domingo, 31 de enero de 2010

Tour gastronómico: Can Flores

Desde ayer, las próximas semanas se presentan llenas de compromisos y celebraciones, en las que visitas a diferentes restaurantes han sido confirmadas: de entrada, aparecen en nuestras agendas Can Flores, Embat, Can Borrell y Maur. Suerte que no todos los gastos saldrán de mi bolsillo, sinceramente.

La última vez que estuvimos en Can Flores fue en julio del año pasado, donde tradicionalmente nos reunimos un grupo de amigos y aprovechamos para degustar una estupenda paella. Ayer los padres de M nos invitaron a comer, todo un detalle. De primero pedimos unos mejillones al vapor que resultaron estar más bien sosos y fríos, aunque esta decepción desapareció al llegar la paella Can Flores. El primer plato estaba estupendo; luego, al repetir ración, con el arroz ya reposado y el sabor de los demás ingredientes integrado, la comida tomó un cariz excelente, obligándome a repetir una tercera vez. Destacaré, además, la generosidad de los ingredientes: mejillones, almejas, gambas y cigalas sobresalen tanto por la cantidad y calidad. Aún tuvimos hueco para el postre, pastelería sobria y en su punto que no desmereció la paella.

Si olvidamos el desliz menor de los mejillones, al fin y al cabo fuimos a comer paella, puedo resumir nuestra experiencia en una sola palabra: volveremos.

miércoles, 27 de enero de 2010

Talking it over

Fue S quién, hará ya unos cuantos muchos meses, me recomendó leer a Julian Barnes, en concreto Una historia del mundo en diez capítulos y medio. Inmediatamente coincidí con él en que se trataba uno de los Grandes Escritores, de los que había que leer de vez en cuando, y quizá incluso en su lengua original, aún intuyendo que no debería ser fácil. El otro día, aprovechando que tenía algo de tiempo libre, me compré en La Central la novela Talking it over (Hablando del asunto, Anagrama), guiado únicamente por la primera frase: "My name is Stuart and I remember everything".

Otra grandísima novela, de las que me hacen pensar que los 10 euros de la compra han estado muy bien invertidos. En Talking it over no encontramos una narración al uso, son los propios personajes quienes, por separado, explican cronológicamente al narrador (o, en su defecto, al lector) su visión acerca de los hechos que, sin duda, dirigen sus vidas. Lo que empieza siendo una novela divertida, llena de ilusiones e ingenuidad, deriva en un drama oscuro, cruel. Y eso que, al leerlo en inglés, me habré perdido parte de sus chistes y frases de doble sentido. Es igual, algo me dice que Talking it over tendrá, tarde o temprano, una relectura.
Sinopsis, según Anagrama: "Stuart y Gillian se conocen en una reunión organizada en un hotel por una agencia matrimonial que organiza cócteles para solteros de buena posición que, por diversas circunstancias, tienen una escasa vida social. Stuart es un cuadro medio de un banco, un buen chico, sensible aunque algo soso, y Gillian una restauradora de cuadros encantadora. Se casarán, pero entra en escena Oliver, el mejor amigo de Stuart, bohemio y presunto dandy, que se las da de conocer mundo aunque no ha pasado de Marbella, quien se enamora perdidamente de Gillian. Y Barnes obsequia a los lectores con su moderna versión del triángulo eterno. Pero, claro está, todas las historias son antiguas y del genio de un escritor depende la novedad de la versión. Y Julian Barnes, con su fascinante versatilidad, nos ofrece en los monólogos de los tres vértices del triángulo y de algunos actores secundarios, pero no menores, una versión irónica, despiadada y compasiva a un tiempo, resplandeciente y con tantas facetas como un diamante, de los usos y costumbres sociales, sexuales, verbales y amorosos de nuestros contemporáneos".

lunes, 25 de enero de 2010

The last of the melting snow

Sigo dándole vueltas al conciertazo del jueves pasado. Otro ejemplo de lo que pudimos disfrutar casi en intimidad: fuimos unos privilegiados.

