lunes, 29 de septiembre de 2008

De lecturas complementarias

Hará unos años cayó en mis manos la excelente La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, donde "asistimos a un doble retorno. Mientras Urania visita a su padre en Santo Domingo, volvemos a 1961, cuando la capital dominicana aún se llamaba Ciudad Trujillo. Allí un hombre que no suda tiraniza a tres millones de personas sin saber que se gesta una maquiavélica transición a la democracia" (gracias Alfaguara). Sus primeras líneas me cautivaron sobremanera: "Urania. No le habían hecho un favor sus padres; su nombre daba la idea de un planeta, de un mineral, de todo, salvo de la mujer espigada y de rasgos finos, tez bruñida y grandes ojos oscuros, algo tristes, que le devolvía el espejo. ¡Urania! Vaya ocurrencia. Felizmente ya nadie la llamaba así,sino Uri, Miss Cabral, Mrs. Cabral o Doctor Cabral" (más, aquí). Durante su feliz lectura uno de mis amigos me recomendó que complementara la historia y la trama con Galíndez, obra mayúscula de un escritor que considero francamente difícil de leer (por intensidad y fuerza inusuales), Manuel Vázquez Montalbán. En Galíndez también se habla de Leónidas Trujillo, aunque desde un punto de vista más cercano a los españoles: "la reconstrucción parcialmente factual y parcialmente ficticia, de la peripecia humana e histórica de Jesús de Galíndez Suárez, militante del Partido Nacionalista Vasco" (gracias Vespito). Ambas lecturas tienen como nexo la situación política de la República Dominicana, una "desde dentro" (la vida Urania Cabral, hija de un estrecho colaborador de Trujillo, como hilo conductor), la otra desde el punto de vista de un exiliado vasco, con implicaciones políticas de España y los EEUU, entre otros. Y sirven para radiografiar no sólo a un dictador, sino a una época con sus paranoias y miserias.

Algo parecido me ha ocurrido después de leer El cerébro de Kennedy, del (muy) sobrevalorado Henning Mankell, donde una investigación sobre el suicidio de su único hijo lleva a una mujer a descubrir una sórdida red de investigación con enfermos de SIDA. La novela es bastante floja (por ejemplo, no queda claro porqué el hijo se comportaba de esa manera ni de dónde sacaba el dinero, ni se entiende cómo es que la protagonista asume con tanta naturalidad los asesinatos que ocurren delante de ella, o porqué no la matan directamente a ella - y así nos ahorramos el 60% de la novela, jeje), aunque sí que es verdad que ha despertado en mi cierta curiosidad para saber algo más sobre África y las actuaciones de las grandes industrias farmaceuticas. Así que he empezado a leer El jardinero fiel, de John Le Carré, y aunque me gustó bastante la adaptación al cine que hizo Fernando Mereilles, tengo la esperanza que la novela profundize un poco más en las críticas, descripciones, etc. De momento lleva leídas ya unas pocas 80 páginas, me aventuro a decir que la cosa pinta bastante bien, mucho mejor que Single & Single, otra novela de Le Carré, del que tengo vagos recuerdos no muy positivos.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

En Lanzarote

Una semana en Lanzarote dan para mucho, pero sobre todo para desconectar y olvidarse de (casi) todo por unos días. Podría hacer un resumen como el que nos maravilla Emeshing cada día sobre sus aventuras por Nueva York, pero prefiero ser más escueto y esquemático.
El viaje: el vuelo con Spanair fue del todo correcto, sin incidencias a destacar: si acaso, un ligero retraso de 15 minutos en el regreso, nada más. Pudimos reservar los asientos y hacer el check-in por internet, lo que nos permitió ahorrar bastante tiempo, haciendo apenas cola en el aeropuerto.

