viernes, 30 de enero de 2009

Lost

Otro ejercicio de exorcismo y, lo que son las cosas, también con Coldplay. Esta vez se trata de Lost, Just because I'm loosing, doesn't mean I'm lost...

jueves, 29 de enero de 2009

Pequeña escapada

Aprovechando que teníamos unos días de descanso, decidimos hacer una breve escapada a la Conca de Barberà para disfrutar de La ruta del cister. Esta ruta, que debería realizarse a pie o en bicicleta (nosotros la hicimos en coche), sirve de enlace entre tres monasterios cistercenses: Poblet, Santes Creus y Vallbona de Les Monges. De no ser por el agobiante y machacón viento que azotó la comarca esos días (con las consabidas tristes consecuencias) nuestra experiencia hubiese sido del todo positiva.
El lunes, de camino a Poblet, paramos en Montblanc para pasear por sus calles medievales e ir abriendo apetito. A destacar la excelente información que nos proporcionaron en "Información y Turismo", así como la cara comida que nos obsequiaron en el restaurante Mallol: precios de gran capital por una comida tan sólo algo más que correcta. De allí fuimos directamente al Monasterio de Poblet, donde al ser lunes por la tarde sólo coincidimos con un grupo de cuatro chicas, la visita guiada resultó ser agradable y casi personalizada. Decidimos pasar lo que quedaba de tarde en Valls. Sercotel mediante habíamos reservado una habitación en el Hotel Villa Engracia (link 5), en Las Masias de Esplugues de Francolí: debido a los fuertes vientos el hotel tuvo que alquilar un generador eléctrico, si no llega a ser por este detalle hubiésemos tenido que buscarnos otro lugar donde hospedarnos. No hay mucho que decir, excepto que pasamos algo de frío en la habitación, no hay nada que objetar.

Al día siguiente, después de un copioso desayuno, fuimos al Monasterio de Santes Creus, donde no sólo la entrada nos salió gratis (el monasterio es propiedad de la Generalitat de Catalunya, por lo que ese día el acceso es gratuito), sino que tuvimos la inmensa suerte de llegar pronto y no tener que compartir con nadie nuestra visita. Gozar del silencio del claustro o de su iglesia fue una gratísima experiencia. De allí partimos casi corriendo al Monasterio de Vallbona de les Monges, la tercera parada de la Ruta del Cister, donde, al igual que el Monasterio de Poblet, donde viven los monjes, sigue estando ocupado por monjas. La entrada incluía una visita guiada (imprescindible para observar y entender la historia del claustro, por ejemplo) que tuvimos, otra vez, la suerte de disfrutar solos. Ya de camino a casa paramos para comer en el Hostal Colomí de Santa Coloma de Queralt: buena atención, mejor comida a precio razonable, 13 euros un menú generoso. Cómo no, la alegría de nuestra escapada desapareció no al llegar a casa, sino al encontrarnos con la imposición de conducir a 80 Km/h en autopista a falta de 18 kilómetros para llegar a Barcelona. Para ponerse de mala leche. Directamente.

miércoles, 28 de enero de 2009

Temple, Chandler, Connolly

Para resarcirme de la frustrante lectura de El fuego, firme candidato ya a peor libro del 2009, y a la espera de la tercera parte de la trilogía Millennium de Stieg Larsson, he leído unas cuantas novelas que, por lo menos, han logrado despertar mi atencion. En primer lugar cayó en mis manos La costa maldita, de Peter Temple, un más que correcto policiaco cuyas mayores virtudes son un personaje principal bien definido y espíritu propio, una trama correcta y diálogos fluídos. Más información, aquí. Luego llegaron La hermana pequeña y La ventana siniestra, ambas de Raymond Chandler. Sin duda alguna me quedo con la segunda, más alejada del planteamiento clásico de la novela negra, a saber: una "misteriosa" mujer que solicita los servicios del (misógeno) detective privado. En las dos historias las sorpresas argumentales se suceden, llegando a un final coherente. En La ventana siniestra se mantienen algunos de los clichés de Chandler (el mafioso y su chica, la mujer débil y agradecida, etc), por lo que se agradece alguna que otra sorpresa como la secundaria aparición del hombre que le persigue indisimuladamente.

