sábado, 29 de noviembre de 2008

No volveré a leer a Henning Mankell

Aunque apenas me faltan unas 50 páginas para acabar con la lectura de El chino, la última novela de Henning Mankell (la sinopsis, aquí), y, por lo tanto, no debería emitir juicios de valor, estoy seguro de que no volveré a interesarme por ninguno de sus libros. Lo último que leí de Mankell, El cerebro de Kennedy, tiene un estupendo punto de partida, pero me pareció bastante flojo en lo que a la coherencia interna se refiere (gran parte de la trama no tiene sentido, cuesta entender el porqué de ciertas acciones), pero agradecí que hiciera hincapié en la problemática del abuso y extorsión que las grandes empresas farmaceuticas hacen en África, lo que posteriormente me llevó a disfrutar con El jardinero fiel de John Le Carré.

El problema de El chino no es tanto de coherencia interna como de concepto. Se vende como un thriller, aunque de policiaco apenas tiene un más que interesante arranque (el brutal asesinato de 19 personas en un pueblo de Suecia), luego se pierde en banalidades costumbristas (nulo interés e importancia tiene que la protagonista no sea muy feliz en su matrimonio) y reflexiones acerca del colonialismo, las doctrinas de Mao o el (falso) aperturismo del gobierno chino, por ejemplo. Lo que obviamente lastra la trama de descubrir el quién y el porqué de unos asesinatos que, lamentablemente, no dejan de ser una excusa para que el narrador (o el autor - en este caso no creo que deban hacerse distinciones) hable sobre lo que realmente le preocupe: el abuso de poder (sea en China o Mozambique) o las injusticias a las que siempre son sometidos los más débiles, entre otros. De todas formas, la investigación en sí tampoco es demasiado interesante, está basada en la casualidad y no en la capacidad de deducción de su protagonista.

Sinceramente, es una lástima que Henning Mankell no piense en hacer regresar a su inspector Wallander, de largo su mejor personaje. Se echan de menos historias como las de Falsa pista o La quinta mujer. Así que espero con ilusión que el lunes me dejen Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, de la que sólo tengo y he encontrado excelentes referencias.

lunes, 24 de noviembre de 2008

... algo bueno al despertar

La canción Sabor salado de los (¿desaparecidos?) Ronaldos empieza con la frase "No hay nada mejor que algo bueno al despertar / y si tú estas a mi lado, ¿qué mas puedo yo esperar?". Gran verdad, tener un despertar alegre ayuda sobremanera a enfrentarse a los quehaceres de la vida. Entonces, es comprensible que uno, mientras prepara el primer café del día, esboze algo más que una sonrisa al escuchar esta canción:

domingo, 23 de noviembre de 2008

Concierto Pinker Tones

El viernes pasado estuvimos en el concierto de los Pinker Tones en el Espacio Movistar. Como ya va siendo habitual, salimos muy contentos por el espectáculo ofrecido e incluso se nos hizo algo corto, aún cuando fueron algo más de 100 minutos de sesión contínua. A diferencia del anterior concierto en la sala Apolo, en esta ocasión no hubo una parte acústica, sino que se trató una sesión de remezclas (dividida en dos partes) de sus propios temas, en las que, a mi entender, se echó en falta que trabajaran más con temas de su primer disco, como Viva la juventud o Mais pourquoi?, por ejemplo. Lo que, por otro lado, demuestra que ya tienen suficiente repertorio como para guardarse algún que otro as para cuando sea necesario. Destacaría también la inclusión de guitarras eléctricas convenientemente distorsionadas cuya relevancia se demostró en el último tema de la noche, Karma hunters. Finalmente, mención especial merece el que se ha convertido en el himno del grupo, Sonido total: "Sonido en el espacio / silencio en mi cabeza / rugido intergaláctico".

