domingo, 27 de abril de 2008

Expediente X (y 2)

Un último apunte sobre Expediente X: en el capítulo Improbable aparece la canción Ça va ça va de forma machacona e insistente. Y lo peor es que luego uno acaba tatareando la melodía sin parar, ¡aún estando en la letra en francés! C'est terrible...

Expediente X

Gracias a mi compañero de trabajo O estas últimas semanas hemos acabado de ver las dos últimas temporadas de Expediente X, aquellas en las que Mulder desaparece y es sustituido por el agente John Doggett. Después se incorpora la agente Mónica Reyes, ya que Dana Scully no dispone de la misma movilidad geográfica que sus compañeros. En estas dos temporadas, con la llegada de estos nuevos personajes, se recupera el espíritu original de la serie, en la que dos agentes del FBI hacían frente a lo desconocido e inexplicable. Claro está que no podía dejarse abierto toda la trama de las abducciones y conspiraciones, así que de vez en cuando se van añadiendo piezas del inmenso rompecabezas, hasta llegar al capítulo final, en el que todo (la resolución del asesinato del hijo de John Doggett, el hijo de Scully, Los pistoleros solitarios, la desaparición de Mulder, entre otros) queda resuelto y aclarado.

John Doggett me ha sorprendido muy gratamente, a pesar de que sustituir a alguien como Mulder no era tarea fácil. En ningún momento intenta emularle, sino que retrata al agente honrado, coherente con sus ideas (lo que le lleva a más de un conflicto interior cuando no entiende lo que ha visto -el capítulo Invocation es una excelente prueba-, además de provocar más de un enfrentamiento con sus superiores) y atormentado por un pasado más que doloroso. Como contrapunto, Mónica Reyes no aporta gran cosa (si exceptuamos su colección de chaquetas y abrigos), aunque en un principio se la presenta como experta en crímenes satánicos. Lástima.

Con la serie ya acabada (y con David Duchovny retozando en Californication), ya sólo queda esperar que la nueva película esté a la altura (o sea mejor) que la primera y que intente aportar algo nuevo.

viernes, 25 de abril de 2008

Homo Faber

Homo Faber, de Max Frisch, es una de esas novelas que, por los motivos que sean, me veo obligado a releer cada cierto tiempo. Si no recuerdo mal, la primera vez que la leí fue en verano de 1993, de cara a mi último año de colegio: debía estar bastante ocioso para poder dedicar parte de mi tiempo a lecturas obligatorias del curso siguiente, jeje. El caso es que poco a poco fue adentrándome en la novela, descubriendo su tejido y su estructura en apariencia complicada, para encontrar una nuevo concepto de tragedia griega que, espero, pido y deseo, no caiga jamás en el olvido. Cada vez que la releo me doy cuenta de la magnitud de todo lo que la envuelve, por lo que se me hace más necesario volver a acercarme a ella.

La trama: "Homo Faber encarna una figura típica de nuestros días. El ingeniero Faber, técnico al servicio de un organismo internacional, es un personaje de mentalidad pragmática, cortante, y, en un mundo dominado por la ley de probabilidades, libre de toda veleidad de fluctuación humanística del espíritu. Una cadena de acontecimientos imprevistos y la aventura sentimental con la que resultará ser testimonio de una culpa que él arrastra desde hace veinte años, introducirán en esa mentalidad el sentido del dolor, del destino, haciendo nacer en él al hombre. La tragedia se cumplirá en una playa de Grecia, a orillas de la vieja Corinto, como si un mundo de perfiles humanísticos se revolviera contra el personaje" (gracias Seix-Barral).