Lo que tiene Amazon: uno entra a mirar unas cosillas y acaba comprando, en mi caso Nocturnes y Bad men, ambas de uno de mis escritores favoritos, John Connolly. El primero es un libro de relatos de terror y misterio, el segundo un thriller con elementos sobrenaturales - como las otras novelas de Connolly en las que el gran Charlie Parker es el protagonista. Precisamente en Nocturnes Parker aparece en el relato The reflecting eye (¿El ojo que refleja?): se le encarga investigar la fotografía de una niña que ha sido dejada en el buzón de una casa deshabitada, donde unos años atrás vivió un terrible asesino. No deja de ser una historieta curiosa de Charlie Parker, en la que el máximo interés reside en empezar a conocer al Coleccionista, siniestra figura que juega un papel muy importante en Los Atormentados. Hasta el momento sólo he leído dos relatos más, The new daughter (que será llevada al cine con, oh cielos, Kevin Costner como protagonista) y The Cancer Cowboy rides, título que desvela el motor del argumento.

domingo, 18 de enero de 2009

Un abrazo

Creo que es en la novela Giro decisivo en la que el protagonista, el comisario Montalbano, debe buscarse un nuevo restaurante después del cierre de su trattoria favorita. Unos días más tarde, por casualidad, descubre en un lugar bastante recóndito un restaurante que le sorprende tan gratamente que decide que debe tratarse de un error, por lo que regresa para cerciorarse de que, afortunadamente, ha encontrado un refugio gastronómico. Después de degustar una serie de platos, el comisario Montalbano se levanta de la mesa y va hacia la cocina, donde, sin mediar palabra, abraza al cocinero. Y esa es justamente la sensación que he tenido hoy en el restaurante Can Bonay de Peratallada: mis dos platos, la sopa de pescado y el estofado de jabalí con setas, han sido abrumadores. Lo mismo puede decide decirse de las costillitas de conejo, los huevos rellenos de escamarlanes y rape o el postre, pà de pessic amb mousse de café i xocolata calenta.

Aunque Can Bonay nos coge bastante lejos de casa (a unos 120 km, aproximadamente), una visita anual es casi una obligación. No sólo porque la comida es exquisita, sino porque el trato del mâitre es afable y abierto, el ambiente agradable, familiar y de confianza y, el precio, ajustado. Y todo esto en un pueblecito tan encantador como medieval, Peratallada, en el que pasear por sus tranquilas calles relaja y, cómo no, abre el apetito. Andrés e Ingrid saben que sólo por el hecho de haberme recomendado este restaurante les estaré eternamente agradecidos. Y lo mismo dirán Emeshing y Adriana, que hoy nos han acompañado.

martes, 13 de enero de 2009

Dead Set

El día del mejillón mutante M y B nos recomendaron unas cuantas series de televisión, entre ellas Dead Set, de la que nunca habíamos oído hablar. "Trata de una epidemia zombie durante la emisión de Gran Hermano en Inglaterra", aclararon. Como el criterio de estos buenos amigos suele bastante fiable, y aunque la trama puede dar pie a confusiones y alguna que otra risa, tardamos pocos días en hacernos con la serie y sus subtítulos correspondientes y comprobar que se trata, efectivamente, de una serie recomendable.
Dead Set consta de cinco capítulos de corta duración (excepto el primero, que dura 40 minutos), en el que se narra la agonía de los concursantes de Gran Hermano durante una epidemia de infectados. Muy posiblemente nos hayamos perdido gran parte de los guiños al público británico (supongo que habrá referencias -tanto por diálogos, forma de ser de los personajes, etc- al Gran Hermano inglés; así como la activa participación de la presentadora real del concurso, Davina McCall), lo que no quita que se trate de una buena serie de terror, con sus situaciones y sustos habituales. Como no creo que llegue a emitirse en España (igual por alguna cadena de pago, a saber), estaría bien que se adaptara la idea para el Gran Hermano cañí al que nos tienen acostumbrados. A más de uno no le importaría ver a alguno de sus concursantes siendo devorado por zombies hambrientos. A mi, por ejemplo.