El Espacio Movistar, carpa acondicionada para conciertos, es bastante acogedor y se nota que ha sido diseñada para este tipo de acontecimientos. Es una lástima que desaparezca el año que viene, la verdad. Destacaré la zona lounge para sentarse y descansar un rato después del concierto. Finalmente, entre el público logré reconocer a Risto Mejide, cuya expresión facial parece de cartón-piedra, todo un homenaje a los peplum: algo me dice que el personaje empieza a estar por encima de la persona.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El observatorio

Como he leído casi todas las novelas de Michael Connelly, me apetecía zambullirme en la última aventura del policia Harry Bosch, El observatorio: "En su primer caso desde que abandonó la Unidad de casos sin resolver del Departamento de Policía de Los Ángeles por la prestigiosa Unidad Especial de Homicidios, Harry Bosch es llamado para investigar un asesinato que puede tener importantes consecuencias para la seguridad nacional. Un doctor con acceso a una peligrosa sustancia radiactiva es encontrado muerto en el observatorio de Mulholland Dam. Siguiendo sus pasos, Harry descubre que una gran cantidad de cesio radiactivo fue robada justo antes de la muerte del doctor. Con el cesio manos desconocidas, Harry teme que el asesinato sea parte de un complot terrorista para envenenar una gran ciudad americana. Pronto, Bosch se encuentra en una carrera contrarreloj, no sólo contra los culpables del crimen, sino también el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI (representado por Rachel Walling, antigua amante de Harry), quienes están convencidos de que este caso es demasiado importante para el departamento de policía de Los Ángeles. Bosch tendrá que demostrar que se equivocan" (gracias Fnac).
Se trata de una novela intrascendente, a la par que entretenida, que sigue los preceptos de lo que podría considerarse un esquema de la novela negra: la trama nace a partir de un asesinato que esconde más de lo que aparenta. Además, la historia no tiene repercusión alguna sobre los dos personajes principales que ya han aparecido en otras novelas (Echo Park, por ejemplo), Harry Bosch y Rachel Walling: no existe apenas una evolución en los personajes, por lo que, es de suponer, puede haberla en la próxima novela. Por lo demás, a diferencia a las otras novelas de Harry Bosch, la acción transcurre rápidamente, en apenas 12 horas, incluyendo una sorpresa final bien hilvanada y bastante coherente con el conjunto de la historia. En definitiva, lectura para el fin de semana o verano, para pasarlo bien - no vale la pena pagar los 19 euros (3150 pts - aprox) que cuesta el libro. Valoración: un 6,5 sobre 10.

martes, 18 de noviembre de 2008

Confirmado: la navidad está aquí

Pues eso, la navidad ha llegado. Se palpa en los omnipresentes anuncios de juguetes, perfumes y ropa y se ve en los supermercados, donde el marisco congelado y el vino ya están de oferta y las bolsas llevan impresas el "Feliz navidad / Bon Nadal" de rigor con los propios símbolos de estas fechas, un Papa Noel con sus renos, trineos en movimiento, nieve que cae, etc. Pero fue ayer cuando constaté su presencia entre nosotros: en la calle, justo al pasar por delante de la parada del autobús, y a pesar del frío incipiente, un niño practicaba con una flauta los acordes del jingle bells bajo la paciente y resignada mirada de su abuela. Ya sólo falta que enciendan los adornos de las calles (ya hace tiempor que están puestos) y que se anuncien las primeras fiestas de fin de año, entonces la navidad será completa. Y con un poco de suerte la navidad se irá antes, así se evitaría, por pedir algo, la cuasi-obligada cena de navidad con los compañeros de trabajo. Suerte que siempre nos quedará Calvin y Hobbes...

domingo, 16 de noviembre de 2008

Tres compromisos, tres restaurantes

El viernes, después de una tarde bastante ajetreada (visita a casa de Emeshing, café en casa de mi padre) fui a un bar de tapas bastante conocido de Barcelona, La esquinica (Passeig Fabra i Puig 296), donde había quedado con ex-compañeros de trabajo. Al principio, cuando uno llega y ve la cola que se forma en la entrada (hay que coger tanda, como si de la pescadería se tratara), es posible que se espante, pero esta imposición de esperar un (buen) rato no molesta cuando uno se da cuenta de que, efectivamente, La esquinica hace honor a su fama: excelentes tapas (destacaría, por decir algo, las patatas bravas), gran ambiente y con unos camareros destilan un extrovertido sentido del humor. Aunque, lo mejor, es el precio: demasiado generoso y muy agradecido para los bolsillos. Lo malo: a pesar de que las mesas está bien distribuidas, se nota que hay demasiada gente y, por otro lado, el bar impone el momento de marcharse, nada de tertulias o explaiarse con el café.

