lunes, 28 de septiembre de 2009

Con Asane y Emeshing

Como bien explican Emeshing y Asane en sus respectivos blogs, el martes pasado quedamos en el centro de Barcelona para tomar unas cervezas y cenar. Roenick disculpó su ausencia por culpa del trabajo, tendremos que esperar a repetir el encuentro de septiembre de 2008, cuando los cuatro visitamos el Can Paixano y tomamos unas cañas por el barrio de Born - por Facebook ronda una foto de los cuatro alrededor de unas cuantas Estrellas. Así pues, el punto de encuentro escogido fue la salida de metro Catalunya, justo la que da al café Zurich, considerado el centro neurálgico de Barcelona.

Paseando por la calle Elisabets pasamos por delante del Macba y fuimos a la Casa Almirall, lugar del que guardo bastantes buenos recuerdos, a pesar de un leve percance que tuve una vez con Emeshing y Oriol. Allí, con la compañía de unas cervezas y un plato de patatas Matutano, empezamos a ponernos al día de nuestras vidas: destacaré las vivencias de Asane de su viaje por Alaska; si el zagal ya escribe bien, escucharle y verle gesticular invitan a salir directamente del bar y acercarse a la primer agencia de viajes a comprar unos pasajes para Denali. Sé de uno que ha tomado nota...

Poco antes de las nueve decidimos ir a cenar, recomendé ir a La Havana, no sólo porque se come estupendamente, sino porque está a apenas tres calles de la Casa Almirall. Allí proseguimos nuestras conversaciones al son de unos mejillones al vapor, buñuelos de bacalao, pescadito frito, atún a la plancha, bacalao a la llauna y, finalmente, crema catalana y melón. El café, a pesar de la cafeína, sólo invitaba a volver a casa, a pesar de que el rato era muy agradecido. Pero mandaron el cansacio y la obligación de ir a trabajar la mañana siguiente. Queda, eso sí, la sensación de tener que repetir estos encuentros, bien sea en Barcelona, Madrid o Plasencia.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Berlin Noir

Antes de las vacaciones estivales Roenick me preguntó si quería algo de Amazon, ya que iba a realizar un pedido, así que le encargué Mona Lisa overdrive, de William Gibson, y la trilogía de Berlin Noir, de Phillip Kerr, que reúne en un solo volumen las tres primeras novelas del detective Bernie Gunther: March violets (Violetas de marzo), The pale criminal (Pálido criminal) y A German Requiem (Requiem alemán). Posteriormente han aparecido otros dos historias del detective Gunther, The one from the other (Unos por otros) y A new flame (Una llamada misteriosa) y está prevista para octubre la edición de If the dead rise not (Si los muertos no resucitan - Premio RBA de Novela Negra 2009). Lo que diferencia estas novelas policiacas de las demás es que, a excepción de A new flame, están ambientadas durante el nazismo y la posguerra, lo que añade un punto más de interés a las tramas y su ambientación.

Admito que The one from the other, el primer libro que leí del detective Gunther, no fue aquello que digamos una revelación: me pareció una historia más que correcta, con sorpresa final justificada, unos personajes bien definidos y una ambientación de la ciudad de Munich que, seguramente, justificaba muchísimas horas de investigación por parte de Kerr, por lo que desempeñaba un papel importante en la trama. Luego, durante las vacaciones en Formentera, cayó Violetas de marzo (esta vez en castellano), que me hizo pensar en Kerr como un autor diferente y que debía leerse, quizá no tanto por sus tramas, como por la ambientación y por el entorno histórico. Seguramente fuera esto lo que me invitó a pedirle a Roenick comprar la trilogía... así como su precio, algo más de 10 euros. Suerte que lo hice, mi primera impresión, ahora con el conjunto de las novelas casi completado, me di cuenta de mi error.

