jueves, 26 de febrero de 2009

Mejor tema de música electrónica

Hoy se han dado a conocer los decimoterceros ganadores de los Premios de la Música, creados por la (actualmente) denostada SGAE antes de ejercer como inquisición musical. El caso es que The Pinker Tones han sido merecedores de uno de sus galardones, el de la Mejor Tema de Música Electrónica por su canción S.E.X.Y.R.O.B.O.T. Desde aquí sólo me queda felicitarles, ya que, sin duda alguna, se lo merecen.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Bermejo

Que dimita un ministro siempre es notícia y, por lo que se suele comentar, un acto loable. En este caso, además, está justificado. Lo que me da que pensar es que la dimisión del ya ex-Ministro de Justícia, Mariano Fernández Bermejo, ha sido forzada, en última instancia, no tanto por su mala gestión (reconocida incluso por él mismo, con un caos casi perpetuo en los juzgados que ha llevado a una huelga inédita) como por un último escándalo, el de una cacería sin licencia acompañado con un juez que encabeza una cruzada contra el mayor partido de la oposición y el jefe de la policia judicial. Invocación a la chulería española (o mediterránea, en eso los franceses o italianos nos son iguales), seguro que Bermejo y los otros no debieron preocuparse demasiado, algo así como "¿quién va a enterarse? Y si lo hacen, ¿qué? Somos el Ministro, el Juez y la Policía". Tres en uno. Y luego aún sale por la tele y dice que "se le pasó" lo del permiso: con dos cojones, ea.

La dimisión ha llegado después de un amplio llamamiento de su propio partido. No sólo le han criticado José Bono o Fernández De La Vega, voces tan autorizadas como dogmáticas, sino que hasta diarios tan pro-gobierno como El Periódico de Catalunya han abogado por esta solución. Por lo que, quizá, la renuncia de Bermejo deba interpretarse como una cortina de humo para evitar hablar de lo que es obvio (el paro, el déficit, el dinero de los bancos, el desasosiego, etc), o bien hay que personificarlo como una cabeza de turco. "Allí teneis lo que querías, Bermejo ya no está". Eso no evita que los jueces, fiscales y abogados sigan enfadados, que la gente se mantenga en las colas del INEM, que los bancos den créditos a cuentagotas o que las empresas marchen a otros países en busca de mano de obra más barata. Lo de siempre, vamos.

lunes, 23 de febrero de 2009

Vergebung o La reina en el palacio de las corrientes de aire

Después de leer la tercera parte de la trilogía Millennium, de Stieg Larsson, sigo sin entender el porqué de las diferencias de significado entre los títulos. En alemán, por ejemplo, el título se acerca correctamente más a "perdón" que no a lo indicado en castellano, cuya referencia no he encontrado en la novela. No debe tener mayor importancia, debería quedar como una curiosa anécdota. Sobre La reina en el palacio de las corrientes de aire sí, en cambio, hay bastantes cosas que comentar.
Sin desvelar nada, la historia arranca justo en el punto en el que acabó La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, con Lisbeth Salander gravemente herida y Mikael Blomkvist llamando a la policía y una ambulancia. De ahí surge una intensa historia llena de secretos y tramas oscuras que incluye misterio e investigaciones periodísticas y judiciales, entre otros: es un thriller con muchos ingredientes estupendamente mezclados. Excepto en un momento en el que se tiene la impresión de estar siguiendo una línea argumental innecesaria, el autor logra mantener la tensión y, lo que es mejor, la credibilidad de lo que se está contando (a saber si de ahí se ha filtrado que quizá el autor fuera asesinado). Por otro lado, Blomkvist y Salander son indudablemente los personajes principales, lo que no quita que, a diferencia de La chica que soñaba..., esta vez el protagonismo esté bastante más repartido, con una mención especial para la hermana de Blomkvist, Annika Giannini, clave para la resolución de la historia. Me molesta, eso sí, la magnificiencia con la que se trata al personaje de Mikael Blomkvist: como la figura de Arnau Estanyol de La catedral del mar, me parece exagerada: está a un solo paso de la "beatificación" (periodística, en este caso).
La reina en el palacio... es la más floja de las tres novelas, aunque no hace desmerecer en absoluto el resultado global de la trilogía. Por cierto, mientras que el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, puede leerse de forma independiente, no puede decirse lo mismo de las dos siguientes, que precisan de una lectura no sólo conjunta, sino que hasta añadiría que inmediata. Una cosa está clara: hay que quitarse el sombrero y lamentarse por el hecho de que no vayan a a ver más historias de Stieg Larsson.

domingo, 22 de febrero de 2009

Bad men

Mientras me recupero de haber visto Zohan, licencia para peinar, firme candidata a peor película del año (casi a la altura de El espantapájaros asesino, buff), un breve comentario sobre Bad men (Hombres malos), thriller de John Connolly: con esta ya he leído todas sus novelas, y tengo ya muchas ganas que se publique, el próximo 2 de junio, The lovers.