domingo, 24 de enero de 2010

Invisible

La última novela de Paul Auster, Invisible, me ha dejado bastante desconcertado. No tanto por la trama, la narración desde tres puntos de vista diferentes de unos intensísimos meses en la vida de una persona llamada Adam Walker, sino por no entender su leit motiv, saber qué es lo que el autor ha querido explicar. Debo pensar que lo que cuenta no es tanto la historia (aún siendo interesante y estar estupendamente escrita, obviamente: por algo Auster es un escritor descomunal) como por el uso de varios punto de vista para explicarla, al que habría que incluír un cuarto nivel, el del lector que debe sacar sus propias conclusiones.
En la web de Anagrama se encuentra la sinopsis: "En 1967, Adam Walker, un joven poeta ávido de vida y literatura, estudia en la Universidad de Columbia, se opone a la guerra de Vietnam y es muy apuesto. Una noche, en una fiesta de estudiantes, conoce a una pareja de franceses sofisticados, Rudolf y Margot. Tras varios días en que ambos ejercen su ambigua seducción sobre el inocente americano, Rudolf, le ofrece a Adam la dirección de una revista literaria que él financiará. Adam ya sospecha que quizá el profesor sea un hombre peligroso, pero no puede resistirse a su oferta. Y tampoco se resistirá a la insinuante Margot... Pero, en estos juegos peligrosos, ¿quién es la presa y quién el cazador?" Y, aquí, gentileza de El País, las primeras 20 páginas de la novela.

viernes, 22 de enero de 2010

Can Costa y Leisure society

Llamo a S para confirmar nuestra cena muchachada en Can Costa, recomendado por Saga, Emeshing y Roenick: "Oye, después podríamos ir a ver a Leisure Society, tengo invitaciones", añade. Pregunto quienes son. "Pues un grupo magnífico que los Manel deberían tomar como referencia". Una rápida escucha via Spotify me confirma que se trata de un grupo excepcional, a medio camino entre Kings of Convenience y Peter, Paul & Mary: folk intimista, (??) lleno de vitalidad.
La cena en Can Costa: de primero, unos calamaras a la romana correctos y unas navajas más que estupendas; de segundo, un rape a la vasca que obliga a la gula y a dejar el plato impoluto; finalmente, los postres, un café irlandés generoso y una crema catalana prescindible redondean una cena más que estupenda. Y, como siempre, lo mejor es la compañía de S, con quien compartir una cena es todo un ejercicio de generosidad.
Llegamos a Sidecar a las diez en punto, la hora prevista para el inicio del concierto. Eso sí, nada más llegar M, amigo inglés de S, nos avisa que "they haven't opened the doors yet". Toca tomar un cerveza y compartir anécdotas y risas. Con casi 40 minutos de retraso empieza el concierto: apenas reconozco alguna de otra canción, pero no hay ninguna que decepcione, que no imponga un silencio ni que consiga arrancar muchos aplausos. Igual no hay más de cien personas en la sala, lo que, además, provoca sensación de intimidad y proximidad. 50 minutos de concierto y debo retirarme, el cansancio acumulado de la semana y la obligación de madrugar hacen que me vaya. S se queda. Me sabe mal, difícilmente volveré a disfrutar de un concierto tan estupendo. Son de puta madre, qué cojones.

domingo, 17 de enero de 2010

El nombre del viento

"He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos. Quizá hayas oído hablar de mí". No soy aficionado al género fantástico, pero admito que estas frases de la contraportada de El nombre del viento, de Patrick Rothfuss, despertaron algo más que mi curiosidad. Luego llegué a la crítica de El confidencial, en la que se destacaba que "cuenta una historia de magia, pero que no tiene nada que ver con varitas mágicas ni rayos que salen de los dedos. Tiene que ver con las palabras, con los nombres de las cosas. Es una magia creíble, porque a pesar de todo Kvothe, el protagonista, vive en un mundo racional". Así que, aprovechando las fiestas navideñas, aproveché para que me lo regalaran, aún con la sensación de que, quizá, no pasaria de la página 100.

Las primeras páginas no me entusiasmaron, quizá me esperaba algo más parecido al Señor de los anillos, cuando lo que estaba leyendo se acercaba a más que correctos relatos costumbristas. la acción transcurría en una una posada, a un personaje llamado El Cronista le robaban el dinero... Poco a poco esta sensación fue desvaneciendo y, sin saberlo, ya estaba de lleno en la historia de Kvothe, queriendo saber cómo se forjó una leyenda en un mundo en absoluto alejado del nuestro. Y me he quedado con las ganas de saber más, porque El nombre del viento es la primera parte de una trilogía que aún debe dar mucho más de sí y cuyas casi primeras 900 páginas apenas me han servido de aperitivo. Son muchas sus virtudes, muchas escenas que deben tenerse en cuenta y revisionadas. Como pasa en estas ocasiones, las expectativas para las continuaciones son altísimas.

