lunes, 29 de marzo de 2010

¿Para eso talan árboles?

De Joan Lluís-Lluís siempre me ha gustado lo que he leído, tanto las novelas El crim de l'escriptor cansat y El dia de l'ós como el ensayo Conversa amb el meu gos sobre França i els francesos. Ahora bien, el otro día, buscando en el FNAC alguna novela que despertara mi interés (cayó Fin, de David Monteagudo), me topé con su último libro, Xocolata desfeta (Excercicis d'espill), donde "narra de 123 formas diferentes un incidente en la calle Petritxol" (El Periodico de Catalunya).

Lo que para algunos será un ejercicio de estilo o una vuelta de tuerca más al mundo de la narratología, a mi me parece una inmensa broma literaria. No niego que el juego que presenta el autor pueda resultar curioso, pero de ahí a pretender que alguien pague 17 euros por leer 123 veces la misma historia, me parece excesivo, por mucho que se hagan homenajes varios o se imite maravillosamente bien el estilo de Mossén Cinto Verdaguer, entre otros. Aunque alguien habrá quién pague, claro. Es como si los Pinker Tones sacaran un disco con 123 variaciones sobre la misma canción: una ofensa, directamente. Aquí, unos ejemplos de los diferentes estilos que se muestran en Xocolata desfeta. A la blogger le tocó el libro en un concurso, por cierto.

jueves, 25 de marzo de 2010

La estrategia del agua

Con Lorenzo Silva me pasa lo mismo que con John Connolly: sus novelas son tan buenas que las devoro con ansia, por lo que, una vez las acabo, me quedo con la desoladora sensación de saber que pasará bastante tiempo (en el caso de Connolly, algo así como un año; con Silva siempre toca esperar más) antes de volver a disfrutar de sus lecturas. Una pena, aunque justamente ese detalle me permite regodearme más, si cabe, en cada una de sus páginas.

La estrategia del agua me ha parecido un libro estupendo, muy en la línea de las novelas de Bevilacqua y Chamorro. A destacar: el autor deja de lado las diatribas intrínsecas del narrador y se centra en una trama que abarca bastante más de lo que aparenta, lo que, a diferencia de La reina en el espejo, otorga mucha fluidez al desarrollo y resolución de la historia: aquí los diálogos casi encadenados juegan un papel muy destacado. Por otro lado, aparecen dos personajes nuevos, el guardia Juan Arnau y la cabo Salgado, quienes inevitablemente restan protagonismo a Chamorro, personaje que se merecería una novela propia. Lo único que me ha decepcionado es el abuso que se hace de un recurso policial (no quiero desvelar nada de la novela) que sirve de guía a los policías para desentrañar el misterio: no es que lastre la historia, pero si parece un recurso mañido para salir del paso. Y nada más... Si acaso, pequeños "peros" minúsculos que no emborronan una más que digna continuación de las historias de Bevilacqua y Chamorro. Ahora sólo queda rogar que Lorenzo Silva no vuelva a tardar cinco largos años antes de volver a estos personajes.

viernes, 19 de marzo de 2010

Acabando bien la semana laboral

Para paliar la decepción que han supuesto las lecturas de Arnaldur Indridason (La voz, correcta historia policiaca, no entiendo el porqué de tan buenas críticas, si no contiene elementos muy destacables) y Clara Sánchez (Lo que esconde tu nombre, que arranca estupendamente, con un planteamiento que puede dar mucho de sí, pero que pierde intensidad y, lo peor, interés, a medida que la autora va complicando innecesariamente la trama y emborronando personajes, con lo que no queda más remedio acabar la novela por piedad y con la esperanza de encontrar algo que ofrezca algo nuevo que no acaba de llegar), y también para dejar atrás una semana trasteando Windows 7, nada mejor que inundar la oficina con la alegría de Delafe y las Flores, Espíritu Santo: "...y fue entonces cuando empezó el día, y sonaron las Trompetas de la Muerte y la gente se puso a bailar".

domingo, 14 de marzo de 2010

Can Costa

La tía K venía de Alemania, por lo que debíamos buscar un restaurante que cumpliera ciertos requisitos: ubicado en el centro de Barcelona o Barceloneta, que no fuera muy caro pero tampoco excesivamente barato, que la comida primara sobre la decoración y que el ambiente fuera agradable. Así llegamos a la conclusión que el sitio escogido sería Can Costa, donde estuve a mediados de enero con S.