En sólo diez días he acabado de leer The Pale Criminal y A German Requiem y me he quedado con ganas de más. En el primero, el detective Gunther vuelve a la Kriminalpolizei (la temida KriPo) obligado "por las circunstancias" y el "consejo" de sus futuros superiores para resolver el asesinato en serie de adolescentes alemanas denominadas como "arias". Luego, en A German Requiem, ambientada en 1947, en lo más duro de la postguerra, Gunther viaja a Viena para intentar demostrar la inocencia de un antiguo compañero de armas, acusado de un asesinato que, está claro, no ha cometido.

Dejando de lado la figura del gris detective, que se merece un estudio mucho más detallado y, por lo que a mi se refiere, no debe caracterizarse en el cine, el punto fuerte de las historias de Philip Kerr está en saber tejer alrededor de una trama clásica (en lo que al genéro policiaco se refiere) una novela llena de referencias históricas, con ambientaciones que transportan al lector a época llena de matices, personajes contrariados y ruinas que van más allá de su aspecto físico. En el blog de negra y criminal comentan que la novela de Si los muertos no resucitan es la mejor de las publicadas hasta el momento, si es así ya sólo me quedará poner a Kerr (casi) a la misma altura de Highsmith, Connolly o Hammett.

domingo, 20 de septiembre de 2009

De Rufus Wainright a Gossip

Entre tanto viajar y comer también hay sitio para las coplas, como diría Asane. Iba a poner a Rufus Wainright y su The one you love, canción que nos ha acompañado por Aragón y Navarra, pero como su "inserción (está) desactivada por solicitud" en Youtube, publicito directamente a Gossip, toda una inyección de adrenalina... para después de una merecida y soberana siesta.



(Nota: post dedicado a los vecinos del ático, quienes a las tres y media de la mañana nos pidieron perdón mediante la invitación a tomar unas cuantas cervezas con ellos y sus 8 amigos de Logroño por "obsequiarnos" con una versión karaoke del Vivir así es morir de amor).

viernes, 18 de septiembre de 2009

Embat y la cruda realidad

A pesar del cansancio acumulado por culpa de una semana laboral demasiado exigente, varios fueron los motivos que nos llevaron a mi gran amigo S y a mi anoche al restaurante Embat: entre otros, las ganas de hablar tranquilamente entre dos amigos que siempre tienen algo que decirse; saludar al cheff Santi, antiguo compañero de pupitre y ahora maestro en la cocina; y, sobre todo, cenar maravillosamente en un ambiente distendido, relajado.
S llegó antes de la hora de la reserva, así que me propuso via SMS tomar un breve aperitivo en el De Tapa Madre, que está casi enfrente del Embat. Dicho y hecho: la manzanilla (no la infusión, sino el vino) sirvió para abrir el apetito y preparar la velada gastronómica. Debo decir que no era mi intención volver a enfrentarme al menú degustación de mi primera visita, pero no pude resistirme cuando surgió la idea, aunque pregunté si era posible cambiar alguno de los platos. Así que, amenizado con un estupendísimo Trescampanas Verdejo (muy afrutado), disfruté con Escamarlà amb crema de porros i cap i pota, Canelons d’ànec trufats, Dorada salvatge amb cous-cous i escopinyes (dorada en sustitución de la lubina), Presa ibèrica amb albergínia i figues al vi y con los postres de Sopa cítrica d’alfàbrega amb gingebre i llima y Xocolata amb avellanes i sal. Todos los platos para quitarse el sombrero. Después de tal "orgía de sabores", como diría Roenick, preferí volver caminando a casa, aprovechando que no hacía frío y que la leve llovizna, más que molestar, refrescaba.
El problema de comer tan bien es la obligación de volver a la cruda realidad del día a día: encontrarse enfrente de una bandeja de plástico marrón, en el que una botella de agua Viladrau busca hacerse un hueco entre dos trozos de pan, un plato de patatas con coles de Bruselas y otro de salmón al horno con tomates, me remiten sufridamente a aquello tan mañido de "cualquier tiempo pasado (sobre todo el de anoche) fue mejor". Suerte que ya hemos decidido que volveremos al Embat en un breve espacio de tiempo - S incluso antes, tiene un compromiso con el que desea quedar bien. Eso sí, reservaremos: ayer, siendo jueves, estaban casi todas las mesas ocupadas.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Distrito 9