Sinopsis de Bad men: En 1693, la isla Dutch Island, antes conocida como Sactuary, fue escenario de una salvaje masacre cuyas reminiscencias llegan hasta el día de hoy. Joe Dupree, policia y guardián de muchos secretos de la isla, deberá enfrentarse a su Mal así como en la personificación de Moloch, quién buscará culminar una venganza.

Bad men incluye los elementos habituales de Connolly: misterio, terror, connotaciones sobrenaturales, ambientes opresivos (hasta aparece Charlie Parker -el personaje principal de la gran mayoría de obras del autor, jeje), etc. Se deja leer con facilidad, aunque a veces se abusa de las descripciones psicológicas de los personajes. También se echa en falta algo de personalidad (¿carisma) tanto de John Dupree como de Moloch, su antagonista - aunque el verdadero protagonista es la propia isla, con su ambiente opresivo, espacios cerrados, etc. Pues nada, es una novela que está por debajo de cualquiera de las historias de Charlie Parker, y bastante por encima de la (muy) decepcionante El libro de las cosas perdidas. Valoración: un 6,5 sobre 10. Para la playa, en resumen.

martes, 17 de febrero de 2009

Contagia el catalán

La Generalitat de Catalunya ha puesto en marcha la campaña Encomana el català ("Contagia el catalán"), entre otros motivos porque una encuesta "revela que el 70,6% de la población cambia de lengua cuando una persona les habla en castellano en una conversación iniciada en catalán y que sólo un 18,5% no cambia de lengua". Implicar a los no catalanohablantes en el uso de un idioma como el catalán es una buena idea: por ejemplo, enriquece tanto la lengua como al hablante, se abren nuevas vías de comunicación, etc. La Generalitat se ha gastado la nada despreciable cifra de 228.543,20 euros, casi 40 millones de pesetas, en una campaña que, principalmente, se nutre de anuncios de televisión y prensa - a saber cuánto recibirán Avui o Vilaweb, por cierto. También servirá para algún que otro desayuno, comida, merienda o cena que organice, en pro de la llengua catalana, la Secretaria de Política Lingüística, obviamente. Claro que, como siempre, el problema resida más en la forma que en el fondo.

Posiblemente la campaña quede como una anécdota y no tendrá efectos prácticos. Dudo mucho que alguien decida seguir las indicaciones de Carod-Rovira (ese que, como Mikimoto, viaja por todo el mundo con los gastos cubiertos por los contribuyentes) después de ver el "homenaje a Bollywood", sinceramente. Más que gastar el dinero en anuncios se hubiese podido invertir directamente en educación, cursos gratuitos para los no catalanohablantes, subvenciones directas a entidades y asociaciones, etc. Pero no, según parece, es preferible hacer publicidad y lanzar una cortina de humo que no actuar sobre el propósito mismo, lo que no deja de ser un contrasentido. Como aquella campaña que se hizo a principios de los 90 a favor de la lectura, en la que un mono jugaba con un libro sin saber qué hacer.

El anuncio es este.


sábado, 14 de febrero de 2009

Entre Kings of convenience y The whitest boy alive, Oasis

Mi intención era escribir sobre esa fabulosa novela llamada El quinto en discordia, de Robertson Davies, pero como no estoy inspirado a la hora de resumir mis impresiones, prefiero dejarlo para cuando haya acabado la trilogía en la que se engloba, La trilogía de Deptford. Así que hoy toca música.

El otro día mi gran amigo S me regaló el excelente disco de Kings of convenience, Quiet is the new loud, música folk entre Simon & Garfunkel y The Lemonheads (en su versión más acústica y melancólica), que he tenido el placer de ir escuchando a lo largo de la semana. Por otro lado, C, vía facebook, me recomendó The whitest boy alive, que suena en estos momentos vía spotify. Y entretanto, anoche asisití, junto con Emeshing y Roenick, al concierto de Oasis en el Pavelló Olímpic de Badalona.