Lo que sé de los vampiros

"Aún no ha empezado la batalla y la nieve huele a sangre. Al frente de su caballería, muy derecho en la montura, el rey admira lo que en breve será campo de fuego. Desenvaina el sable, vira grupa hacia sus filas para ordenar una carga y sólo entonces descubre lo imperdonable más allá de tricornios, banderas y capotes relucientes. El monarca pica espuela y cabalga entre el vapor de cien alientos hasta alcanzar al oficial que recula y tiembla. La mirada del rey es Desdén Luminoso; su voz, la Voz del Destino; sus palabras, el Martillo del Tiempo:
- ¿Te crees que vas a vivir eternamente, soperro?"

Así arranca la última novela ganadora del Premio Nadal, Lo que sé de los vampiros, de Francisco Casavella, en la que se habla de "Martín de Viloalle, que asumirá durante su vida las consecuencias de la única decisión que toma con plena libertad: acompañar a los jesuitas expulsados de España el 2 de abril de 1767. Esa y otras circunstancias tragicómicas le llevarán hasta Roma, los estados alemanes, el reino de Dinamarca, el París revolucionario y aún más allá. En esos años, será miembro nada honorable de una sociedad marginal, itinerante, filosófica, artística o estafadora, dedicada a vagar de corte en corte para entretener el gusto, el sexo, el intelecto y, sobre todo, el tedio de la clase superior. Ilustrados y aventureros: personajes que construyen su identidad con una máscara permanente hasta alcanzar claves muy personales sobre el engaño de la condición humana. Visionarios corruptos quizá, pero visionarios al fin, que adulando a la nobleza del Antiguo Régimen modelaron las apariencias de una nueva época. La nuestra".

Dejando de lado que se trata de uno de los mejores inicios literarios que recuerdo (a la altura de Cien años de soledad, diría yo), que no deja otra opción que seguir leyendo, se trata de una novela terriblemente densa y espesa, tanto por la cantidad de información que se ofrece como por la cultura y el saber que se presupone del lector - lo que, en algunos momentos, puede llevar a confusión e incomprensión. Además, las discusiones filosóficas y enseñanzas de Welldone, instructor del protagonista Villoalle, se me han hecho largas y, lo que es peor, superfluas y banales: claro que, de esta manera, se disfruta mucho más de las descripciones y las brillantísimas (sí, porque pueden llegar a venerarse) escenas de acción. Destacaré dos: la cena final del Príncipe Carlos con el castigo físico a Welldone de fondo ("Aunque se consuma mi carne, Dios es la roca de mi espíritu, mi lote perpetuo") y la cruel toma de Versalles. También me parece bastante fallido el epílogo final, vuelta de tuerca y final feliz (??) a una historia que no acaba de cuajar, pues, aparte de una (se supone) fiel recreación de una época pasada, sólo queda la anécdota de la propia lectura, y no los personajes, la trama y el mensaje literario. Valoración: un 7 sobre 10 (tirando hacia el 6,5, se salvan las descripciones y el estilo narrativo, nada más).

sábado, 19 de abril de 2008

Cat man do

Todo aquel que ha tenido o tiene un gato ha vivido una situación similar a esta.

jueves, 17 de abril de 2008

Wild animals

Hago un alto en la extenuante lectura de Lo que sé de los vampiros, de Francisco Casavella, y mientras me planteo si debo escribir sobre mi cuarta relectura de Homo Faber, de Max Frisch, que se ha convertido en una novela que ahonda en lo personal, le dedico unas líneas al nuevo disco de The Pinker Tones, Wild animals.