El sábado fuimos a cenar con A e I, con los que siempre es un placer quedar. El lugar escogido fue el restaurante Recasens (Rambla Poble Nou 102, Tel: 93.300.81.23), del que ya he hablado en otra ocasión, aunque era la primera vez que íbamos de noche. Para nuestra sorpresa, había muchísima gente, tanto para cenar como para comprar alguno de los excelentes embutidos, quesos, patés, vinos u hortalizas que tienen en la tienda de la entrada. La reserva que había hecho una semana de antelación (!!) demostró ser casi necesaria. La cena fue como se esperaba: trato amable y simpático por parte de los camareros, magníficas ensaladas (una de salmón, otra de foie), unas generosas tablas de embutido ibérico y quesos franceses, buen vino y un postre, coulant de chocolate, a la altura de los platos principales. El precio, cómo no, ajustado. Eso sí, tanta gente hace que las mesas, que ya de por sí no son muy grandes, parezcan más pequeñas. Pero por lo demás, nada que objetar.

El domingo asistí a una comida de ex-compañeros de colegio. Por fuerza tuve que olvidar lo bien que había cenado la noche anterior, ya que alguien eligió el Monchos de la Travessera de Gracia como lugar de encuentro. No tenía muy buenos recuerdos de ese lugar, y se me ha confirmado que es un sitio donde se come poco y mal y pagando, además, un precio abusivo. Además del reencuentro más que entrañable con algunos con los que compartí pupitre en párvulos, por lo menos esta vez no han aparecido los folclóricos tunos. Si ya lo dicen, quien no se consuela es porque no quiere.

¿El próximo restaurante? Supongo que será el Embat, del que hoy me han hablado muy bien.

lunes, 10 de noviembre de 2008

El mejillón

Aunque parece que su procedencia es algo incierta (B y S dedujeron, entre risas, que debía ser de Ucrania, mientras que hoy J me ha hablado de Vandellós), de lo que no se duda es de su carácter radioactivo. Pero lo cierto es que, aliñado con unas gotas de limón exprimido, este mejillón mutante estaba realmente bueno, al igual que los rovellons, las butifarras amb bolets, el trinxat de la Cerdanya y los buñuelos de bacalao que pudimos degustar como primeros platos el sábado pasado en el Racó de la Vila. Por no hablar de la espaldita de cordero o del civet de ciervo que elegimos como segundos...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Viva la vida

Esta canción lleva unos cuantos días rondándome por la cabeza - que se lo pregunten a mis compañeros de despacho. Así que, como terapia o ejercicio de exorcismo, la publico en el blog.

Llamadas

Durante cuatro o cinco mesos alguien (difícil saber si era un niño, una niña o una mujer mayor con una voz bastante apagada) solía llamarme día sí día también desde Galicia. Nunca he estado allí, aunque admito que sí que tuve una amiga en La Coruña con la que me carteé durante algunos años de mi tierna adolescencia. Pero dejando de lado esta anécdota, y que tengo amigos que han visitado Pontevedra u Orense alguna que otra vez, no guardo ninguna relación con Galicia. Nada. Entonces, cuando veía que de nada servía que yo dijera que no, que yo no era Susana o Sonia (??), que tampoco había nadie a mi alrededor que se llamara así y que se estaba equivocando, no sabía si tomármelo a broma (la menor de las veces) o sencillamente no descolgar el teléfono. Así hasta hace un mes, aproximadamente, cuando volvieron a intentarlo en vano a eso de las 23h. Pienso que quién llamaba realmente se estaba equivocando (lo que me reafirma que debía ser una mujer mayor, por ejemplo) y que no había mala fe.

Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de los comerciales de Movistar. Si me llaman y les digo que no me interesa nada de lo que puedan ofrecerme (dudo que me regalen llamadas gratis durante 10 años, jeje) no tienen porqué volver a insistir un sábado a mediodía (a eso de las dos, a punto de comer) o un miércoles poco antes de cenar. Son unos pesados. Con este tipo de gente no pierdo el tiempo, siempre que veo una llamada del 1485 en la pantalla de mi teléfono lo rechazo. Si tuvieran algo que me interesara (el iPhone, no) ya me acercaré yo por alguna de sus tiendas.

Claro que los pesados del 1485 son angelitos comparados con los comerciales de Gas Natural. Que le pregunten a Roenick, que recibe una media de 6 (uno dos tres cuatro cinco seis) llamadas diarias preguntando si quiere abonarse a sus servicios. Eso es directamente acoso, a mi simplemente me recuerdan su existencia.