viernes, 31 de diciembre de 2010

Toca cerrar el (buen) año

Pues eso, 31 de diciembre, lo que significa cerrar el año. Un año que considero bueno a (casi) todos los niveles y que merece un final de altura: Rufus Wainwright y su impresionante versión de Across the universe.



Pues nada, a ser felices, que son dos días...

jueves, 23 de diciembre de 2010

Un buen año literario

Mientras apuro y saboreo la relectura de La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa, supongo que como inconsciente terapia a otra relectura, la del durísimo Todo lo que muere de John Connolly, reviso el que ha sido mi año literario, pensando en que ha estado bastante bien, con no muchas obras, por uno u otro motivo, decepcionantes. A saber: El veredicto (Michael Connelly), Invisible (Paul Auster), Cualquier otro día (Dennis Lehane), Lo que esconde tu nombre (Clara Sánchez), El asedio (Arturo Pérez Reverte), El silencio del bosque (Tana French), Alejandro Magno y las águilas de Roma (Javier Negrete), El invierno de los leones (Jan Costin Wagner) y Verbrechen (Ferdinand von Schirah). A medio camino estarían, entre otros, Field grey, de Philip Kerr, las novelas de Arnaldur Indridason y Stuart Macbride, Sé lo que estás pensando, de John Verdon o Sunset Park, otra de Paul Auster. Finalmente, pocas me han impactado: The whisperers, de John Connolly; Barcelona rebelde, de Guillem Martinez; Odio, de David Moody, Fin, de David Monteagudo y la fascinante Flaubert's parrot, además de Talking it over y Love, etc, estas tres últimas de Julian Barnes.

En mi estantería de "pendientes" descansa ahora sólo Dark matter, de Philip Kerr, a la espera que estas navidades mis familiares y amigos tengan a bien a abastecerme con más lecturas.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Pinker Tones: conciertazo en el Apolo

Después de haber visto varias veces a los Pinker Tones en concierto, corría el riesgo de repetir experiencia, volviendo a escuchar la canción con los mismos arreglos, por ejemplo. Por suerte, los Pinkers intentan ofrecer siempre algún aliciente nuevo, algo por lo que haya valido la pena pagar el importe de la entrada - inciso: que los de TicketMaster claven 2,20 euros por gastos de gestión por cada una de ellas es abusivo. Ayer no fue una excepción. La base del concierto fue su último CD, Modular, pero no dudaron en recuperar temas antiguos (Les héros -del que la gente coreó el estribillo- y The million colour revolution) y sorprender con un breve impasse acústico con Friends, Xmas Walk y Merry Pinker, estos dos últimos de su EP Christmas in four moods, para recuperar luego la base más ecléctica con diferentes samples (S.E.X.Y.R.O.B.O.T. - 24 - Wilde Eleganz - Electrotumbao - Sonido Total). Y todo esto sin perder este estilo y "sonido pinker" que les hace tan carácteristicos. Entre las sorpresas la presencia de múltiples teloneros (Gentle Music Men, Maika Makovski y Ovni - todos en acústico) y del batería de Cypress Hill, Eric Bobo. Como no podía ser de otra manera, salimos del concierto contentos y satisfechos, con ganas de repetir. Nuestra amiga MP lo ha resumido estupendamente esta mañana en Facebook: "Conciertillo de The Pinker Tones: canyeros! Esos sintetizadores a toda potencia, ese rugido intergalácticooorrr".

domingo, 12 de diciembre de 2010

De series

Acabada la primera temporada de Walking Dead me ha quedado cierto regusto amargo: sí, la serie está muy bien hecha y tiene momentos tan gloriosos como dramáticos, pero el caso es que, a excepción del primer capítulo, no he tenido la sensación de encontrarme ante una serie excepcional, sino de una serie de impecable factura y en el que cada dolar invertido (creo que hasta 20 millones de dólares) puede verse en pantalla. El final de la primera temporada deja abierto todos los interrogantes y un futuro en absoluto esperanzador: es de suponer que, de cara al octubre de 2011, que es cuando se estrenarán los siguientes trece capítulos, se profundizará más en las relaciones entre los supervivientes y se vivirán nuevas situaciones límite.