Si lo comparo con su primer disco, Pink Connection o The BCN Connection, depende de cómo se quiera llamar (por problemas con la discográfica el CD se volvió a editar con diferente nombre, de ahí la posible confusión), diría que no se trata del mismo grupo: se ha pasado de los referentes electrónicos de Mais pourquoi (que llegó al número 1 del Dance Floor Chat de la MTV) o Viva la juventud a la sofisticación de Happy everywhere, más cercana al reservado de la discoteca que no a la pista de baile. Si miramos el disco inmediatmente anterior, The Million Colour Revolution, vemos que la evolución hacia la mezcla de estilos y sonidos no sólo se mantiene, sino que se explota y se buscan nuevos horizontes. Se mantienen tanto los ritmos pegadizos (Electrotumbao, The Whistling Song, Working Bees), las influencias de los Beach Boys, Kraftwerk y los elementos setenteros, entre otros, así como el uso de diferentes idiomas como el francés, castellano, inglés y alemán, que reafirma el melting pot musical. Mi única pega es que, de entrada, le falta algún himno tipo Sonido total o Love tape que pueda ser coreado en los conciertos. Pero como Wild animals no debe ser carne del singstar, no puedo estar más que contento: es un CD para tener siempre a mano y poder escucharlo con diferentes estados de ánimo.

Mis amigos pueden estar contentos: a más de uno le va a tocar como regalo...

sábado, 12 de abril de 2008

La apoteosis necia (otra vez)

Ha pasado menos de un año desde que fui a ver por última vez el monólogo de Berto Romero, La apoteosis necia. He vuelto a repetir, esta vez con los compañeros del trabajo. El espectáculo se sigue representando en el Teatreneu, aunque se ha trasladado a la sala Xavier Fábregas (con capacidad para más de 300 personas), cosas que pasan por salir en televisión y tener un merecido éxito mediático. Conseguimos las entradas por Atrápalo con un 25% de descuento en comparación a ServiCaixa: al tratarse de una reserva, no queda más remedio que tragarse una cola que puede durar hasta algo más de una hora para obtener la localidad y luego un buen asiento. Este (para mí) pequeño contratiempo se olvida cuando Berto y el guitarrista El Lagarto aparecen en escena y empieza el espectáculo.

No creo que importe demasiado que el espectáculo apenas haya variado de un año para otro, la verdad. Como en las grandes películas o series de humor que uno no se cansa de ver una y otra vez (Agárralo como puedas, L'escurçó negre, etc), el hecho de saber qué pasará con antelación ya incita a la risa. Otra vez (¡y ya van cuatro!) me han sorprendido gratamente los gags de los médicos, los albañiles (Chocho, te ví a comer hasta las gomillas de las bragas), la abuela que vuelve del Sónar o la canción del chándal, entre otros. Risas garantizadas, un espectáculo 100% recomendable, sobre todo para los viernes por la noche, después de una semana laboral demasiado cargada de tensiones.

martes, 8 de abril de 2008

Martha and Hanwell

Desde que terminé How to be good, de Nick Hornby, allá en julio-agosto de 2005, no había vuelto a leer en inglés, así que, para entrar en rodaje y volver a acostumbrarme al idioma, me he decantado por un mini-libro de apenas 50 páginas, Martha and Hanwell (editado por Penguin con motivo de su 70 aniversario), que incluye dos relatos de Zadie Smith, Martha, Martha y Hanwell in hell.

Admito que el Martha, Martha me ha costado bastante, la historia de una mujer casi ausente que busca piso, visto -básicamente- a través de los ojos de la comercial que la acompaña, no ha llegado a interesarme, igual porque hay demasiadas aspectos implícitos, demasiados dobles sentidos. Hanwell in hell, por el contrario, me ha cautivado desde la primera frase ("I spent just one night with your father, in Bristol, thirty-four years ago"): trata de la noche que pasaron el narrador, Clive Black, y Hanwell, un lavaplatos cuya infeliz existencia no mitigan su optimismo y esperanza irreales. Me he quedado con ganas de saber más de Hanwell, de conocer su historia y saber cómo, a nivel novelístico, se ha podido llegar hasta este relato, pues "I truly feel that Hanwell exists somehow", dice la propia autora en el prólogo. Hanwell... me ha recordado a The music of chance, de Paul Auster, por la forma de narrar (fluida, concisa, sabia), por la ambientación, por el magnetismo de ambos antagonistas y, finalmente, por la temática. Valoración: Martha, Martha: un 6. Hanwell in hell: un 8.

lunes, 7 de abril de 2008

A sangre fría

Ayer acabé otra novela para el recuerdo: A sangre fría, de Truman Capote. Es la segunda novela que disfruto de esta autor norteamericano después de Breakfast at Tiffany's, y si el nivel es tan alto en otras obras suyas que pienso leer (pienso en Música para camaleones, por ejemplo), no dudo en que se convertirá en uno de mis escritores favoritos. Pero vayamos por partes: ¿Qué podemos encontrar en esta obra?