Como nos gusta la ciencia-ficción, el viernes pasado fuimos a ver Distrito 9, película que plantea una situación bastante original: "Tras la llegada de una enorme nave espacial extraterrestre a Johannesburgo (Sudáfrica), a los alienígenas recién llegados a la Tierra se les obligó a vivir en condiciones penosas como "refugiados", en una especie de campo de concentración construido en las afueras la ciudad. Todo empezó unos veinte años atrás, cuando los extraterrestres tomaron el primer contacto con nuestro planeta. Los humanos esperaban un ataque hostil, o un gran avance tecnológico de la raza alienígena. Pero nada de ello sucedió. Los propios extraterrestres eran refugiados de su propio mundo. Sin saber bien que hacer, se confinó a los alienígenas en un campo de refugiados, el "Distrito 9", hasta que las naciones del mundo decidieran qué hacer ante la nueva y extraña situación". Además, nos interesaba su temática, saber cómo iba a desarrollarse esta idea, ya que el planteamiento abría la posibilidad a un falso documental tipo Borat - salvando las distancias, claro (ahora mismo no se me ocurre un ejemplo mejor).

El problema llega cuando Distrito 9, a pesar de sus estupendos efectos especiales e impecable factura (ahí se nota la mano de la milonaria productora de Peter Jackson), se queda entremedio de un documental y una película de acción de trama previsible, pero con un sorprendente final que no deja indiferente a nadie. Lo que no quita que entretiene y mantiene la tensión hasta el final, sin tener la necesidad de mirar el reloj. Dicen que Distrito 9 se convertirá en una película de culto... quizá por sus primeros 25 minutos, pero por lo demás no deja de ser una película más de acción.

Después del cine llegó la hora de llenar nuestros estómagos en el Krunch, un nuevo local como el Viena del centro comercial Diagonal Mar. Todo fue bien hasta que llegamos al parking, donde, como siempre, una de las máquina de los tickets no funcionaba correctamente y no tenía en cuenta la hora gratis del cine. Como bien dice Roenick, "estamos un poco hasta las bolas de que para conseguir esa hora gratis de parking por ir al cine en Diagonal Mar tengas que hacer una gincana". Lo peor es lo que esconden estos errores no casuales: un afán recaudatorio encubierto por una hora extra gratis que no es tal. Añade Roenick que "el próximo día lo validaré en una máquina que no vaya, para luego irme a quejar a la cajera de la P1 y tocar un poco las pelotas, a ver si por insistencia algún día les da por cambiarlo". Le acompañaré.

martes, 8 de septiembre de 2009

Día 7: Marcilla - Barcelona

Es nuestro último día en Navarra y decidimos tomarnos el desayuno con calma, disfrutando del ambiente del hotel. Como no queremos hacer todo el trayecto de una tirada, miramos el mapa y decidimos hacer parada en Tudela, siendo nuestra intención pasear por sus calles del casco antiguo y comer en un restaurante que nos ha recomendado mi gran amigo S.

En Tudela aparcamos el coche en zona azul y empezamos nuestro recorrido, siguiendo el mapa de nuestra guía. Pasamos por la oficina de turismo, donde nos remiten al museo de la ciudad: desde allí accederemos a la catedral, a su claustro y a la sinagoga. Pagamos religiosamente los tres euros de entrada y llega la primera decepción: no se puede acceder a la catedral, ya que, en breves, se celebrará una boda. El claustro tampoco emociona al estar llena de plafones informativos. La sinagoga es pequeña, por lo que no tardamos en recorrer el museo de arte sacro. No está mal, a pesar de compartirlo con una jauría de jubilados-zombies ávidos de folletos y cosas gratis. Lo más interesante es un cuadro atribuido al Bosco, que ofrece una imagen apocalíptica de lo que no espera en el infierno.