Por otro lado, hay dos series que me encantaría destacar: Fringe y Sobrenatural. La primera sorprende capítulo a capítulo, con sus guionistas aprovechando las virtudes de una trama llena de posibilidades. Con este nivel me sorprende que la serie esté colgando de un hilo, con la incertidumbre de si será renovada o no. Si este fuera el caso, no estaría mal que sus creadores lo dejaran todo cerrado para evitar la decepción de las preguntas sin resolver. Sobrenatural, en cambio, nos ha sorprendido por la evolución del argumento y de los personajes: comparando los capítulos de la primera temporada con los de esta última, la séptima, cabría la posibilidad de preguntarse si se trata de los mismos protagonistas y cómo han llegado ser así. Además, es una serie que sabe reírse de sí misma (el capítulo en el que sus protagonistas visitan una convención de fans de sus propias aventuras es uno de mis favoritos), restando dramatismo a las historias y añadiendo humor a la lucha entre el bien y el mal.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Asuntos internos

Después de jubilar al inspector Rebus, Ian Rankin ha creado a Malcom Fox, detective del siempre desagradecido departamento de Asuntos Internos. Este es el elemento más original de la novela de Asuntos internos (en inglés, The complaints), que, por lo demás, contiene los ingredientes que hacen de ella una buena novela policiaca: por ejemplo, dos tramas que, a medida que avanzan, tienen más en común de lo que cabría suponer en un principio; personajes bien caracterizados, con evolución interna (algo que se echa mucho de menos); situaciones y escenas bien resueltas y mejor trenzadas, lo que imprime agilidad a una historia que apenas transcurre en una semana. Dos "peros" a la historia: uno, el propio personaje de Malcom Fox que, aunque bien definido y coherente, es bastante prototípico, pues apenas se equivoca en sus acciones, es noble, no duda en romper las reglas para obtener lo que busca, etc. En este sentido prefiero los Bernie Gunther o Charlie Parker, bastante más oscuros y menos complacientes para con el lector. Y, dos, cierta complacencia en una resolución que, aunque no "cogida con pinzas", sí roza cierto grado de inverosimilitud. En resumen, creo que se trata de una buena novela que presenta un nuevo personaje que puede dar mucho de sí, en la que Ian Rankin demuestra que puede atraer a nuevos lectores. Como en mi caso, que me he hecho, via Amazon, con las tres primeras novelas del inspector Rebus: The early years (Knots and crosses, Hide and seek y Tooth and nail).

La sinopsis de Asuntos internos es la siguiente: "Malcolm Fox trabaja en el Departamento de Asuntos Internos, uno de los menos populares de la policía, pues se dedica a erradicar la corrupción en el cuerpo y a investigar a los agentes sospechosos. Es un tipo de mediana edad, gruñón y divorciado. No prueba el alcohol y lleva tirantes. Es constante y muy íntegro en su trabajo, y goza de una inteligencia poco común. Acaba de resolver un caso brillantemente, por lo que debería sentirse satisfecho, pero una situación familiar complicada que se ve incapaz de manejar—su padre está ingresado en una residencia demasiado cara para su sueldo de funcionario, y su hermana convive con un maltratador—hace que no tenga demasiados motivos para alegrarse. El invierno en Edimburgo es especialmente frío, y la recesión económica ha dejado el gris perfil de la ciudad lleno de bloques de pisos a medio construir. A Fox le han asignado un nuevo caso. Se sospecha que un policía llamado Jamie Breck está implicado en una trama de pedofilia por Internet, pero no puede probarse. Los dos hombres, aunque son muy diferentes, entablan una curiosa relación. A medida que avanza en sus pesquisas, Fox intuye que la gravedad del asunto es mayor de lo que había creído en un principio, y que nada, ni siquiera los sospechosos, es lo que parece. La muerte del tipo que vive con su hermana viene a trastornar las cosas y le coloca en el primer plano de la intriga. Con asombro, comprueba que lo que aparentemente no tenía ninguna conexión está estrechamente relacionado."

viernes, 3 de diciembre de 2010

La gran Norah Jones

Hará unos años, durante una época de tránsito, de camino a la boda de A y S, puse en el coche el CD Come away with me. J, de quién hice de chófer, pidió silencio y dijo: "es la gran Norah Jones, un respeto". Admito que, aunque siempre he sentido predilección por esta cantante, por aquello de vincularla a una vida anterior, la he dejado un poco atrás. Hasta ayer. Estando en medio de un atasco, puse su último CD, ...featuring Norah Jones, gentileza de mi jefe - que luego digan, y me quedé prendado con Little Lou, Prophet Jack, Ugly John, que canta junto a Belle & Sebastian. Y no hay canción en el disco que la desmerezca. Hasta le envié un SMS a Emeshing: "Los atascos, con Norah Jones, son menos molestos".