No estuvo mal la cosa... por lo menos a nivel musical. Admito que no había escuchado su nuevo disco (Dig out your soul), lo que me daba absolutamente igual, ya que yo, como muchos, fuí a disfrutar de Champagne Supernova o Wonderwall. Eso se notó en el ambiente, no fue lo mismo oír Waiting for he rapture que Cigarrettes and coffee, por ejemplo. Me quedo con la versión de Don't look back in anger pensada por y para ser cantada (en plan karaoke) por el público, What's the story (Morning Glory) y The importance of being idle. Eché de menos Turn up the sun o Live forever (que sí sonaron en el concierto del 2005 en la Vall d'Hebrón), entre muchas otras - aunque claro, parece que los hermanos Gallagher no tienen intención de hacer conciertos de más de dos horas. Eso sí, a diferencia de hace poco más de tres años, esta vez estuvieron mucho más comunicativos con el público: saludaron en castellano, lanzaron panderetas y hasta se permitieron hacer algún que otro guiño a algunos de los espectadores. Como bien dice Emeshing en su crónica, "en definiva se ha tratado de un concierto que ha estado bien, pero con una banda que va de capa caída y tiene que rememorar los clásicos álbumes de los 90 para poder levantar una ovación del público".

Lo peor, como casi siempre, el "servicio" de bar, con precios abusivos (como si pagar 40 euros por la entrada no hubiese sido suficiente) y una pésima organización, aunque eso debe formar parte de la propia empresa organizadora, ya que las colas para acceder al recinto eran tan exageradas que nos dió tiempo a buscar un bar algo alejado del estadio, tomar una cerveza con toda la calma y regresar aún con tiempo para encontrar un asiento tranquilo.

The whitest boy alive sigue sonando: sí, C tenía razón, están muy bien. Para tenerlos en cuenta.

domingo, 8 de febrero de 2009

Cuatro síntomas

Aunque es inevitable que vayan pasando los años, no quita que haya momentos en los que recibimos señales de que ya no somos los de antes. Ayer fue uno de esos días.

Uno: por la tarde quise volver a ver Clerks, de la que siempre había hablado bien por tener un gran recuerdo: "Ya verás, te vas a reír mucho, tiene unos diálogos ingeniosos y muy divertidos", pronostiqué. A los treinta minutos ya habíamos parado la película, en ese tiempo apenas esbozamos una sonrisa con la escena de los cigarrillos. Ni siquiera la digresión sobre Star Wars y las víctimas inocentes de la segunda Estrella de la Muerte me hizo gracia. Igual es ingenioso, pero lo que se entiende por gracioso, va a ser que no.

Dos: fuimos a cenar al excelente Agut, recomendación de mi gran amigo S. Desconocía que este restaurante está justo al lado del bar Tropezón, donde probé mis primeras patatas bravas, xibecas y sangrías. Hace unos años nunca se me hubiera ocurrido cenar al lado de uno de mis templos de juventud: ahora no cambiaría unas bravas por una suprema de dorada, o una cerveza barata por un buen rioja.

Tres: durante la cena el 90% de las conversacions giraron entorno al mundo del bebé y sus cuidados: cosas que pasan cuando coinciden una madre y una embarazada. Fue una clase práctica sobre ropa infantil y sus complementos, molestias del embarazo, tipos de parto, clínicas especializadas y médicos sin trato humano.

Cuatro: llegamos a casa poco antes de las 2 de la mañana con la sensación de "por fin", sobretodo una vez sobrevivido al encuentro con grupos de jóvenes borrachos en el metro, dos chicas góticas con semblante de querer acabar con el mundo y un frío demasiado acusado.

martes, 3 de febrero de 2009

Dos músicas

Uno: algo pasa en casa de nuestros vecinos: no vivimos el jolgorio de los viernes por la noche, ni oímos el subir y bajar de sus invitados por la estrecha escalera. A ella la hemos visto fugazmente en el portal, mientras que de él no sabemos nada: su nombre sigue en el buzón, eso sí. Su música ya sólo nos acompaña los fines de semana, nunca en horas intempestivas, y casi siempre con las mismas canciones: Falling slowly, de la banda sonora de Once (a ver quién les/le dice que esa pareja se ha separado) y de Radiohead, sobre todo No surprises. Estamos por grabarles/grabarle un CD con charanga y diversa música de fiesta, o con capítulos de IT Crowd (¡qué gran serie!) a ver si se animan/anima y devuelven/devuelve algo de emoción al vecindario.

Dos: acabo de oír cómo humillaban a Elvis en el metro. Sí, un músico (si por músico se puede considerar a alguien que martillee una guitarra) me ha hecho acelerar el paso para no oír algo que pretendía parecerse a Hound dog. O algo así. Me ha dado tiempo a ver que alguien se había atrevido a dejar unas monedas, seguro que ha sido él mismo. Terrible. No debería ir uno aladrando canciones y querer cobrar al mismo tiempo - aunque ahora se me ocurren unos cuantos muchos "cantantes" que han hecho de esto una forma de vida.