domingo, 27 de febrero de 2011

El boomerang

Dicen que debido a las altas expectativas que se esperan del nuevo trabajo de Manel, grupo musical catalán que ha llenado el vacío dejado por los ya extintos Sau y Sopa de Cabra (bueno, de estos se rumorea que están a punto de volver - hecho innecesario), hace unos días publicaron, via youtube, un par de canciones de su nuevo disco, 10 milles per veure una bona armadura (10 millas para ver una buena armadura). Me quedo con la primera, Boomerang, la segunda, Aniversari, me parece una copia mala de los grandes Leisure Society. El disco se pondrá a la venta este próximo 15 de marzo.

jueves, 24 de febrero de 2011

Hacer las cosas mal

A finales del mes pasado se estropeó nuestro decodificador televisivo de Orange, por lo que llamé al servicio técnico para reportar la avería. Como no es la primera vez que ocurre, le indiqué a la operadora que en vez de enviar el aparato a casa, me lo hicieran llevar al trabajo: allí, entre otros, ya recogen mis pedidos de Amazon. Por lo tanto, les dí mis datos y teléfono de contacto. Al poco rato recibí un SMS en el que se me indicaba que en el plazo de 48 a 72 horas recibiría el dispositivo.
Efectivamente, tres días más tarde un operador de SEUR dejó una notificación de ausencia en el buzón de casa. Malo. Llamé a Orange para reportar el error, "oiga, que dí mis datos y la dirección del trabajo y me lo han enviado a casa". Llegaron las primeras disculpas y prometieron enmendarlo. A la mañana siguiente me llamaron de SEUR para verificar la nueva dirección, pero por dos veces siguieron dejando una nota de ausencia en el buzón de casa. Llamé a SEUR pensando que sería más rápido lidiar con ellos que con Orange, quienes, a pesar de su diligencia, seguían haciendo las cosas mal. Pero en SEUR me advirtieron que ellos sólo podían cambiar la dirección de destino si el remitente lo aprobaba. Resignado, hice una nueva llamada a Orange (suerte que es un teléfono 900, pensé), donde me recomendaron llamar a SEUR para rechazar el paquete; sólo entonces ellos podrían remitirlo a mi trabajo.
El 14/02 M recibió un SMS de Orange, "su decodificador ha sido enviado por Correos". Una semana más tarde seguíamos sin notícias del paquete, así que me puse en contacto, otra vez, a Orange. Pensaba que no podían sorprenderme más, pero allí estaban: "El aparato ha sido enviado a su trabajo, a nombre de M". Oséase, a nombre mi pareja quién, por cierto, no trabaja allí. "Si quiere, le doy el número de albarán, con esto se lo darán en Correos". En el trabajo me confirmaron lo que ya imaginaba, que como no conocian a nadie llamado M devolvieron la mercancía. Otra vez al teléfono, esta vez con la oficina de Correos. La persona que me atendió fue franca: "Ese número de albarán no sirve, es de referencia interna de Orange. Además, si lo rechazaron ya lo habremos devuelto. Seguro. Y, si lo tuviéramos aquí, sin albarán su pareja no puede darle permiso para recogerlo". Tocaba volver a llamar a Orange, con mis dedos sobrevolando los números al marcar: 900901300 + número de teléfono de casa + 3 + 3 y esperar.
"Esta incidencia lleva abierta desde finales de enero", me espeta la amable telefonista una vez ha escuchado mi versión resumida de los hechos. "Mire, ya no sé si quiero seguir con esto, ¿me puede dar el número de teléfono para darme de baja?". La señorita lo recita (902051170, por cierto) y añade que el dispositivo ya les consta como devuelto. Yuppi. Después de dejarme unos minutos a la espera me comenta que volverán a enviar el dispositivo, pide confirmar mis datos y asegura que, en unos días, obtendré el cacharro ese.
Esta tarde M ha recibido un SMS desalentador: "Dentro de 24 - 48h la mensajería te entregará tu nuevo router". ¿Router? Espero no tener que escribir una segunda parte de este post. Por si las moscas, ya le he dicho a Miquel, el recepcionista del trabajo, que recuerde el nombre mi pareja. Nunca se sabe.

viernes, 18 de febrero de 2011

Andrea Motis

Tenía en mente escribir sobre Sincronicity, de Police, pero el pasado miércoles oí a Andrea Motis, Joan Chamorro y Josep Traver en Buenafuente y a día de hoy sigo con la melodía en la cabeza. He leído que la chica apenas cuenta con 15 años y que ya hace bastante que se dedica a esto, lo que inevitablemente me recuerda a Joss Stone, a la que escuché por primera vez en octubre de 2004, cuando ella contaba con 17 años. En fin, como dirían los grandes Asane y Txetun, la copla del día lleva por nombre Louisina Fairy Tale: toca cerrar los ojos. La chica y su voz se lo merecen.