De primero, para compartir, un plato de navajas y otro de pescadito frito, ambos estupendos; de segundo, merluza y rape a la vasca, y merluza a la plancha, de los que apenas dejamos los recipientes, todo ello en perfecta sintonía con un Sumarroca Muscat. Puedo dar fe que mi merluza a la plancha casi obligaba a olvidar el decoro y las buenas formas para abalanzarme sobre él y devorarlo en pocos bocados: supongo que la educación alemana frenó las mismas ansias para con los platos "a la vasca". Los postres, flan de la casa con nata y una crema catalana, tampoco desentonaron, lo que redondeó una comida de la que salimos más que satisfechos. Para recomendar y volver.

sábado, 13 de marzo de 2010

Restaurante Nomo

Este lunes pasado Roenick me comentó que J, actualmente compañero suyo de trabajo, pero que hará unos años compartió escritorio conmigo en otra empresa, le había recomendado enfatizadamente un restaurante japonés de Gracia, el Nomo, mejor que el Kibuka donde debían probarse "unos yakishoba, y de segundo algún surtido a compartor de otro que maqkis, (...) acompañado con un Sumarroca Muscat". Así que Roenick se puso manos a la obra y organizó una cena para el viernes por la noche, a la que asistimos Emeshing, Adriana, E, Roenick, M y yo.

Nos dieron a escoger entre tres menús para grupos, del que escogimos el de 35 euros por persona, que incluyó Tataki de buey con salsa de mostaza, Hotate maguro no tartar (tartar de atún y viera con aguacate), Tempura no moriawase (tempura variada de verduras y langostinos), Omu Yokisoba (tallarines de solomillo y verduras), Foie no terayaki roll (futomaki de foie), Tataki de atún de crema de aguacate, Spicy tuna roll (futomaki de atún con salsa picante) y Sushi to sashimi moriawase (variado de makis, nigris y sashimi). De postre, tarta de chocolate y mouse de yuzu y un chupito de licor de ¿ciruela?. Para beber, vino de la casa, siendo el blanco el Duc de Foix (D.O. Penedés) y, el tinto, Catania joven (D.O. Ribera del Duero). No tomamos café porque no había, sólo disponen de infusiones.

La sensación general fue más que buena, raciones generosas y comida sabrosa, además de disfrutar de una mesa circular para los seis, como si se tratara de una especie de reservado. aunque quizá si hubiéramos estado en una mesa que da directamente al pasillo no hubiéramos salido tan satisfechos. Además, la idea fue que comimos mejor que en el Kibuka, pero no sé yo si allí, en vez de decantarnos por el menú de 22 euros (más bebidas la cosa quedó en unos 27), lo hubiéramos hecho por el de 29, la percepción seria la misma. Pero como una cosa no quita la otra, no nos importaría repetir en el Nomo, sólo sea para probar las recomendaciones de J.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Palabra de Emeshing

Aunque un servidor no tuvo problema alguno en regresar a casa durante el temporal de nieve (cogí la única línea de tren que funcionaba, luego el metro tampoco andaba demasiado lleno), no puedo evitar referirme al post de Emeshing, 4 copos y se colapsa todo. Luego dirán los políticos que no podía preveerse, que fue algo como otra ciclogénesis perfecta con nieve, que qué culpa tienen ellos que se colapsen las rondas, etc... Excusas. Supongo que en el Parlament de Catalunya habrá algún que otro debate de cara a la galería, se soltarán cuatro improperios y luego todo seguirá igual. Me pregunto si, por ejemplo, mi jefe, que salió del trabajo a las 16:30h y llegó a casa a las 22:00h, o Lauree, que marchó a las 14:50h y llegó 7h (!!) más tarde a casa podrían subir al estrado y opinar sobre la prevención, el caos, la gente durmiendo en sus coches en la autopista, la actuación de las autoridades... Lo mejor, eso sí, para el día siguiente: con los coches abandonados en zona de carga y descarga las grúas municipales se dedicaron a lo que mejor saben: recaudar dinero retirando los vehículos mal aparcados (aunque luego rectificaron). Con dos cojones.

domingo, 7 de marzo de 2010

... y luego me preguntan porqué recomiendo el Embat.

