miércoles, 29 de abril de 2009

Please read the letter

Via Icatfm (gràcies Oriol!) he descubierto la joya de Robert Plant y Alison Krauss Raising sand, uno de esos cedés que te reconcilian no sólo con la tienda de discos (por aquello de volver a pasar por caja), sino con el mundo en general. Es escucharlo y ser feliz. Como diría Asane, "temazos, oiga". Ejemplo, Please read the letter.

martes, 28 de abril de 2009

Anatomía de un instante

Primero con emoción, luego con sensación de estar leyendo casi siempre los mismos argumentos, he leído Anatomía de un instante, el último libro del gran Javier Cercas. "Emoción" porque Cercas es, para mi, uno de los mejores escritores en lengua castellano, y pocos son los autores que dominan tanto el idioma como él. Considero sus dos anteriores novelas, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz dos obras merecedoras de más de una relectura. Por cierto, el estilo narrativo de Anatomía... me ha recordado en algunos momentos a algunos escritos de La Tremolina: plumas ágiles, llenas de rigor y constancia.

Anatomia de un instante es casi un ejercicio de doctorado de Ciencias Políticas, en el que, a raíz de un gesto (Adolfo Suárez sentado durante el tiroteo del golpe de estado), Javier Cercas indaga en todo aquello que pudiera tener relación con el 23-F: investiga los motivos que lo propiciaron desde todos los puntos de vista (político, social, económico, militar); narra los acontecimientos basándose en las imágenes de televisión; analiza a los personajes principales de la trama, prestando especial atención a Suárez, al que considera, a pesar de todo, el constructor de la democracia actual española; y extrae las conclusiones de todo lo que acontenció, incluyendo las consecuencias. No se trata de un ensayo al uso, ya que recurre en bastantes ocasiones la narración y, por tanto, a la ficción. Estas licencias literarias se agradecen sobremanera para afrontar los constantes análisis que se plantean. Mención especial merece, a mi entender, la narración de la dimisión de Suárez ante el Rey (página 147).

Lo malo del libro es la reiteración de los argumentos presentados por Cercas y, en algunos momentos, el abuso de estilo narrativo que incide en la constante enumeración de descripciones, comentarios y ejemplos, como el de definir a Suárez como chisgarabís indocumentado. De todas formas, puede disculparse esta insistencia si se tiene en cuenta que el libro tiene más de 400 páginas y que la información que se nos proporciona es, en algunos momentos, un baile constante de nombres y situaciones.

Anatomía... debe tomarse más como un ejercicio de estilo que no como una novela, detalle que , de ninguna manera, debe restarle mérito alguno. Es más, las situaciones descritas por Cercas (ampliamente documentadas si miramos la bibliografía que se proporciona) no sólo cumplen con la misión de informar, sino que dejan ese regusto de hacernos reflexionar sobre aquello que hemos leído. Mi valoración: un 8,5 sobre 10.

domingo, 26 de abril de 2009

Siempre nos quedará Can Bonay

Nunca se me hubiera ocurrido que organizaríamos una escapada de fin de semana con el único objetivo de ir a un restaurante, el Can Bonay de Peratallada. Pero lo que son las cosas, durante una celebración se comenta la posibilidad de ir ("conozco un sitio donde se come de fábula, podríamos ir", dije) y al poco tiempo todo deriva en una excursión de dos días sujeta a las inclemencias del tiempo. No teníamos un plan establecido, sólo sabíamos que dormiriamos Ca l'Aliu, situado justo a la entrada del pueblo y a unos escasísimos 10 metros del parking - en Peratallada sólo los vecinos pueden circular por sus calles. Sobre el hotel no hay mucho que decir: sus propietarios son agradables, no es caro, el desayuno es bastante generoso, por lo que reúne cualidades para que regresemos. Lo único seguro que sabíamos era que el sábado cenaríamos en Can Bonay.