La república musical de su casa

Tenemos unos vecinos nuevos que hacen una máxima del lema de su felpudo: "Bienvenido a la república independiente de mi casa". Lo que hagan en su piso me da igual... hasta que encienden su equipo de alta fidelidad / home cinema y nos hacen involuntarios partícipes de sus gustos musicales. Sí, porque aunque la música llega mitigada por varias paredes, hemos sido capaces de reconocer la banda sonora de Once o a Tom Petty, entre otros. Apenas nos hemos cruzado con ellos un par en la escalera, "Hola-bon-dia", "Adeu-bona-tarda", etc, pero sabemos que es una pareja con una intensa vida social: viernes sí viernes también tienen invitados en casa. Invitados, por cierto, cuyos gustos musicales dejan bastante que desear (a mi parecer), ya que con ellos se escucha música máquina. La menor de las veces han obsequiado al vecindario con salsa - raras excepciones. Y como lo cortés no quita lo valiente, debo admitir que suelen ser bastante respetuosos, hacia la una de la madrugada apagan la música... o bajan el volumen - con lo que reconocerían su culpa. Regla que se confirmó con la excepción del sábado pasado, cuando tuve que picar a las cuatro y media de la madrugada a su puerta, "Buenas noches, ¿bajas el volumen de la música? Gracias".

Tan molesto es tener que aguantar maquineo a las doce de la noche como oír Falling Slowly a las cuatro de la tarde de un domingo, a punto de refugiarme en la siesta. A esas horas la solución pasaría casi por contraatacar con Stone Temple Pilots, subir exponencialmente el volumen del televisor aprovechando la violencia del home cinema o hacerles una (nueva) visita, aunque al final todo resultará en vano: viven en la república independiente de su casa y seguirán poniendo la música al volumen que les salga de los coj..... y no es plan de entrar en una guerra medíatica y, a la larga, ensordecedora. Habrá que recurrir a la diplomacia o a la presidencia, qué remedio.

domingo, 11 de enero de 2009

El fuego

Acabo de enfrentarme a la primera decepción literaria del año, El fuego, de Katherine Neville. Sí, se trata de la misma autora de El ocho y, efectivamente, ésta es su tan ansiada continuación. Pero lo que son las cosas, por mi se la podría haber ahorrado, o haberla escrito y dejarla inédita hasta el 2150, por ejemplo. No voy a perder mucho tiempo con este post (ya lo he hecho leyendo ese cúmulo de despropósitos que es El fuego), simplemente decir que, en muchas ocasiones, se ha incurrido en los errores habituales: personajes no creíbles, planos y sin apenas evolución; trama inverosímil, confusa, enrevesada y en algunos momentos sin pies ni cabeza; reiteración de trucos argumentales para lograr salir de algunas situaciones; y la utilización de un estilo narrativo lento siempre idéntico, en el que no es posible distinguir a un narrador de otro (como en El ocho, existen disgregaciones temporales, con uso frecuente de cartas y manuales que sirven para avanzar (??) y complementar la historia). Como en un compendio de frases de Matilde Asensi, vamos. Lo mejor de El fuego: me lo han dejado y no he sido la víctima que ha pasado por caja, jeje. Mi valoración: un 2 sobre 10. Y por si a alguien le interesa, esta es la trama (sic): "Alexandra Solaris recibe una invitación al cumpleaños de su madre, Cat Velis (que repartiera las piezas del juego en la otra novela) residente en Rusia. A su llegada Alexandra se percatará de que su madre no está donde decía. Allí sí están una serie de personas que le instan a que prosiga la partida de ajedrez que comenzara 20 años antes. Algunos quieren jugarla y otros..." (gracias blogdelibros).

martes, 6 de enero de 2009

La ola (Die Welle)

Aunque estando enfrente de las taquillas tuve mis dudas acerca de la conveniencia de ver La ola, al final Emeshing (su crónica, aquí), Roenick y yo decidimos comprar las entradas, lo que acabó resultando ser una excelente decisión, la película nos gustó mucho más de lo que pudiéramos haber imaginado. La sinopsis es la siguiente: "Durante la semana de proyectos, al profesor de instituto Rainer Wenger (Jürgen Vogel) se le ocurre la idea de un experimento que explique a sus alumnos cuál es el funcionamiento de los gobiernos totalitarios. Comienza así un experimento que acabará con resultados trágicos. En apenas unos días, lo que comienza con una serie de ideas inocuas como la disciplina y el sentimiento de comunidad se va convirtiendo en un movimiento real: LA OLA" (gracias Lahiguera).