El hotel: estupendo, imposible ponerle alguna pega, por algo se trata de un "cinco estrellas". Correctísima atención personalizada; las habitaciones estaban siempre impolutas cuando volvíamos de nuestras jornadas de turismo; el buffet del desayuno era copioso y estaba bastante bueno; las piscinas siempre estaban limpias (tanto el agua como el recinto en sí)... Podría poner algún "pero" (el horario de recogida y devolución de las toallas, en la habitación se podía levemente oír si el vecino abría el armario o se duchaba), aunque me parecen tan nimios en comparación a las demás virtudes, que no creo deban considerarse.

Comer y cenar: destacaré tres restaurantes que, por un motivo u otro, llamaron nuestra atención de manera muy positiva. Sin duda, donde mejor comimos fue en el restaurante Costa Azul de El Golfo, nos obsequiaron con una magnífica "vieja" y otro pescado cuyo nombre no somos capaces de recordar. Además, no salió caro (sobretodo si lo comparo con El Arenal de Barcelona, donde cobran con pasamontañas) y nos atendieron con un saludable sentido del humor. Otro restaurante a destacar es La lonja de Puerto del Carmen (está en la parte antigua), donde probamos unas estupendas lapas con mojo y disfrutamos del "gallo" y la "burra", pescados típicos de la zona. Finalmente, recomendar el Acatife de Teguise, buena comida amenizado con simpatía por parte de sus propietarios.
La isla: la visita al Timanfaya es obligada, aunque una vez allí sólo te permitan visitar el parque con la guagua, teniendo que hacer las fotos sin siquiera poder bajar. El precio de la entrada es algo excesivo, al igual que el de "La cueva de los verdes" (existe un vale que permite visitar las cuatro atracciones turísticas con algo de descuento - 26 euros, creo), pero en ningún caso demasiado abusivo. Luego es muy recomendable pasear por las tranquilas calles de los diferentes pueblos, Teguise, Yaiza, Famara y Orzola, entre otros. Mención especial merecen Puerto del Carmen y Playa Blanca: pensadas por y para el turismo (sobre todo para el británico - no recuerdo haber visto tal proliferación de pubs como allí, ni siquiera en Cambridge, donde pasé un verano terrorífico), se salvan sólo por el la Casco Antiguo (Playa del Carmen) como por su sencillo paseo marítimo y sus breves playas (Playa Blanca). Y hablando de playas, las del Papagayo son muy apropiadas para tomar el sol y relajarse. Eso sí, es indicado llevarse una sombrilla (apenas existen lugares con sombra) y tres euros para pagar la entrada si uno decide entender lo que es una verdadera carretera de tierra y se va en coche. De Arrecife, donde parece que toda la población de la isla se haya condensado allí, sólo recuerdo la agresiva conducción de los lugareños, hacía tiempo que no sudaba tanto al volante. Finalmente, aunque nos recomendaron la visita a la isla de La Graciosa, al final no fuimos, más por pereza que por otra cosa. Además, sirve como excusa para regresar, sin duda alguna, Lanzarote es un lugar que se merece más de una visita.

jueves, 18 de septiembre de 2008

The reapers

Emeshing y Adriana atendieron mis súplicas y me compraron en la tienda McNally Jackson de Nueva York la última novela de John Connolly, The reapers, que aún no ha sido publicada en España (supongo que Tusquets la editará a lo largo del 2009). Como las anteriores historias de este escritor irlándes que tienen a Charlie "Bird" Parker como protagonista (Todo lo que muere, El poder de las tinieblas, Perfil asesino, El camino blanco, El ángel negro y Los atormentados), lo he devorado casi de un tirón, degustando cada una de sus páginas. Y creo que no hay otra forma de hacerlo, ya que, aunque pueda sonar a tópico, atrapa desde la primera frase ("Sometimes, Louis dreams of the Burning Man"), la trama no deja de sorprender y, para aquellos que hemos leído todas las novelas anteriores, se llenan, para nuestra alegría, muchos huecos en lo que a las vidas de Louis y Ángel, los ángeles custodios del detective, se refiere.

