martes, 26 de mayo de 2009

El final de Prison Break

Este domingo, después de un pequeño sprint, vimos los últimos cuatro capítulos de Prison Break, una serie que empezó estupendamente (las dos primeras temporadas son de lo mejorcito que recuerdo) y que ha acabado como un cúmulo de despropósitos, en el que las reapariciones, resurrecciones y vínculación o desvinculación con lazos familiares están al orden del día. Por no hablar del impune (e increíble) reguero de sangre que dejan; no recuerdo capítulo en el que no mueran, por lo menos, dos o tres personas: los de CSI deben trabajar en una Miami diferente a la de Scofield y Burrows. Es un final forzadísimo, en el que el elemento sorpresa desaparece en favor de la incredulidad y la certeza de que sus guionistas ya no sabían como cuadrar todos los elementos. Hasta el epílogo que sirve para finiquitar definitivamente la serie está fuera de lugar, no tanto por el hecho en sí, sino por la explicación que se le quiere dar. Suerte que siempre nos quedará el recuerdo de sus dos primeras temporadas.

¿Y ahora? De entrada, vacaciones.

sábado, 23 de mayo de 2009

Ardores de agosto

En un solo día he leído la última novela de Andrea Camilleri publicada en España, Ardores de agosto, donde "un calor asfixiante arrasa Sicilia como una llamarada; durante el día el aire se vuelve irrespirable, las piedras queman y ni siquiera un baño en el mar ofrece algo más que alivio momentáneo. Con la ciudad sumida en un letargo incandescente, el comisario Salvo Montalbano aguarda la llegada de Livia, que viene con unos amigos a pasar las vacaciones en una solitaria casita frente a la playa. Pero el idílico plan se tuerce cuando, oculto en los sótanos de la casa, aparece un baúl con un cadáver dentro. El macabro hallazgo desata los instintos investigadores del comisario, que muy pronto se ve envuelto en una maraña criminal de múltiples facetas que involucra a políticos, banqueros y empresarios, todos bajo la omnipresente tutela de la mafia. Y como si la canícula no fuera suficiente para causar estragos en el comportamiento de los personajes, la presencia casi mágica de una bellísima veinteañera hace flaquear la proverbial lucidez del propio Montalbano, hasta el punto de tentarlo a dar ese paso trascendental que había evitado hasta el momento".

Como en la gran mayoría de aventuras de este simpático policia italiano la lectura es fluida, gracias a sus breves descripciones y párrafos, diálogos muy bien hilvanados (Camilleri es un experto en esto, su La Concesión del teléfono, novela hecha íntegramente de conversaciones, es un ejemplo de cómo narrar una historia basándose únicamente en lo que dicen los personajes) y un fino sentido del humor basado en aspectos tan cotidianos como el intensísimo calor, entre otros. El problema radica en la trama: al igual que en Luna de papel, uno tiene la sensación que el autor, en un momento clave, no sabía cómo continuar y se sacó un as de la manga para poder cuadrar una historia que, a partir de ese momento, torna previsible. Ardores de agosto no deja de ser una novela para los seguidores (aférrimos) de Montalbano, aunque la sensación de "deja vu" empieza a ser preocupante. Es una lástima, lejos quedan El olor de la noche o Un giro decisivo, para mi sus mejores historias.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Una de zombies

Via facebook (¡gracias Ángela!) me llega la notícia de que en Estados Unidos ha triunfado una versión gore de una de las novelas más famosas de Jane Austen, Orgullo y prejuicio. Su actualización lleva por nombre la obvia Pride and prejudice and zombies (Orgullo y prejuicio y zombies), escrita por un tal Seth Grahame-Smith, quién, según puede leerse en la contraportada, "once took a class in English literature". Inmediatamente le he pasado la nota a Abel, compañero de clase y luchas reconvertido en gran amigo: su comentario, "estaría bien que la Pocopi lo integrara a Narrativa Anglesa" me ha hecho recordar a una de las dos profesoras que llegó a suspenderme. Suspensos aparte, sí que es verdad que me gustaría que la revisión de clásicos de literatura fuese algo más flexible y no estuviese regida por los cánones e interpretaciones habituales, esos que vienen dados por corrientes y/u opiniones de personajes como Harold Bloom. Recuerdo que otra profesora me rebatió la argumentación sobre Un tranvía llamado deseo por ser anticuada (cosas que pasan cuando se leen entrevistas hechas al propio autor, Tennessee Williams): por suerte no lo tuvo en cuenta para evaluarme, más que nada porque tuve que lidiar con Toni Morrisson. De todas formas, ahora ya es igual, y si en los colegios siguen considerando El perfume literatura castellana, de poco servirá que se amplíen los horizontes en las facultades y se de pie a pensar un poquito más allá.

sábado, 16 de mayo de 2009

Sobre Lost

Ha acabado la quinta temporada de Lost.

Su espectacular y abrumador final deja abiertas tantas posibilidades en todos sus frentes, que cualquier solución es posible y, lo que es más sorprendente, que sean todos creíbles, a pesar de exigir a los espectadores (entre los que yo me incluyo) que crea en monstruos de humo negro, resurreciones, reencarnaciones, personajes inmortales y semi-dioses, viajes en el tiempo y apariciones del Más Allá, entre otros. Aunque es igual, Lost tiene "algo" que la diferencia de las demás series: sus personajes y sus magníficas caracterizaciones (con esto incluyo también el casting: ¿alguien puede imaginarse a otra Kate, otro Locke, otra Sun, otro Richard o hasta otro Faraday?), sus guiones con todas sus tram(p)as excelentemente tejidas, los temas que trata (la codicia, el odio, el amor, la fraternidad, la muerte, etc) o hasta la propia isla. Una de las grandes incógnitas es saber si sus guionistas serán capaces de unir todas las piezas, por lo que, por mi parte, sólo pido que el final sea coherente con todo lo que hemos visto hasta el momento. Seguramente quedarán cosas en el tintero, pero mientras expliquen lo más relevante, yo me conformo.

