsis: "Últimamente, a Víctor Negro le duele mucho la cabeza. Su novia le ha dejado y no se ve capaz de superarlo. Es un agosto bochornoso en Barcelona, pero él no tiene vacaciones. Las compañeras de trabajo de este asistente social que se dedica a la atención a la tercera edad están empeñadas en buscarle una nueva compañía femenina, y él las deja hacer con resignación. Todo transcurre lentamente, entre la migraña, el desamor y el calor estival, hasta que una oleada de suicidios de ancianos dispara todas las alarmas. En las casas de los muertos aparece invariablemente una maceta con una planta de eucalipto despidiendo un olor dulzón, y los familiares parecen demasiado resignados ante una pérdida tan trágica. Las noticias en los medios de comunicación son confusas: un misterioso virus con poder curativo convive con una mutación muy agresiva de la gripe A. La conexión a Internet desaparece, y los teléfonos móviles pierden la cobertura. En la televisión reponen películas antiguas. Todo es demasiado extraño, y Víctor Negro está decidido a averiguar qué pasa."
La primera vez que leí acerca de El año... fue através del blog de Berto, en el que ensalzaba todas sus virtudes: "Asume el riesgo de contar de nuevo una historia que el lector conoce perfectamente y logra convertirla en algo nuevo y lleno de originalidad. La cuaja de un alud de referentes propios (...) y de su íntima manera de sentir lo que es la espina dorsal de la historia: la pérdida de la identidad propia. Muy muy recomendable". No sólo se trata de un libro de terror: al igual que ocurre en las novelas policiacas, que normalmente sirven de pretexto para hablar de otros temas (véase Henning Mankell), Marc Pastor aprovecha para alertar acerca de la colectividad, uniformidad y, posteriormente, discriminación sin sentido; para destripar geográficamente Barcelona (las descripciones de Nou Barris y el Carmel son geniales) y, también, para hacer hincapié, en menor medida, de las influencias de las nuevas tecnologías; parece que sin internet y sin móviles volveríamos a la Edad de Piedra. El estilo es fluidísimo, con unas pausas narrativas bien sincronizadas, en el que el narrador es capaz de sacarnos más de un sonrisa en momentos de máxima tensión con sus comentarios llenos de mala leche, valga como ejemplo la angustiosa escena del interrogatorio. La única pega la encontraría, quizá, en que el público menor de 30 - 35 años quizá no entienda todas las constantes referencias musicales, cinematográficas o literarias, o que las estupendas descripciones de Barcelona pasen desapercibidos para un público no local. Pero nada, nimiedades: si lo que uno busca es pasar un rato entretenidísimo y alejarse de la cotidiana realidad, nada mejor que dejarse abducir por los eucaliptos de Marc Pastor y creer que siempre quedará la esperanza.
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