El sábado lo pasamos en Pals, otro pueblo medieval que merece ser visitado; en la Cala Sa Tuna de Begur, donde llegamos por equivocacion y comimos muy bien en Es furio; y en Begur, aunque no la disfrutamos demasiado por culpa de un frío y un viento que nos obligó a marcharnos antes de tiempo. Finalmente, después de un breve paseo por Peratallada, llegamos a nuestro destino, el restaurante.

Como siempre, todo fue más que excelente: de primero, la sopa de pescado es casi un delito no pedirla, al igual que el foie; luego llegaron el conill al jaç, los huevos rellenos de rape con escamarlanes, la oca con nabos o el pato asado con cebollas, todos dignos de altas menciones. Todo esto amenizado con un sorprendente vino de Perelada, reserva de 2004. Los postres, desde el coulant de chocolate hasta el pa de pessic amb mousse de café i xocolata calenta, también están a la altura de una cena que nos gustó tanto que ya estamos pensando en una segunda parte para la temporada de invierno. Aunque la zona del Empordà es muy agradable para visitar, si podemos comer tan majestuosamente como este sábado, no nos importará que se repita el mal tiempo.

domingo, 19 de abril de 2009

Reencuentros

Emeshing y yo quedamos el miércoles pasado con O, compañero de facultad reconvertido en muy buen amigo, con quien compartimos un concierto de Oasis que nunca fue y viajes inolvidables a Lübeck y Berlín, cuyas vivencias solemos recordar con alegría. El tiempo y la distancia habían impuesto un silencio que ahora, afortunadamente, se ha roto y ha abierto nuevas oportunidades para seguir disfrutando de su amistad. O es una de esas poquísimas personas por las que vale la pena recorrer 2000 kilómetros sólo para tomarse una cerveza con él, compartir un partido de fútbol u oírle hablar sobre su trabajo.

Unos días más tarde, buscando la novela de Julian Barnes A History of the World in 10½ Chapters en la librería La Central del Raval, nos cruzamos con una mujer que no dudó en saludarme amigablemente. No la reconocí, por lo que ella tuvo que presentarse. "No has cambiado nada desde la última vez que nos vimos", añadió. Eso fue hace unos 15 años, más o menos. "Pues tú te has hecho mayor", respondí. Se produjo un incómodo silencio antes de preguntar cómo estábamos, qué hacíamos y despedirnos de forma educada. "Quién lo diría, ahora es profesora", le comenté a MonicaMe. "No deberías haberle dicho que se ha hecho mayor, eso jamás se le dice a una mujer". Cuando le expliqué que la última vez que la vi ella estaba completamente borracha, rogándome que le comprara el último disco de Los Chichos, MonicaMe me dió la razón. Aunque sí, debí haber maquillado mis impresiones, a saber: qué guapa estás, pareces la misma, tú tampoco has cambiado...

lunes, 13 de abril de 2009

City of thieves

Hace unas semanas compré, guiándome por el instinto y por una primera frase algo más que interesante ("My grandfather, the knife fighter, killed two Germans before he was eigtheen"), City of thieves, novela de un tal David Benioff, autor totalmente desconocido para mi. De hecho, ni sabía que había sido publicado en España por Seix Barral con el nombre de Ciudad de ladrones. Sumado al hecho de que se trataba de una edición de bolsillo y, por lo tanto, a un precio bastante asequible, decidí arriesgarme - la última vez que me realicé una compra compulsiva la cosa no salió muy bien: después de 50 páginas, El festí de l'amor, de Charles Baxter, sigue esperando una segunda oportunidad en la estantería de libros olvidados. Esta vez no puedo quejarme, City of thieves ha sido algo más que una lectura amena.
El punto de partida es el siguiente: En enero de 1942, en la ciudad de Leningrado devastada por las bombas, sitiada por el ejército alemán y con una hambruma desoladora, Lev Beniov, un joven bajito, inocente e inseguro de diecisiete años detenido por saquear el cuerpo de un paracaidista muerto, y Kolya, un apuesto y valiente soldado de veinte años acusado de deserción, deben encontrar 12 huevos para el pastel de boda de la hija un poderoso coronel del ejército rudo, a cambio de poder seguir sobreviviendo. Para cumplir su misión deberán adentrarse incluso en las lineas enemigas. Surge entonces una historia de aventuras y de amistad en el que mandan el frío, el hambre, el dolor y la desesperación, por lo que las notas de humor, literatura y sexo de Kolya y la aparición del amor son bienvenidas. Las relaciones entre ambos protagonistas no son fáciles; al narrador, el propio Lev, se le hace difícil entender la personalidad jovial de Kolya, a la vez que envidia su buen hacer con las mujeres. Aunque no es compañia ingrata, en algunos momentos se le hace difícil entenderle.
La trama podría definirse como un cruce entre la excelente Las Benévolas de Jonathan Littell (salvando las distancias, en lo que a la descripción del ambiente de guerra y del horror se refiere) y una historia de aventuras. El estilo fluido de la narración permite una lectura que se me ha hecho amena, entretenida, agridulce y, hasta en algunos momentos, emocionante, por lo que no puedo dejar de recomendar el libro. Mi valoración: un 7 sobre 10.