Siguiente decepción: las calles del casco antiguo. Están sucias y huelen mal, los restos del botellón de la noche anterior son visibles en casi todos los rincones. No invitan a pasear. Pues nada, muy a nuestro pesar cambiamos de planes y decidimos adelantar nuestro regreso a Barcelona, dejando atrás las (tranquilas) carreteras comarcales para dar paso a las autovías y autopistas de peaje. Finalmente paramos para comer en Fraga, población de la que tampoco guardamos muy buen recuerdo por una brevísima visita que le hicimos en el año 2005. Lo que son las cosas, encontramos un pequeño bar donde ofrecen un elaborado menú de raciones generosas por 11 euros que, además, está bueno. Con las pilas recargadas, y sin el mal sabor de boca de Tudela (tendremos que volver, algo me dice que la ciudad ofrece mucho más de lo que vimos), enfilamos la parte más aburrida del regreso. Dos horas y media más tarde aparcamos el coche (que ha hecho algo más de 1700 km en una semana) y subimos a casa: dejamos las maletas en el suelo y nos preparamos para ordenar los recuerdos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Día 6: Marcilla - Olite - Marcilla

Después de un fallido intento de desayuno en el hotel, vamos al centro de Marcilla en busca de un café con leche y una pasta. Al lado del castillo, que está en obras y es imposible de fotografiar, encontramos una terraza que da a una plaza engalanada y con las barreras para las vaquillas puestas. Más tarde, en la panadería del pueblo, nos dan la explicación: "Bueno, hace unas semanas acabaron las fiestas, pero como dentro de poco volverán a haber toros, pos ya lo han dejao puesto". Claro, para qué quitar algo que no molesta y que otorga aire de fiesta al pueblo. Y se optimizan recursos.

De Marcilla vamos al Monasterio de la Oliva que, como va siendo habitual, vemos en la más absoluta intimidad. Lástima que el sistema de alumbrado no funcione en la iglesia, "tienen que venir los electricistas, se fundieron los plomos el otro día", se excusa el amable monje que nos atiende. No podemos evitar mantenernos en silencio en el claustro, no queremos perturbar la paz que se siente. Antes de marcharnos decidimos pasar por la tienda de recuerdos, entablamos una interesante conversación con el monje sobre el euskera, sus orígenes y su adaptación a los nuevos tiempos. Por un lado, comenta que, para simplificar su aprendizaje, se estaba latinizando el idioma, otorgando, entre otros, masculinidad o feminidad a la segunda persona del indicativo: cuando se habla a otra persona siempre hay que indicar el sexo. Luego, por otro lado, indica también que, en algunos casos, se está perdiendo la letra J por la Y. Según el monje, durante su estancia en Angola descubrió que la letra J está íntimamenente ligada con los verbos que conllevan el sentido de vivir, a saber: sentarse = jarri, jugar = jolastea, respirar = jariatu, etc. Por lo que el hecho de perder la J tenía un sentido más profundo de lo que pensábamos... (He tenido que recurror a dos traductores on-line, OpenTrad y Azpiegitura Publikoak para intentar reproducir las palabras en euskera). Hubieramos podido seguir conversando con el monje mucho más tiempo, pero queremos llegar a Olite antes de comer, por lo que no tenemos otra opción que despedirnos del monje y agradecerle sus comentarios.

Olite es una población con cierto aroma a cuento de hadas - por lo menos en lo que a su castillo y casco antiguo se refiere. No importa que gran parte haya sido reconstruido estos últimos años, la base de un pueblo que ha sabido sacarle el máximo partido a su patrimonio está allí. Llegamos algo antes de lo previsto, por lo que visitamos primero el instructivo Museo del Vino donde, además de salirnos gratis por la promoción del Gobierno de Navarra, nos obsequian con una botella de vino tinto y un descuento de un euro para el castillo y, luego, las galerías subterráneas. A la hora de comer seguimos la recomendación de mi compañera de trabajo Martina, quién nos habla muy bien del restaurante Gambarte. Pues sí, comemos de fábula y a un precio razonable, lo que, unido a un trato estupendo, implica que deberemos traerle a Martina un merecido recuerdo.