Paseo por El Born y comida con M en el Little Italy, restaurante del que guardábamos un buen recuerdo. Me sorprendo con el hecho que, justo después de sentarnos nosotros llegue una pareja, conocida del maître, a la que se le ofrezca la posibilidad de colgar los abrigos en un perchero, mientras que los nuestros siguen en el respaldo de las sillas. nos toman nota, escogemos, de primero, "block de foie con cebolla y manzana caramelizadas" y "risotto clásico de ceps y queso parmesano" y, de segundo, "solomillo de canguro con chutney de mango y salsa demi glace" y "atún parrilla con verduras de temporada y escabeche". Para beber, agua y una botella de Lambrusco, al haber escogido tanto carne como pescado nos decantamos por una solución intermedia. Me vuelvo a sorprender con que a la otra pareja se les comente que, además, hay platos fuera de carta. Empiezo a pensar que deben ser muy amigos del maître, pero no, al resto de comensales que llegan al restaurante también se les ofrece esos platos del día. Pues nada, un descuido, pensamos.

Entre plato y plato nos retiran el denominado "servicio de pan", es decir, el mini-panecillo de pan con tomate, o aceitunas, o cebolla, etc. M y yo nos miramos y pensamos que nos lo traeran con el segundo plato, ya que hemos visto como a la mesa de al lado les han ofrecido más pan. Pero llegan las raciones y no nos acordamos del pan, básicamente porque se han tomado con calma eso de servirnos (otra vez, a la otra pareja la sirvieron antes) y, el apetito se impone sobre el raciocinio y al fin y al cabo, no hay que darle más importancia, se trata de un pequeño complemento. Por lo que se refiere a la comida, en mi caso, el risotto estaba bastante bueno, pero me decepciona sobremanera el atún: en algunos momentos demasiado salado (lo que, por otro lado, me sirvió de excusa para ir finiquitando el lambrusco) y, en otras, el limón anula cualquier otro sabor. M, en cambio, está muy contenta con la comida e insta a que vaya picando de sus platos.

Finalmente decidimos saltarnos el postre y los cafés y pedimos la cuenta. Son asi 40 euros por persona. Pagar 4 euros por el "servicio de pan" es abusivo, lo que, añadido a los pequeños detalles, hace que no estemos muy contentos, que digamos. Luego me preguntan porqué siempre recomiendo lugares como el Embat, donde por un poquito más se disfruta comiendo (postre y café inclusive). O Can Costa. O el Nexes. O el Recasens. O el Santa Maria. O...

martes, 2 de marzo de 2010

Homes i dones del cap dret

En el trabajo escuchamos RAC105 desde las ocho y media de la mañana hasta que nos vamos, normalmente hacia las siete de la tarde. La música es más variada que en otras emisores (apenas aguantamos dos días con Kiss FM -los ejecutores de Radio Club 25- y Europa FM, por ejemplo) y su despertador, el excelente Fricandó matiner, consigue levantar más de una sonrisa cuando el café apenas ha hecho efecto. Por aquello de la obligatoriedad de tener que emitir música en catalán, cada hora escuchamos alguna canción en ese idioma, como por ejemplo de La puerta de los sueños, Sidonie & Love of Lesbian, Sopa de Cabra, Pep Sala, Manel y Quimi Portet. Estos dos últimos suelen conllevar comentarios jocosos, hasta el punto que T, cuando se mudó a otro despacho, dijo que "lo único que echaré de menos es el estribillo de "al mar, al maaaaaar" de los Manueles esos". Lo mismo pasaba en un principio con Homes i dones del cap dret, de Quimi Portet: la diferencia estriba en que, con el paso de los meses, se ha convertido en algo como un himno departamental: los días que no la hemos escuchado es como si nos faltara algo. Y eso que la canción no es muy comercial, que digamos - al igual que el vídeo, que invita a cerrar los ojos y quedarse con la melodía y la letra.