"El 15 de noviembre de 1959, en un pueblecito de Kansas, los cuatro miembros de la familia Clutter fueron salvajemente asesinados en su casa. Los crímenes eran, aparentemente, inmotivados, y no se encontraron claves que permitieran identificar a los asesinos. Cinco años después, Dick Hickcock y Perry Smith fueron ahorcados como culpables de las muertes. A partir de estos hechos, y tras realizar largas y minuciosas investigaciones con los protagonistas reales de la historia, Truman Capote dio un vuelco a su carrera de narrador y escribió A sangre fría, la novela que le consagró definitivamente como uno de los grandes de la literatura norteamericana del siglo xx. Capote sigue paso a paso la vida del pequeño pueblecito, esboza retratos de los que serían víctimas de una muerte tan espantosa como insospechada, acompaña a la policía en las pesquisas que condujeron al descubrimiento y detención de Hickcock y Smith y, sobre todo, se concentra en los dos criminales psicópatas hasta construir dos personajes perfectamente perfilados, a los que el lector llegará a conocer íntimamente. A sangre fría, que fue bautizada, pionera y provocativamente, por Capote como una «non fiction novel», es un libro estremecedor que, desde la fecha misma de su publicación, se convirtió en un clásico."

Lo que más me ha sorprendido es el estilo narrativo, casi casi fascinante. Se va intercalando la narración con descripciones minuciosas junto con elementos reales (cartas personales, estudios médicos, declaraciones de las personas relacionadas con el caso), además de recursos estilísticos como precisos flashbacks y flashforwards, llegando incluso a crear, de esta manera, cierta tensión en el lector para saber cómo acabará todo - a pesar de que se conoce de antemano el final. Es decir, se une un "increíble realismo y la conjunción de una narrativa tradicional con un reporte periodístico" (Wikipedia). No sorprende, pues, que de esta manera nunca se pierda el interés por una novela que, uniendo ficción con la realidad y los recuerdos, sólo quiere dar a conocer (desde los puntos de vista más relevantes -los autores, la familia de las víctimas, los agentes del FBI, etc) unos hechos terribles. Le hubiese dado un 10 si no fuese porque a veces me ha cansado ese afán del autor por no querer dejar ni un cabo suelto, de ahí la persistencia, por ejemplo, en querer ahondar en la psicología de los asesinos, sobre todo la de Perry. Por lo demás: nada que objetar. Mi valoración: un 9,5 sobre 10.

Decepción culinaria

Después del gran partido entre el DKV y el Tau decidimos ir, a propuesta mía, a comer al Maur, restaurante ubicado en la calle Urgel de Barcelona. Tenía buenos recuerdos de ese local: ambiente agradable, buena comida, quizá un pelín cara, pero nada que un buen sabor de boca (valga la redundancia) no pudiese mitigar. Lamentablemente, la experiencia de ayer no fue tan positiva. La comida no fue nada del otro mundo (simplemente correcta), y los camareros estuvieron serios y desganados, parecía que te estuvieran haciendo un favor al atenderte. Lo peor fue el precio, muy por encima de la calidad de la comida. Parece que el Maur ha tomado el relevo en la escalada de precios de la vivienda: pagar 30 euros por dos platos (esqueixada de bacallà y solomillo de cerdo -sin salsa ni complementos, psep), un botellín de agua, postre y un cortado es excesivo. Me recordó al Racó de la Vila, donde los precios también han crecido muy por encima del IPC, pero al menos allí el ambiente es inmejorable y la comida sigue siendo estupenda.

