jueves, 31 de diciembre de 2009

El último del 2009

Se acaba otro año y toca celebrarlo con música. Anteriormente lo hice con Beatles y Beach Boys, esta vez toca algo mucho más tranquilo y, lamentablemente, menos celebrado: los maestros Kings of convenience y su Winning a battle, losing the war del disco Quiet is the new loud.


martes, 29 de diciembre de 2009

El acierto de Emeshing

A principios de diciembre Emeshing y yo recibimos un correo electrónico de Oriol, quién, antes de su inminente traslado a Londres en enero (molta sort!!), iba a pasar unos días con sus familiares y amigos en Barcelona, por lo que nos preguntaba si podríamos organizar una cena de reencuentro. Después de un breve intercambio de correos, en los que barajamos la posibilidad de ir al Rojo y negro, Emeshing nos convenció de ir a L'Olivé: "Se come muy bien, es de esos sitios en los que sólo puedes salir satisfecho", creo recordar que dijo, así que reservó para el lunes 28 por la noche.

Pocas cenas recuerdo con tan buen ambiente y excelente comida: por lo que respecta a M y a mí, la brandada de bacalao, el rape a la plancha, el foie de pato y el tartar de atún estaban deliciosos y estupendamente acompañados por un Gotim Bru de Castell del Remei y un viñas del vero, denominación de origen Somontano, complementarios (aunque Emeshing insistió en un Terrasses). No salimos del restaurante haciendo la ola, aunque la ocasión lo hubiese requerido. El único pero estuvo en el precio, por encima de lo esperado: lo que nos reafirmó en la veracidad del dicho: "sarna con gusto, no pica".

Redondeamos la velada en Le gens que j'aime, local recomendado (muy a mi pesar) incluso por Gwyneth Paltrow, su decoración intimista y modernista merece (más de) una visita. Emeshing, Adriana, Oriol y E, que no lo conocían, quedaron muy gratamente sorprendidos: otro motivo para repetir una noche para el recuerdo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

De lecturas en el año 2009

Se acaba el año y es hora de hacer balance a nivel de lecturas, no creo que después de Lo mejor que le puede pasar un cruasán, de Pablo Tusset, me de tiempo a leer otra novela. En total han sido 65 libros que, con contadas excepciones, me han reconfortado, haciendo de la lectura un rato agradable.
Como imprescindibles definiria los seis títulos de las aventuras de Bernie Gunther, creado por Philip Kerr, con especial mención a If the dead rise not, que considero la mejor novela del año. Luego, la pentalogía de Thomas Ripley, de Patricia Higsmith; Soy Leyenda, de Richard Matheson; The lovers, de John Connolly; El quinto en discordia, de Robertson Davies y Sólo una muerte en Lisboa, de Robert Wilson. Luego hay toda una ristra de títulos que, por un motivo u otro, son recomendables, pero no me han dejado huella: Bloodshot, de Stuart McBride; El halcón maltés, de Dashiell Hammett; Anatomia de un instante, de Javier Cercas y City of thieves, de David Benioff. Finalmente están aquellas novelas que no deberían debería haber leído: Die Erfindung des Abschieds, de Friedrich Ani (novela predeciblísima, con personajes acartonados y protipicos; situaciones tan absurdas como improbables, etc); Las calles de nuestros padres, de Francisco González Ledesma (antigua, no ha superado el paso de los años, rebosante de sexo innecesario); La soledad de los números primos, de Paolo Giordano (banal, aburrida...) e, indudablemente, El fuego, de Katherine Neville, la mayor decepción del año (no hay por dónde cogerla, si acaso para encender la chimenea o como pisapapeles).
De entrada, el 2010 se presenta interesante con Invisible, de Paul Auster; El mapa del tiempo, de Felix J. Palma, El nombre del viento, de Patrick Rothfuss y El veredicto, de Michael Connelly. En marzo llegará el nuevo Bevilacqua y Chamorro, La estrategia del agua, de Lorenzo Silva, y en mayo una nueva entrega de los misterios de Charlie Parker, The whisperers, cuyo espíritu está inspirado, según el propio autor, en la película Gran Torino.