domingo, 18 de abril de 2010

Cena en Casa El Rubio

Que no hay que ir siempre de restaurantes para comer bien lo demostró ayer El Rubio, quién, aprovechando que nuestras respectivas parejas estaban de despedida de soltera, organizó una cena en su casa a la que acudimos Marcus, Emeshing y yo. Así, de primero, obsequió con una ensalada variada con piñones, pasas, vinagre de módeno y chocolate, a la que acompañaron una tabla de quesos y foie y una botella de vino blanco de Costers del Segre. De segundo cayó una riquísima dorada al horno, con patatas, cebolla y tomate, amenizado por un estupendo vino blanco Raimat. Luego, como en el restaurante Embat, fuimos obsquiados con dos postres: fresas con nata y un vaso de cava con fresas. La cena finalizó con un Nespresso y, para Emeshing y El Rubio, una copa de Knockando y Cardhú, respectivamente.

El Rubio no sólo consiguió ofrecer una cena que deberá repetir (cosas que pasan cuando las cosas se hacen bien), sino que, además, logró que el ambiente fuese agradable y distendido: si no nos hubieran invitado a acabar la noche en algún local de la zona, lo más probable es que las conversaciones se hubieran prolongado hasta la madrugada. Y con Gorillaz como invitados de honor. La próxima velada deberán organizarla Emeshing y Adriana, ya que ha confesado en su post que a ellos también se les da bien la buena cocina.

sábado, 17 de abril de 2010

The wire

Escuchar en Spotify la canción Efuge efuge, que cierra la para mí magistral segunda temporada de The Wire, me ha recordado otras escenas memorables, como ésta, del capítulo 4 de la primera temporada, en la que McNulty y "Bunk", investigando la escena de un crimen, sólo llegan a decir la palabra "joder".

viernes, 16 de abril de 2010

Phillip Kerr, Amenábar, traducciones inútiles

Por casualidad descubrí el otro día que el próximo 28 de octubre saldrá a la venta la nueva novela de Phillip Kerr, Field grey. Amazon, por cierto, ya acepta reservas para la séptima aventura del detective Bernie Gunther: no llega al extremo de la segunda parte de El nombre del viento, The wise man's fears, de Patrick Rothfuss, cuya publicación está prevista para el 1 de agosto de 2011, pero casi.
También leí que Alejandro Amenábar ha comprado los derechos de la novela Fin, pero lo que me sorprendió es que el artículo de Fotogramas citara que "la noticia casi se solapa en el tiempo con la traducción al catalán de la novela bajo el titulo de "Fin" (sic)." Otra novela más traducida del castellano al catalán, como si aquí, en Cataluña, tuviéramos la necesidad de que nos traduzcan algo de un idioma que ya dominamos. Puedo entender que, como ejercicio de estilo, uno se plantee pasar al catalán el Quijote o Cien años de soledad, pero ni Fin, ni las novelas de Julia Navarro o Pérez-Reverte con su españolísimo Alatriste, por citar algunos, deberían haber sido traducidos. Lo que me lleva a pensar que detrás de estas absurdas e inútiles ediciones literarias no hay más que una política de editar, cobrar la subvención y trinchar libros que difícilmente llegarán a venderse. Y todo bajo la bandera de la inmersión lingüística e inmersión cultural. Ya podrían dedicar ese dinero para traducir a otros autores, como Marcel Beyer, entre muchísimos otros.

jueves, 15 de abril de 2010

Fin

Agradibilísima sorpresa la de Fin, la primera novela (y espero que no sea la última) de David Monteagudo. Una gran alegría: me ha atrapado desde la primera línea, no he podido desengancharme de la historia, provocándome más de un momento de tensión, de nervios, de querer saber cómo se resolverá ésta o esa situación; y todo creado partir de una escritura trabajada, rica, ágil, fluída y llena de matices, de contrapuntos, de cambios de punto de vista. Para disfrutar tanto a nivel estilístico o argumental.

Como no quiero desvelar ninguna sorpresa de la trama, prefiero ceñirme a un breve resumen que he encontrado en la crítica de la revista Qué leer: "Un grupo de amigos se reúne tras un largo periodo de poco contacto para rememorar la noche que vivieron en un refugio de montaña quince años atrás. Algunos van con parejas y otros solos, pero falta uno de ellos, aquél al que llamaban El Profeta por su moral católica. Por la noche, tras un inesperado apagón, ven que las estrellas lucen más brillantes que nunca. Por la mañana uno de ellos ha desaparecido. No será el último". Y recuperar un acertadísimo comentario de Berto Romero: "Prefiero que quien siga mi recomendación se entregue a él libremente, sin saber qué se va a encontrar. Misterio y algo de ciencia ficción. Acción, emoción y desasosiego. ¿Alguien se apunta?"