Nada que ver con la exprimidísima Prison Break, que bordea no tan sólo la incredulidad (tantas vueltas de tuerca y giros inexplicables confirma que se les acabaron las ideas hace tiempo) sino hasta la ridiculez, pues parece que el presupuesto se hubiera acabado en el último capítulo de la tercera temporada. Un chasco, vamos. Hasta que no vuelva Lost con su última temporada en marzo de 2010 tendremos que conformarnos con sus reposiciones en Cuatro, que irán muy bien para ir recordando detalles, con la magnífica Los Soprano, la séptima temporada de 24 o la recomendadísima The Wire.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Romper internet

A partir de un comentario de Roenick en un intercambio de correos con Emeshing, ("Si hace un post sobre su blog, a ver si peta internet"), recordé un brevísimo gag de It Crowd, serie de televisión imprescindible (está en inglés, con subtítulos):

Emeshing

Sí, era de esperar que la tenacidad y la constancia de Emeshing tuviera una primera recompensa: en El món, de RAC1, el programa de radio con más oyentes de Cataluña, ha recomendado su blog. Dice: "Ens trobem amb un dels blogs més veterans. Va començar a escriure’l fa gairebé 5 anys i quasi cada dia, durant tot aquest temps, ha parlat de tecnologia, cultura, música, esports i, en alguns casos, també de política. Per exemple, durant la setmana de Sant Jordi va aprofitar per fer recomanacions i crítiques dels llibres més venuts. O bé, el seu particular comentari per la mort de Corin Tellado. Ara està fent la sèrie Roma Connections on explica les seves aventures i peripècies durant un viatge recent per la ciutat eterna."

De su amplio abanico de posts destacaría aquellos que hacen referencia a sus viajes; en más de una ocasión los he recomendado y, por lo que me ha dicho, han sido utilizadas como guías. Claro que los ágiles artículos sobre lecturas o tecnología tampoco están nada mal... Un blog muy recomendable, sí. ¡Felicidades Emeshing!

viernes, 8 de mayo de 2009

La soledad de los números primos

Hará unos meses, delante de la máquina de café, oí como una compañera de trabajo comentaba que Murakami era uno de sus autores favoritos. No tuve otra opción que inmiscuirme: "¿Has dicho Murakami? ¿No te estarás confundiendo con Mishima?". "¿Y quién es Mishima?", preguntó. Estuve a punto de explicarle la curiosa historia de su muerte, pero preferí enumerar los defectos que yo le veía a Haruki Murakami, desde su aburrida banalidad hasta su desmedida obsesión por el sexo. Con el toque de queda del jefe ("venga, al ruedo") acabó la conversación, aunque ahora deberé recomendarle a esta compañera La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, que comparte honores con el japonés ese.

No es que La soledad... sea una novela mala, lo que pasa es que en ningún momento ha logrado despertar mi interés. Me he aburrido soberanamente. Por ejemplo, es una historia de amor tan peculiar, con unos personajes tan extremos, que apenas pude sentirme no ya identificado, sino interesado por saber qué pasaría después. Además, que sepamos de antemano que la cosa no va a ir bien (el título ya lo avanza, no se trata de ningún spoiler) tampoco ayuda demasiado a levantar el ánimo literario. Que sepamos que el Titanic se hunde no implica que no queramos sabe cómo lo hace, como me indicó una vez un amiguete, es totalmente cierto - el problema es cuando el hundimiento (o, en este caso, esta relación peculiar) no sorprende, no ofrece nada nuevo y sigue unos parámetros marcados. La sensación de dejà vu sobrevuela muchas páginas, no hay más que trazar un par de caractarísticas de los personajes: él, chico listísimo (un cerebro para las matemáticas) con un afilado sentimiento de autodestrucción debido a una decisión terrible de infancia: ella, chica lisiada con poca afinidad no sólo con sus padres o compañeros de colegio, sino incluso con la comida.

El vínculo con Murakami lo encuentro en la temática (la soledad, la incomprensión, los silencios, etc), en la capacidad de narrar, con estilo plano y alejado de cualquier sentimiento o sentimentalismo y en reunir, para mi gusto, la capacidad de explicar algo que tan pronto se cierra el libro, debe ser olvidado. Casi como por imperativo legal. Mi valoración: un 4 sobre 10. No es una novela que definiria como mala, pero sí intrascendente.

El argumento: "Existen entre los números primos algunos aún más especiales. Son aquellos que los matemáticos llaman primos gemelos, pues entre ellos se interpone siempre un número par. Así, números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43, permanecen próximos, pero sin llegar a tocarse nunca. Esta verdad matemática es la hermosa metáfora que el autor ha escogido para narrar la conmovedora historia de Alice y Mattia, dos seres cuyas vidas han quedado condicionadas por las consecuencias irreversibles de sendos episodios ocurridos en su niñez. Desde la adolescencia hasta bien entrada la edad adulta, y pese a la fuerte atracción que indudablemente los une, la vida erigirá entre ellos barreras invisibles que pondrán a prueba la solidez de su relación. La sutileza de los rasgos psicológicos de los personajes, así como la hondura y complejidad de una historia que suscita en los lectores las reacciones más variadas, resaltan la admirable madurez literaria de este joven autor a la hora de asomarse, nada más y nada menos, a la esencia de la soledad."