En The reapers no es Parker el protagonista, sino sus (casi únicos) dos amigos. Louis, que en su juventud vió como todo un pueblo quemaba brutalmente a un hombre, lo que despertó en él un fuego interior imposible de apagar, y que luego vengó con sangre fría el asesinato de su madre, empieza a ser perseguido por su tormentoso pasado bañado en sangre. Alguien muy poderoso está acechando su casa, sus negocios y a su pareja, Ángel, por lo que no dudarán en hacerle frente, aún desconociendo quién es exactamente su enemigo y sin saber en quién confiar... Así, como en Los atormentados, la venganza vuelve a ser el motor de una complicada trama en la que, esta vez, el pasado de Louis es el hilo conductor.

Admito que después del (algo) decepcionante El libro de las cosas perdidas, novela de John Connolly que nada tiene que ver con Charlie Parker, me invadió cierto escepticismo, y más al saber que el propio Parker apenas aparecería en ella. Pero no, me equivoqué: se mantiene la tensión habitual de estas novelas, el argumento es creíble, los personajes secundarios están estupendamente definidos (con especial mención a Willie Brew, el mecánico de Louis y Ángel) y vuelve parte de esa esencia sobrenatural que confiere, aún más, un ambiente más tenebroso. Mi valoración: un 9,5 sobre 10.

Espero impaciente la próxima novela de Connolly, The lovers, esta vez con Charlie Parker otra vez como protagonista: si el año que viene ninguno de mis amigos decide ir a los EEUU, lo compraré via Amazon, seguro.

martes, 9 de septiembre de 2008

Breve: vacaciones

Este blog se va una semana de vacaciones a Lanzarote, a disfrutar de una isla cuyas referencias no pueden ser más halagüeñas. En mi ausencia recomiendo leer las crónicas de Emeshing sobre Nueva York (¡gracias por la postal!, ahora descansa entre los poemas de Nietzsche y La velocidad de la luz, de Javier Cercas), los gadgets de Roenick, las historias de Asane desde Blankenloch, el silencio (¿vacacional?) de La Tremolina, la instructiva filosofía de Piluky o las novedades de los Pinker Tones, cuyos vídeos musicales son cada vez más sorprendentes; ahí están Fugaz o Working bees para demostrarlo. De todas formas, lo mejor para encarar un merecidísimo descanso es un poco de humor... (y lo mismo digo para los que tienen que trabajar, of course).

domingo, 7 de septiembre de 2008

Recasens

Hará cosa de unos pocos meses descubrimos uno de esos restaurantes a los que no sólo te apetece volver, sino al que quieres regresar para seguir disfrutando de su comida. Se trata del Recasens, situado en la Rambla de Poblenou 102.

Nada más entrar ya se disfruta de una exposición de olores e imágenes de frutas, verduras, quesos y embutidos, no en vano también se dedican a su venta. Hasta el momento (nos comentaron que, a partir de la semana que viene, iban a cambiar el menú y dedicarse a las carnes, pescados y pasta, entre otros) su oferta estaba basada en sabrosísimas ensaladas y tablas de quesos, embutidos y patés a precios populares y asequibles para todos los bolsillos. Ojalá lo sigan manteniendo. Otro punto muy favorable es que si uno no puede acabarse los embutidos, por ejemplo, los atentos camareros no dudan en envolverlo en papel de plata y meterlo en una bolsa. Eso sí, el local tiene una decoración algo peculiar y es bastante pequeño, por lo que las mesas se agolpan unas con otras y, si llegan a juntarse muchas personas, el sonido ambiental crece exponencialmente. Pero como, al fin y al cabo, de lo que se trata es de disfrutar comiendo, en esos momentos habría que seguir el ejemplo del comisario Salvo Montalbano y degustar la comida sin hablar con los compañeros, intentando abstraerse de todo ruido medioambiental. Finalmente, es muy muy importante reservar con (algo de) antelación para evitarse disgustos de última hora. Sin duda alguna, el Recasens es uno de esos restaurantes a los que hay que llevar a los amigos.