Cuando se sale del cine uno tiene la sensación de que realmente es sencillo invocar y crear un sistema totalitario, a pesar de que en la película las víctimas son unos alumnos adolescentes y, por lo tanto, en teoría más moldeables y abiertos a la sugestión. A base de reglas e imposiciones, el profesor consigue generar un vínculo, un sentimiento de solidaridad entre los alumnos que traspasa las aulas y que desemboca, inevitablemente, en tragedia. Gran parte del buen hacer de la película radica, cómo no, en un guión correcto y más que inquietante, pero sobre todo en unos personajes (el profesor, los alumnos) perfectamente radiografiados y que, por ejemplo, representan, cuando llega el momento, el rol que se (les) asignaría en un estado totalitario. El mensaje está claro: el peligro de una recaída totalitaria está allí, nunca debe bajarse la guardia. Y todos deben estar atentos, en La ola no sólo el profesor es el culpable o responsable, sino también los demás profesores y, por supuesto, los padres. Mi valoración: un 8 sobre 10.

sábado, 3 de enero de 2009

Verdammnis o La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Me preguntó R, un compañero de trabajo, si le había echado un vistazo al CD ¿Qué he hecho todo este tiempo sin un Mac? que me había dado unos días antes. Según me comentó, allí había software de gran utilidad para mi flamante primer MacBook. "Ya lo miraré, ahora mismo mi tiempo libre lo absorbe una novela policíaca", contesté. Eso es justamente lo que he estado haciendo estos días, dejarme arrastrar por La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, o mejor dicho, por Verdammnis, ya que la he leído en alemán. Se trata de la segunda parte de la trilogía denominada Millennium creada por Stieg Larsson, que engloba la famosísima Los hombres que no amaban a las mujeres y la aún inédita en España La reina en el palacio de las corrientes de aire (creo que será publicada en junio).

Entre Los hombres... y La chica... hay diferencias que hacen, a mi parecer, que la segunda sea más interesante. Se trata de una novela con una protagonista casi absoluta, Lisbeth Salander, personaje atractivo, magnético y que, a pesar de sus "peculiaridades" (que, por cierto, son explicadas y justificadas a lo largo de la trama), es totalmente creíble. Lo mismo pasa con Mikael Blomkvist, Paolo Roberto, Bublanski o cualquier otro que aparezca en las páginas: con las explicaciones del narrador y, mejor aún, mediante las propias acciones de los personajes no existen malas interpretaciones, incongruencias y, consiguientemente, críticas negativas. Luego, mientras que en el primer libro la trama se divide en dos partes, la búsqueda del asesino de Harriet Vanger y la lucha de Mikael Blomkvist contra un imperio empresarial, en La chica... la acción se centra básicamente en la figura de Lisbeth Salander y en la defensa de su inocencia por demostrar que no asesinó a tres personas, lo que llevará al lector a descubrir sorprendentes aspectos de su pasado. Una importante línea argumental con distintas ramificaciones: sobre todo, la prostitución y el tráfico de jóvenes mujeres inmigrantes de países del este (que da pie al arranque de la trama), luego llegan críticas a los medios de comunicación suecos o algunos de sus métodos educativos y descripciones sobre la actuación e investigación policial, entre muchos otros.

No puedo obviar la manera en que Stieg Larsson es capaz de mantener la tensión en casi 800 páginas, uno tiene la impresión de que realmente no está pasando nada que pueda tener relevancia, cuando, de repente, ocurre algo que imprime ritmo, emoción, sorpresa y... angustia, sobre todo en las páginas finales. Además, que alguno de sus personajes principales ya hayan aparecido en la primera novela, evita que sus presentaciones sean largas y que el autor pueda pasar directamente a la acción. Con esto no quiero decir que sea imprescindible leer Los hombres..., pero sí que es recomendable hacerlo para tener una visión global. Y, sinceramente, se trata también de un excelentísimo policíaco. Mi valoración de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina es de un 9,5 sobre 10.

No puedo evitar referirme a la traducción del título de las novelas. El equivalente en el idioma alemán son Verblendung, Verdammnis y Vergebung. Algo así como "encegado", "maldición" o "perdón". No tiene mucho que ver con los títulos en castellano, que digamos.