Aunque a mi me apetece más hacer una (también merecida) siesta, optamos por cobijarnos en las sombras del Castillo de Olite, donde acabamos perdiéndonos durante algo más de una hora. Hay que ir, es una oblicación pasear por sus reconstruidos pasillos e intentar imaginarse como vivían allí hace varios siglos. A destacar, entre otros, el Jardín Colgante (o Jardín de la Reina) o la morera con 500 años de antiguedad que, dicen, fue plantada por el mismísimo Carlos III.Es una pena, pero toca seguir nuestra ruta, esta vez ya de vuelta a Marcilla. Antes pasamos por Ujué, la guía indica que vale pena acercarse.

Sí, en Ujué hay una iglesia que ofrece unas vistas espectaculares a toda la región, aunque también (como el castillo de Marcilla) está en obras y no puede visitarse, ni vale la pena fotografiarla. Lo más destacado es que nos topamos con un equipo de fotógrafos que persigue un Mercedes 350 CDI para hacerle un buen reportaje fotográfico. Con lo pequeño que es Ujué nos los encontramos hasta tres veces, casi casi que nos vamos a tomar unos vinitos con los alemanes que conducen el coche. Para volver a Marcilla cogemos la carretera NA5311, llena de curvas y magníficas vistas que nos lleva a Murillo El Fruto, población que está en fiestas y en la que casi somos arrastrados por una rúa de tractores y... vaquillas.

Cenamos estupendamente en el hotel, donde coincidimos con un grupo de catorce personas de Murillo El Fruto, que nos invitan a participar en sus fiestas. A pesar de que la oferta es tentadora, hemos bebido bastante y debemos rechazar la invitación. Una lástima, la verdad. La euforia de la cena desaparece tan pronto llegamos a la habitación, antes de darnos cuenta ya estamos durmiendo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Dia 5: Villava – Marcilla

Toca dejar el correcto Hotel Villava e iniciar el regreso a casa, que incluye pernoctar en Marcilla, una población cercana a Olite. Antes decidimos hacer una justificada parada en el Monasterio de Iranzu, que descubrimos en nuestro camino hacia Estella. Tenemos la suerte de disfrutarlo en silencio, aprovechando que estamos solos y que unos turistas alemanes llegan cuando estamos a punto de salir. Como en los monasterios de Santes Creus o Vallbona, el claustro es un estupendo lugar de recogimiento: dan ganas de sentarse y meditar.

De la calma del monasterio pasamos al bullicio de Estella. El tráfico es tan lento que nos recuerda al de Barcelona, aunque aquí se unen varios factores: la vuelta al colegio y que es día de mercado: con paciencia conseguimos aparcar junto al río no muy lejos del “puente de la cárcel”. El bullicio de los coches pasa a convertirse en un bullicio de gente, mucho más agradecido. Comemos en un ruidoso restaurante no muy lejos de la Plaza de los Fueros, el Bar Izarra, donde la comida está a la altura del “ambiente”: la ensalada de tomate con queso idiazábal, el risotto de hongos, la pechuga de pollo al roquefort y el bacalao al pimentón precisan de mucho pan para dejar secos los platos. Como es habitual, necesitamos dar una vuelta por la ciudad para iniciar correctamente la digestión.

Parando brevemente en la ermita de Nuestra Señora de Eunate. nos despedimos de de Estella para ir a Puente de la Reina, famoso por su puente y por ser un punto de encuentro de peregrinos. Tomamos un café y decidimos ir a Artajona, famoso por su cerco amurallado. Vale la pena acercarse y pasear por el pueblo, aunque lo mejor es la panorámica que se obtiene mientras uno se va acercando. De allí vamos al hotel en Marcilla: queremos dejar las maletas y descansar antes de visitar, quizá, la ciudad de Olite. A diferencia del hotel en Villava, que nos costó algo encontrar, llegamos sin problema a La antigua azucarera, encantador lugar que se merece un post propio, algún que otro comentario y que ya ha quedado como recurso de anécdotas en caso de no tener de qué hablar.