sábado, 11 de abril de 2009

De músicas y otros

Nuestros vecinos han vuelto con la banda sonora de su vida, mostrándosela a todos los demás. Lo malo es que no preguntan y lo hacen a horas intempestivas (11 de la noche, 9 de la mañana), lo que no tiene gracia. Al menos ya no es Falling slowly, ahora es When your mind is made up (también de Once) y, oh sorpresa, Fito y los Fitipaldis. El jueves por la noche les hice una visita, no abrieron la puerta pero bajaron el volumen, lo que nos ahorró un diálogo ya manido e innecesario. Ahora que lo pienso, si de lo que les gusta es la música tranquila, les regalaré The whitest boy alive, excelentísima recomendación que me hizo DJ Niño hace unos meses y que, gracias al Spotify, suelo escuchar bastante a menudo.

Apuntes sobre el ya ex-programa de Berto. Al enterarme pensé "Mecagüenlaputahostiajoder". Un asco, vamos. Aquí el comentario del propio Berto y aquí la reflexión de The Pinker Tones, autores de la banda sonora.

Sobre mi barrio: han eliminado aparcamientos para coches para crear carriles bici. El que tuvo la idea debe pensar que lo ha hecho bien, que, por ejemplo, la sociedad barcelona respirará mejor sin tanta contaminación provocada por unos vecinos que, además de pagar su impuesto de circulación (144 euros en mi caso) y la Zona Verde, ahora ven reducidas su capacidad para estacionar el coche. Igual se ha hecho un estudio y se an visto que, según el espacio disponible y el número de vehículos, la repercusión debía ser mínima, pero el caso es que cuesta más aparcar y el carril bici no sólo sigue vacío, sino que hay una vallas de color amarillo que impiden en teoría, su uso... aunque hoy he visto a una tierna anciana caminar por allí con su carrito - está mejor asfaltado que la acera, eso seguro. Dan ganas de ir al ayuntamiento y pedir no ya la destitución de todo el departamento de urbanismo, sino que se pongan a trabajar y dejarlo como estaba. Y con la música de los vecinos como acompañamiento, al menos que sirva para algo.

sábado, 4 de abril de 2009

Drexler

La primera vez que oí a Jorge Drexler fue en una vida anterior, hará ya unos cuantos años, desayunando en la Cerveceria Lampe (buenos bocadillos y tapas; mejor persona) de Peñiscola. Entre conversación y conversación sonaba de fondo la música de los 40 TV, cuando poco a poco dejamos de hablar para escuchar una canción diferente lo habitual: se trataba de la Milonga del moro judío de un cantautor del que nunca había oído hablar. Creo que casi consiguió que se hiciera el silencio en el bar para dar paso a la música: algo bastante inhabitual. Meses más tarde llegaría Emeshing con su ecléctica selección en mi iPod (Gorillaz, Natasha Bedingfield, Beatles, Black eye peas, etc), entre los que añadió el gran disco Eco del mismo Drexler. Como todos mis favoritos, suele volverme de vez en cuando. En estos momentos me quedo con Todo se transforma, canción vital que siempre logra esboze algo más de un sonrisa.