Hasta el momento, la mejor novela que he leído este 2010. Para recomendar y regalar... exigiendo su lectura y posterior comentario y reflexión, Fin no se merece menos.

domingo, 11 de abril de 2010

Restaurante Txapela

Para celebrar que unos compañeros "habían pasado a mejor vida" en otras empresas, se organizó una cena de despedida en el restaurante Txapela, uno de esos locales pensados más para el turista que no para el usuario local. Por este motivo más de uno puso en duda la elección del local, pero como de lo que se trataba era de pasar un rato agradable con los compañeros más que disfrutar de la comida, las objeciones no pasaron a mayores. Viendo cómo transcurrió la noche, ahora sabemos que debimos haber escogido otro local.

Aunque la reserva estaba prevista para las 22h, entramos en el local 35 minutos más tarde. El encargado del restaurante calmaba los ánimos con frases tipo "están pagando / falta un minuto / hay una familia en la mesa a la que no puedo echar / falta un minuto / ahora ya salen / etc". Finalmente entramos justo cuando tres de nosotros emprendíamos la marcha hacia El Mussol, otro restaurante especializado en cenas para grupos. Al entrar llegó otra sorpresa, porque nos ubicaron aún faltando una mesa por despejarse: el resultado fue que los 14 estuvimos sentados durante diez minutos (!!) en un espacio pensado para 10.
La cena consistió en 8 pinchos, dos de los cuales, la verdad sea dicha, no estuvieron del todo mal: el de solomillo y el de sepia relajaron el ambiente, pero no así el de tortilla, por ejemplo, una copia barata de la tortilla prefabricada del Mercadona. Siguendo la tónica de la noche, los postres fueron "humildes", pero no así la factura, que obligó al desembolso de 24 euros por persona. Más que ofrecer los pinchos los clavan. Para no volver ni recomendar.
Lo mejor llegó al día siguiente, con una comida con la familia en el Recasens: caras conocidas, ambiente agradable, comida siempre más que correcta, tiramisú espléndido y un vino que seguramente seguirá dando muchas más alegrías: Miranda de Secastilla (2006).

viernes, 9 de abril de 2010

El asedio

Admito que cuando me llamaron y me dieron a escoger entre Donna Leon y su Cuestión de fe y el último Pérez Reverte, me decanté por este último porque, en algún lugar, había leído que merecía la pena penetrar en sus más de 700 páginas para descubrir cómo se vivía en el Cádiz de 1810. "Es un rollo, pero tú sabrás", me advirtieron. En mi voluntad pesó más recuperar a un escritor al que le había perdido la pista desde La carta esférica... merecidamente, por lo que he visto.

En la web del autor puede leerse la sinopsis de El asedio: "Cádiz, 1811. España lucha por su independencia mientras América lo hace por la suya. En las calles de la ciudad más liberal de Europa se libran batallas de otra índole. Mujeres jóvenes aparecen desolladas a latigazos. En cada lugar, antes del hallazgo del cadáver, ha caído una bomba francesa. Eso traza sobre la ciudad un mapa superpuesto y siniestro: un complejo tablero de ajedrez donde la mano de un jugador oculto —un asesino despiadado, el azar, las curvas de artillería, la dirección de los vientos, el cálculo de probabilidades— mueve piezas que deciden el destino de los protagonistas: un policía corrupto y brutal, la heredera de una importante casa comercial gaditana, un capitán corsario de pocos escrúpulos, un taxidermista misántropo y espía, un enternecedor guerrillero de las salinas y un excéntrico artillero a quien las guerras importan menos que resolver el problema técnico del corto alcance de sus obuses. El asedio narra el pulso asombroso de un mundo que pudo ser y no fue. El fin de una época y unos personajes condenados por la Historia, sentenciados a un vida que, como la ciudad que los alberga —una Cádiz equívoca, enigmática, sólo en apariencia luminosa y blanca—, nunca volverá a ser la misma".