Decidimos cenar en Olite, de la que sólo hemos oído cosas bonitas. La ciudad sí que desprende cierto aroma a cuento de hadas, pero lo que es la cena en la Casa del Preboste decepciona…. y mucho. El consomé y la sopa de pescado están bien, pero la Lubina a la brasa está bastante salada y la ensalada de foie con hongos no es tal, sino que el paté ha sido sustituido por paté Apis (sin desmerecer la marca., pero que no lo pasen por lo que no es).

Dia 4: Villava –Roncesvalles – Villava

Como estamos más de dos noches en Navarra, aprovechamos una oferta del Gobierno de la Comunidad Foral, que “premia a los turistas que pernoctan un mínimo de dos noches con una tarjeta-regalo que incluye un total de cuatro gratuidades y dos descuentos por persona”. Estupendo. Decidimos ir a Roncesvalles, punto de encuentro de peregrinos en el camino hacia Francia y que me recuerda la novela de Miguel Delibes, El hereje: si no recuerdo mal es allí donde apresan al protagonista cuando intenta huir de la inquisión. Está a apenas 50 kilómetros del hotel, aunque el trayecto dura casi una hora por culpa de unas curvas que parecen no acabar.

Gracias a la promoción del Gobierno la entrada al claustro, silo, iglesia y el museo, con visita guiada incluida, sale gratis. Las explicaciones de la guía son divertidas, lo que evita el sopor y que se pierda el interés sobre lo que nos están contando. Cuando salimos de la impactante iglesia es ya pasada la una del mediodía, así que buscamos un lugar para comer.

En vez de quedarnos en Roncesvalles vamos al pueblo más cercano, Auritz / Burguete. Los diferentes restaurantes ofrecen menús por valor de 19 euros, que aunque tienen muy buena pinta invitan a seguir conduciendo hasta otro pueblo. Pero lo que son las cosas, delante de un parking vemos un bar con un atractivo cartel de “Bokadillos y platos kombinados”. Decidimos comer allí y no nos arrepentimos: el plato kombinado a base de ensalada de tomate, chistorra y huevos fritos está mucho mejor de lo esperado. Y por menos del precio de un menú de restaurante comemos los dos.

Después de comer decidimos regresar al hotel, no sin antes pasear tranquilamente por la zona de Auritz / Burguete. En recepción nos informan acerca del spa que está a cinco minutos en coche del hotel: si compramos las entradas allí nos hacen un descuento en el circuito de aguas de tres horas, nos sale por algo más de 16 euros. No nos lo pensamos dos veces y marchamos al centro comercial de Itaroa, al lado del cual está el llamado “Cubo”, en el que se encuentra una pista de hielo y el Spa. Dos horas y media más tarde salimos de allí tan relajados como cansados, sólo con ganas para cenar y dormir.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Dia 3: SOS del Rey Católico - Villava

Con la sensación de "volveremos" salimos de SOS del Rey Católico en dirección al Monasterio de Leyre, nuestro primer destino del día. Pagamos los 2,30 euros de la entrada que nos permite visitar la iglesia y la cripta: entre el claustro de clausura y el espacio que se destina para el hotel, poco queda por ver de la parte interior. Aún así, vale la pena acercarse.

Del Monsterio de Leyre pasamos al Castillo de Javier, otra visita obligada, aunque por fuera la cosa prometa mucho más de lo que ofrece. En el restaurado castillo se pueden visitar exposiciones sobre el San Francisco Javier, cofundador, junto con Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús, o una sala con los escudos de la región, por ejemplo.

Decidimos comer en Sangüesa, cuyo pórtico románico de la iglesia de Santa María la Real es lo primero que vemos después de aparcar. Comemos en un local llamado Acuario un menú bastante generoso, pero no es para tirar cohetes. Con el estómago lleno nos dirigimos a Pamplona, ciudad que nos hace mucha ilusión visitar.