jueves, 17 de febrero de 2011

Misfits

Durante estas últimas semanas varias personas me hablaron de Misfits, serie británica que trata sobre unos jóvenes que, durante su primera hora de trabajo comunitario, obtienen unos poderes por culpa de una tormenta eléctrica. Como con las grandes series, esas que me obligan a quedarme más tiempo del deseado delante del televisor ("sólo un capítulo más, sólo un capítulo más", me engaño), Misfits nos enganchó ya desde la primera escena al escuchar el incomprensible acento de Kelly, la Belén Esteban de la serie.
La serie avanza a cada capítulo, entre los que se entremezclan un humor tan negro como generoso y basto, el misterio o el terror, aunque es el drama el que predomina. La banda sonora también es imprescindible. Los giros de las tramas, que incluyen casi a cada capítulo una grata sorpresa, no sólo mantienen, sino que aumentan el interés y las ganas de saber más. Indudablemente, la fuerza de Misfits recae en sus personajes, estupendamente trazados y con una evolución lógica, por muy sorprendente que pueda parecer. Igual Nathan es el que acapara más protagonismo, lo que también va ligado a su propio ser, pero la serie carecería de sentido sin ninguno de los otros protagonistas y sus poderes. Leo en Wikipedia que la tercera temporada está prevista para otoño de este año, evento imprescindible, ya.

domingo, 13 de febrero de 2011

Petit Bangkok

Después de oír a amigos y compañeros de trabajo hablar del Petit Bangkok, en el que se nos alababan las cualidades de este restaurante, pensé que estaría bien darse un homenaje en un fecha especial y, con cinco semanas de antelación, reservé mesa: "sí, aún me queda algo para dos", me dijeron. Fueron pasando los días y, con ellas, las recomendaciones. Por ejemplo C, de Recursos Humanos, me envió un breve correo en el que desgranaba sus platos estrella: "sopa de leche de coco, curry... todos (de pato, espectacular), los pad thai y los rollitos de entrantes". 


El viernes pasado fue el día escogido. El local es pequeñísimo, en el que la posición de cada mesa está milimétricamente calculada, apenas caben 16 personas. Si a esto le añadimos que la comida es estupenda con raciones generosas, el precio ajustado, el servicio agradable y atento, se entiende que haya que organizarse para poder ir. Los cuatro platos que pedimos estuvieron a la altura de las expectativas, sin excepción. Y el pad thai de pato hizo honor a su fama. Muy recomendable, sí. Lo único malo fue que cenamos en poco más de una hora, por la celeridad con la que sirven los platos. Pero, por lo demás, nada nada que objetar.

viernes, 11 de febrero de 2011

On melancholy Hill

Después del paréntesis de Extremoduro, una canción más acorde a lo que ha sido la semana: toca descansar. Y nada mejor que los maestros Gorillaz para evadirse, lejos de SAP, actualizaciones de Office, Blackberrys e impresoras.

lunes, 7 de febrero de 2011

Dos restaurantes

Viernes 4 de febrero: cena con ex-compañeros de trabajo en La ternerita, en la calle Consell de Cent. Escogimos, entre otros, surtido de setas, pollo de granja, solomillos y entrecottes. Todo estaba bastante bueno, acabamos con todas las raciones generosas y el vino de la casa, cuyo nombre no recuerdo pero que simplemente acompañó la carne. El problema reside en el local, con una acústica deficiente: detrás nuestro se situó una pareja que permaneció en silencio casi todo el tiempo, pues era muy difícil comunicarse sin alzar la voz. Suerte que el precio se mantuvo dentro de unos límites aconsejables.

Sábado 5 de febrero: comida con la familia en el restaurante Embat. Otra vez. Sencillamente formidable, pasa el tiempo y siguen a un nivel superior. Amenizado por dos botellas de Les Tres Creus, un "priorat" acogedor, nos decantamos por el menú degustación de tres platos: crema de poularda amb ou de polleta i tòfona; Envoltini de galta de bou amb ostra i holandesa / Morro de bacallà amb estofat de llenties, bolets i xirivia; y Llata amb brioche de llet de cabra i codony. De postre tomamos pastís de cereals amb iogurt, te i albercoc y Melós de xocolata amb cumquat, ametlles i alfàbrega. Al despedirnos, Santi Rebés no pudo atendernos más que unos minutos, "vienen unos de la televisión canadiense para ver cómo hacemos un plato típico catalán, y me toca adelantar faena para la noche". Son unos Grandes, y algo me dice que seguirán así.