domingo, 6 de abril de 2008

DKV Joventut - TAU

Nuestra intención era ir a Girona y, además de pasear por la ciudad y disfrutar de su excelente gastronomía, ver el partido de baloncesto entre el Akasvayu Girona y el DKV Joventut. Como por problemas de agenda no pudimos hacerlo, decidimos volver al Pabelló Olímpic de Badalona y ver uno de los mejores partidos de la ACB que se pueden ver a día de hoy: DKV Joventut contra el TAU de Vitória. Y ahí estamos Getxo, Sinaceitera, Roenick, Emeshing y yo delante de la tienda de recuerdos (Nota: el orden de los nombres no coincide con el de nuestra posición en la foto):


Ha sido un excelente partido, con emoción (a pesar de la abultada diferencia del marcador final - victoria del equipo local por 78 a 66), polémicas y una jugada más que espectacular de un jugador que está muy por encima de la media: Rudy Fernández. Sólo por verle jugar como lo ha hecho hoy en los últimos 10 minutos ha valido la pena pagar los 25 euros de la entrada. Y ya son pocas las ocasiones que tendremos para verle por aqui: es sabido que su futuro está en los Portland Trail Blazers, de la NBA. También me ha impresionado mucho la manera de jugar de Thiago Splitter, quién, aún sin realizar un gran encuentro, no ha dejado de intimidar y de demostrar su cualidades. El ambiente del campo también ha sido magnífico, se nota que Badalona es una población que vive por y para el baloncesto, lo que no deja de ser una gran notícia para los aficionados a este deporte.

viernes, 4 de abril de 2008

En Buenafuente

El martes pasado estuvimos en el programa de Buenafuente, cuyos estudios de grabación están cerca de Barcelona, en Sant Just Desvern (justo al lado de la ITV). Todo fue a pedir de boca: desde que encontramos aparcamiento casi en la puerta de los estudios hasta que llegamos a casa, felices y muy contentos de las experiencias que habíamos vivido.

El equipo de producción del programa nos trató (a todo el público) con corrección y educación, explicándonos con seriedad, pero siempre con su punto de humor ingenioso, cómo debíamos actuar en caso de emergencia o en qué momentos es preciso reír y/o aplaudir, por ejemplo. El bocadillo que nos dieron fue algo escueto, aunque por el precio de la entrada (gratis total, jeje) no podemos quejarnos, que digamos. Desde que uno entra en el plató (mucho más pequeño de lo que puede parecer por televisión), no hay un solo momento de descanso, pues la grabación se realiza de corrido, sin pausas ni cortes. Cuando se da entrada a la publicidad la banda de música, con canciones pegadizas y archiconocidas, evita cualquier intento de aburrimiento. Luego es obligatorio destacar el humor de Berto Romero, el sobrino de Andreu Buenafuente, quien es el encargado de crear las primeras risas en el plató con un pequeño espectáculo sobre las vías de evacuación. Fueron, quizá, los momentos más divertidos y espontáneos del programa: se nota que el humor no está filtrado por la rigidez de la televisión. En Youtube se puede ver un resumen de una actuación introductoria parecida a la que vivimos nosotros. Poco después fue el propio Buenafuente quién también habló con el público, aunque en su caso fue algo más breve y distante. Del programa en sí me quedo con la sección de Berto y las erratas del horóscopo del diario Metro, y con la sobria actuación de The Pinker Tones, que incluía un breve sketch sobre la hipocresía de la SGAE.

En definitiva, y como bien dice Roenick, "no es una película pero tengo que poner una valoración a la visita al programa y no puedo darle menos de un...Valoración 10/10". Queremos volver, claro, ha sido una experiencia muy gratificante y positiva, por lo que sólo puedo agradecer inmensamente a los que nos invitaron: a todos ellos les debo una botella de vino, por lo menos.