Pero lo que son las cosas: el tiempo empeora por momentos y, cuando aparcamos el coche en el parking de la Plaza del Castillo, el color gris manda en el cielo y bajan las temperaturas. Damos una vuelta por el centro de la ciudad, a pesar de ir con pantalones cortos, visitando la Plaza Consistorial (sí, la del Chupinazo... y es tan pequeña como dicen) y una anodina exposición sobre la última visita de Hemingway a los encierros. Lamentablemente, hay muchas calles cortadas y algunos edificios en obras: cosas del "Plan E" ese. Antes de marchar rumbo a Villava tomamos un café en la Plaza del Castillo, más que nada para entrar en calor. Nos quedamos con ganas de ver más cosas, pero entre el frío y la incesante amenaza de lluvia no nos apetece mucho. "Bueno, un motivo más para volver", de digo a M.

Villava es una población que está a cinco minutos en coche de Pamplona, pasado Burlada. El hotel Villava está en lo que sería la periferia, cogiendo la ronda que va en dirección a Irún y Francia. El hotel está bastante bien, siendo lo mejor la atención que recibimos en recepción. Después de descansar y cambiarnos de ropa volvemos a Pamplona a cenar unos pinchos en la calle Estafeta, casi casi una obligación.

martes, 1 de septiembre de 2009

Dia 2: SOS del Rey Católico (ida y vuelta)

Después de un copioso desayuno salimos de SOS en dirección Burgui, pero no en vez de hacerlo por la A127, nos decantamos por la A1601, carretera mucho más tranquila y relajante, de esas que permiten mirar el paisaje con calma. Hasta Rueste, donde realizamos la primera parada, sólo nos topamos con un ciclista parado que está tomando notas, ningún coche de frente. Ruesta es un pueblo semiabandonado, o eso parece, ya que a pesar de las ruinas que predomina en toda sus casas dispone de un local de la CGT y un bar con vistas asombrosas.

De allí vamos a Burgui, donde se elaboran quesos artesanalmente con Denominación de Origen del Valle de Roncal. Cruzando el puente y siguiendo un camino se puede ver el Paseo de los Oficios, un camino que muestra los trabajos que se hacían antiguamente en el pueblo. Pasado Burgui llegamos a Roncal, nos atienden estupendamente en la Oficina de Turismo y nos recomiendan cualquiera de los tres restaurantes del pueblo. En la oficina del Banco Santander me dicen que posiblemente el Hostal Zaitua esté abierto, pero que no me preocupe, que en todos los sitios se come "de fábula". Pues nada, viendo que en todo el pueblo el menú tiene precio unitario, 15 euros, nos decantamos por el Zaitua. Y sí, la ensalada de tomate, la dorada y el gallo a la plancha y el flan de la casa no decepcionan, aunque no creemos que lleguen a valer lo que cobran.

Después de Roncal, por cuyas calles decidimos perdernos un rato para "bajar la comida", intentamos parar en Isaba, pero como no encontramos aparcamiento, seguimos nuestro camino hasta Uztarroz, donde un motorista francés nos pregunta si sabemos de alguna gasolinera que "esté abierta" y que no esté más lejos de 30 km... que es justo lo que le queda de reserva. Nuestra guía Repsol no nos sirve de mucho, la gasolinera más próxima indicada es la de Isaba y est la que está cerrada, por lo que el motorista decide preguntar en el bar de pueblo, aunque sea llamando a la puerta de sus propietarios, ya que tampoco está abierto. En Uztaroz no hay mucho que ver... lo que sí que oímos es un televisor a todo volumen de donde proviene una misa casi al estilo telepredicador.

La siguiente parada es la Ermita de Muskilda, de lo mejorcito del viaje. Las vistas sobre los valles son majestuosas e invitan a pensar y disfrutar del silencio. De allí a Ochagavía hay un paso, así que vamos allí con la intención de pasear por sus calles y tomar un café con leche. Nada más destacable.

Regresamos a SOS del Rey Católico por la via rápida (carretera nacional), la amenza de lluvia tiene visos de convertirse en realidad. Ya de vuelta en el confortabilísimo hotel decidimos el lugar de la cena, el Hotel Vinacua. La sensación de sopor por parte de la camarera no invita, de entrada, al optimismo, aunque luego cenamos estupendamente - el revuelto de espárragos trigueros con virutas de jamón está delicioso.