domingo, 6 de febrero de 2011

El año de la plaga

Como El lector no me ha reportado nada (debería haberlo hecho: JM, amigo de infancia, me ofreció el pasado verano, bajo el influjo de demasiadas cervezas, un interesante discurso acerca de la culpa, utilizando la película de Stephen Daldry como ejemplo, lo que despertó mi interés hacia el libro), escribo sobre El año de la plaga, de Marc Pastor, versión de La invasión de los ultracuerpos ambientada en la Barcelona actual, novela digna de ser comentada, recomendada y regalada. Sinopsis: "Últimamente, a Víctor Negro le duele mucho la cabeza. Su novia le ha dejado y no se ve capaz de superarlo. Es un agosto bochornoso en Barcelona, pero él no tiene vacaciones. Las compañeras de trabajo de este asistente social que se dedica a la atención a la tercera edad están empeñadas en buscarle una nueva compañía femenina, y él las deja hacer con resignación. Todo transcurre lentamente, entre la migraña, el desamor y el calor estival, hasta que una oleada de suicidios de ancianos dispara todas las alarmas. En las casas de los muertos aparece invariablemente una maceta con una planta de eucalipto despidiendo un olor dulzón, y los familiares parecen demasiado resignados ante una pérdida tan trágica. Las noticias en los medios de comunicación son confusas: un misterioso virus con poder curativo convive con una mutación muy agresiva de la gripe A. La conexión a Internet desaparece, y los teléfonos móviles pierden la cobertura. En la televisión reponen películas antiguas. Todo es demasiado extraño, y Víctor Negro está decidido a averiguar qué pasa."

La primera vez que leí acerca de El año... fue através del blog de Berto, en el que ensalzaba todas sus virtudes: "Asume el riesgo de contar de nuevo una historia que el lector conoce perfectamente y logra convertirla en algo nuevo y lleno de originalidad. La cuaja de un alud de referentes propios (...) y de su íntima manera de sentir lo que es la espina dorsal de la historia: la pérdida de la identidad propia. Muy muy recomendable". No sólo se trata de un libro de terror: al igual que ocurre en las novelas policiacas, que normalmente sirven de pretexto para hablar de otros temas (véase Henning Mankell), Marc Pastor aprovecha para alertar acerca de la colectividad, uniformidad y, posteriormente, discriminación sin sentido; para destripar geográficamente Barcelona (las descripciones de Nou Barris y el Carmel son geniales) y, también, para hacer hincapié, en menor medida, de las influencias de las nuevas tecnologías; parece que sin internet y sin móviles volveríamos a la Edad de Piedra. El estilo es fluidísimo, con unas pausas narrativas bien sincronizadas, en el que el narrador es capaz de sacarnos más de un sonrisa en momentos de máxima tensión con sus comentarios llenos de mala leche, valga como ejemplo la angustiosa escena del interrogatorio. La única pega la encontraría, quizá, en que el público menor de 30 - 35 años quizá no entienda todas las constantes referencias musicales, cinematográficas o literarias, o que las estupendas descripciones de Barcelona pasen desapercibidos para un público no local. Pero nada, nimiedades: si lo que uno busca es pasar un rato entretenidísimo y alejarse de la cotidiana realidad, nada mejor que dejarse abducir por los eucaliptos de Marc Pastor y creer que siempre quedará la esperanza.

jueves, 3 de febrero de 2011

La canción del viernes, hoy

Como mañana se presenta el día lleno de compromisos (trabajo, comida, trabajo, merienda, cena) adelanto la canción del viernes. Hoy, Desidia, de Extremoduro, básicamente porque los hemos puesto hoy en el despacho, después de que una usuaria (la que confundió a Lady Gaga con Zaz, por cierto) anunciara que no le apetecía trabajar por culpa de la desidia. R, compañero con un sentido sentido del humor en plena forma, ha recordado entonces esta canción de su juventud, así que hemos apagado la radio (sonaba Madonna, el cambio quedaba justificadísimo) y, via youtube, hemos escuchado a Extremoduro. La mañana se animó, sí.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Más Facebook

Leí ayer en Facebook que "tengo una amiga que está preocupada por sus amigos egipcios y otra que asistirá a la marcha virtual en solidaridad con los manifestantes egipcios. Esto del feisbuk es cosa curiosa..." (espero que su autora no me pida derechos de autor, jeje), hecho que suscribo y a la que añado una anécdota acontecida ayer en el tren: entre las estaciones de Sants y Passeig de Gràcia se sentó a mi lado una mujer que, nada más quitarse el abrigo, sacó un portátil Acer de 17" - nada discreto, vamos-, lo encendió y conectó un dispositivo 3G para ver, por este orden, Facebook y Gmail. Intenté no chafardear demasiado, la lectura de El año de la plaga es divertida, amena e ingeniosa, pero no pude evitar levantar la vista y ver cómo se entretenía en Farmville (por cierto, ¿desde cuando hay pingüinos en las granjas?) y escribía un comentario en una foto. Podría pensar que en el trayecto del tren es su único momento de descanso, o que sólo lo abre para hacer tiempo antes de enfrascarse con balances, informes o procedimientos, lo que justificaría su precaria conexión, pero algo me dice que Facebook va algo más allá de un simple entretenimiento y roza, quizá, la obsesión.