Esas mismas casi 900 páginas, y pensar que luego llegarán unas 2000 páginas más, aproximadamente, hacen que no considere la magnífica El nombre del viento como un libro a tener en cuenta para futuros regalos: para eso ya está El mapa del tiempo.

It's a hard life

Llevo con It's a hard life desde hace unos cuantos días, cuando la escuché en el coche volviendo del trabajo. El vídeo que acompaña la canción la desmerece sobremanera (me ha recordado un poco a la última "perla" de Robbie Williams); una verdadera lástima, porque se trata de una temazo que no debería haber olvidado.

lunes, 11 de enero de 2010

El veredicto

La segunda lectura del año ha supuesto la primera decepción, por lo que, de momento, llevo una de cal y otra de arena. Se trata de El veredicto, la última novela de Michael Connelly, creador del detective Harry Bosch, del que he leído unas cuantas historias: Eco negro, Hielo Negro, Echo Park, El observatorio... La trama es la siguiente: "El abogado Mickey Haller hereda los casos de un compañero, Jerry Vincent, cuando éste aparece asesinado en su coche. Uno de ellos requiere su atención inmediata: la defensa de Walter Elliot, un conocido magnate de cine y dueño de un estudio de Hollywood, acusado de matar a tiros a su esposa y a su presunto amante tras sorprenderlos juntos en una de sus casas, en la playa de Malibú. El suceso, con su llamativo cóctel de fama y sexo, aparece diariamente en los medios de comunicación, que ven el doble homicidio como una réplica del famoso caso de O.J. Simpson. El asesinato del primer abogado de Elliot, Jerry Vincent, aumenta aún más la atención mediática" (gracias Crucedecables).

La trama se asemeja más a una copia de John Grisham que no a una historia policiaca al uso (algo que agradecería Emeshing), en la que el rol de Harry Bosch se limita básicamente a ser un comparsa en una historia que, como suele ser habitual, arranca estupendamente y luego da la impresión de acabar abruptamente, como si el autor se hubiera encontrado en una encrucijada y no supiera cómo salir del embrollo. Además, Connelly se entretiene sobremanera con el juicio y los aspectos jurídicos de la investigación, avanzando la trama a trompicones. Por no hablar de la resolución en sí, casi rozando el "método Wallander": la casualidad por encima de la deducción. Luego, los personajes son planos, típicos y previsibles. Un ejemplo: el protagonista (un abogado que ha pasado un año alejado de los tribunales por su adicción a las drogas) casi debe ser beatificado por su sentido de la justicia y su sagaz sentido deductivo. Y algunos de los díalogos, con situaciones dramáticamente forzadas, exclamaciones y frases hechas, consiguen hacer una esbozar una sonrisa en el lector. Como diría Roenick: "Buffff"...

Como divertimento El veredicto podría ser peor, al fin y al cabo entretiene. Así que, siendo benévolo, lo consideraré un Connelly menor. Recomendada para el verano o para esas tardes de Semana Santa en las que no hay nada que hacer.

martes, 5 de enero de 2010

El mapa del tiempo

Acabo de finalizar la gran novela de Felix J. Palma El mapa del tiempo: no puedo concebir una manera mejor de empezar mi año literario. Hacía muchísimo tiempo que un libro de narrativa castellana no me absorbía tanto ni generaba tantos elogios en mi cabeza. La recomendación de Berto Romero resume perfectamente lo que pienso: "(...) No os voy a destripar nada del argumento. Es una novela cojonuda, de las que permanecen dentro de tu cabeza mucho tiempo. Magnífica, emocionante, sensible, divertida y llenísima de amor por la literatura". Un novelón, vamos.

En Facebook

Un conocido mío ha ido informando puntualmente en Facebook sobre la enfermedad, defunción y entierro de su padre. Empezó con un "En urgencias: a mi padre le ha dado un infarto", luego llegó "Mi padre ha muerto, DEP" y, ayer, pasado el primer dolor y concretado burocráticamente el último adiós, el lugar y la hora del sepelio. Supongo que, con el tiempo, ir anunciando en las redes sociales enfermedades, decesos o cualquier mala noticia será habitual, pero, a día de hoy, no puedo dejar de admitir que me ha sorprendido ver estas informaciones junto con "X se ha hecho fan de Y" o "X ha encontrado un gatito abandonado en Farmville". Hubiese preferido enterarme del fallecimiento por algún conocido común o por las necrológicas de La Vanguardia. Pero claro, si en Facebook se anuncian bodas, bautizos, comuniones, embarazos y se exponen ecografías, ¿por qué no dar parte también de muertes, enfermedades u otras desgracias?