Además de encontrarnos con personajes planos (que uno u otro se enamoren no implica una evolución si su comportamiento no cambia), las detalladísimas y casi exasperantes descripciones o recreaciones de la ciudad, sus costumbres o la vida política, por ejemplo, lastran una historia que, según va progresando, descubrimos que carece de mucho interés. Más que descripciones parecen cuadros o dioramas. Además, la trama policiaca y su resolución me han parecido correctas, pero no así saber quién es el asesino: apenas hay indicios en la novela que puedan justificar la decisión final, pero parece que tampoco importe. Finalmente, me ha parecido abusivo el uso del lenguaje marítimo, que impide al lector "medio" (o aquel no está acostumbrado a él) entender mejor el devenir de la narración. Lo bueno de El asedio, por otro lado, es justamente el dominio del lenguaje que tiene Pérez-Reverte, que consigue que el lector no abandone la lectura pasadas las primeras cien páginas: me recordó sobremanera a Muñoz Molina.

En definitiva, se trata de un libro para leer sosegadamente, para degustar las miles de descripciones que ofrece el autor. Pero si lo que uno quiere es disfrutar de una buena historia, va a ser que no. Para eso ya están Lorenzo Silva o Félix. J. Palma, entre muchos otros.

martes, 6 de abril de 2010

Nuevo gadget

Durante la cena del viernes pasado le comenté a Roenick y Saga que estaba planteándome comprar un mediacenter para la televisión, pues últimamente estaba teniendo problemas con el visionado mediante DVD. Roenick me recomendó su Western Digital ("ya te pasaré el modelo"), mientras que Saga, normalmente parco en palabras, elogió su Lacie: entre otras cosas, dijo que "es muy funcional, lleva todos los cables necesarios (incluído HDMI), puedes conectarte via wifi y, además tiene un buen diseño". ¿El precio? "Pues debe rondar unos 200 euros, más o menos, lo vi en el Fnac de Callao".

A la mañana siguiente, superada una incipiente resaca, decidimos dar una vuelta por el centro de Barcelona para acabar, oh sorpresa, en el Fnac. El motivo: ver si tenían el mediacenter recomendado por Saga y descubrir su coste, ya que en la web oficial de Lacie el aparato sale por casi 240 euros. Pero cual fue mi sorpresa al ver que el precio era de 189 euros, así que me hice con él antes de que mi conciencia, bastante reticente a este tipo de dispendios, pudiera decir algo - supongo que la resaca tuvo algo que ver con esto.

A la mañana siguiente me puse manos a la obra y monté el aparato: una vez ajustado la resolución de la pantalla probé a ver los primeros videos mediante dispositivo externo, con resultado espléndido. Así pues, pasé, via USB, el stock para poder empezar a degustar las series en máxima resolución y sin moverme del sofá. Desde allí, además, una vez configurado la conexión ethernet y wifi (via smb) logré pasar algunos ficheros al mediacenter sin recurrir a más cables. Una maravilla, oiga. Sólo me queda probarlo con ficheros mkv, pero, como le he comentado a Roenick, no creo que me falle. Más información sobre el mediacenter de Lacie, aquí.

Eso sí, durante la hora de la comida T me ha comentado que a él ya se le han muerto dos dispositivos iguales (no de Lacie), "se jode el disco duro y no hay huevos de recuperar datos. Una putada. Haz copias o sufre, como yo, las consecuencias". Como para no tenerle en cuenta.

jueves, 1 de abril de 2010

Detalle de la Editorial Destino

Hará unos meses me di de alta en la web de Bevilacqua y Chamorro para recibir información sobre su nueva novela, La estrategia del agua. El pasado 3 de marzo, un día antes de su publicación, recibí un correo de la Editorial Destino que incluía un enlace para descargar el primer capítulo y la frase, marcada en rojo, "en breve recibirás en tu domicilio un ejemplar de la novela". Grata sorpresa, pues. Fueron pasando los días, me prestaron el libro que devoré con ansia y alegría, y, sinceramente, di por perdido el ejemplar prometido. Pero cual fue mi alegría al llegar a casa y encontrar un aviso de correos en mi buzón, había un paquete para mi de la Editorial Planeta: el famoso ejemplar de La estrategia del agua que ahora comparte estantería con el resto de historias de Bevilacqua y Chamorro. Un (gran) punto a favor para la Editorial Destino, eso de enviar la novela: no sólo publican buenas historias, además tienen detalles para con sus lectores.