lunes, 31 de marzo de 2008

Tres alegrías

Ayer: Emeshing y Adriana nos comentaron la posibilidad de ir a ver Como la vida misma, interpretada por Steve Carrell y Julliet Binoche. Admito que sólo había leído una buena crítica de la revista Fotogramas, pero no pensaba que fuese a verla en el cine, si acaso tumbado en el sofá de casa un domingo por la tarde, via DVD. Nos alegramos de haber ido, Como la vida misma es una pequeña inyección de optimismo y simpatía, a pesar de ser un drama con algunos toques de humor. El guión es ingenioso y los actores me han parecido bastante creíbles, sobre todo Steve Carrell, mucho más cercano a Little Miss Sunshine que no a Sigo como Dios. Vale la pena ir a verla. ¿El argumento? "Todo empieza cuando Dan Burns, viudo, padre de familia y columnista asesor familiar, que aún no se ha repuesto de la pérdida de su mujer, se refugia en la excusa de que debe ocuparse de sus tres rebeldes hijas para evitar enfrentarse a cualquier situación imprevista. Pero todo está a punto de cambiar cuando Dan lleva a sus tres hijas a pasar un fin de semana a Rhode Island para la reunión otoñal que anualmente celebra su familia. Al poco de llegar, conoce a una atractiva mujer llamada Marie en una librería. Por primera vez en mucho tiempo, Dan siente una auténtica chispa, pero enseguida debe apagarla al descubrir que Marie es la nueva novia de su hermano Mitch".

Hoy: De vez en cuando suelo comer en un restaurante vegetariano del centro de Barcelona, L'hortet, donde se combina una cálida ambientación con una excelente comida. Nada que objetar, siempre es buenos saber que se puede comer sano, a un precio correcto (9,80 euros menú - incluye pan y bebida) y de manera reconfortante.

Mañana: The Pinker Tones editan su nuevo disco, Wild animals. He tenido la suerte de poder escucharlo, y no creo que sea equiparable a su gran trabajo anterior, The Million Colour Revolution: es un paso hacia adelante. Muy muy recomendable. En su página web podeis escuchar tres canciones: S.E.X.Y.R.O.B.O.T., Electrotumbao y Happy everywhere.

Triple

"Nat Dickstein, uno de los mejores agentes secretos israelíes, tiene una misión crucial: hacer desaparecer el barco que transporta el uranio que Egipto necesita para poseer la bomba atómica. Ciertamente una misión casi imposible, ya que egipcios y palestinos no están dispuestos a contemplar pasivamente cómo se esfuma su gran baza para inclinar a su favor el conflicto de Oriente Medio... Una novela electrizante a partir de un suceso real" (gracias Fnac).

Lo mejor de Triple, de Ken Follet, es que no decepciona a los fieles lectores de este famosísimo escritor. Dispone de todos los ingredientes para hacer una novela entretenida. Un personaje principal muy bien definido y, por ende, carismático (aunque con las dudas y problemas de todo héroe con vertiente moral); personajes secundarios que, perfectamente, también podrían ser merecedores de su propio libro; tramas que, aún siendo bastante complejas, están muy bien explicadas y son coherentes de principio a fin (creo que suelen estar basadas en hechos reales); emoción bien entrelazada con los momentos de descripción; diálogos ágiles, y un final bastante correctos (aunque muy edulcorado), que dejan un buen sabor de boca. El problema es que casi tan pronto como se ha leído, se olvida: y no porque se trate de una novela banal como las de Matilde Asensi (ya ves Roenick, al final siempre se vuelve a lo que más nos impresiona, para bien o para mal), sino porque, como toda buena película de acción y aventuras, los temas que se tratan no van más allá de la anécdota... al menos, en lo que a mí se refiere. Pero como Ken follet no trata (por suerte) de asemejarse a Proust ni a Pasternak, sino de entretener, no hay nada que objetar. Valoración: un 7 sobre 10. (Nota: para más información recomiendo la lectura del comentario de Emeshing).

domingo, 30 de marzo de 2008

MMT Estudiantes

Como sigo con mi crisis de escritura (tengo muchas ideas, luego soy incapaz de plasmarlas), no me queda más remedio que actualizar mi blog con otro anuncio, esta vez del equipo de básquet del MMT Estudiantes, que trata de buscar apoyos y animar a sus seguidores para que vean que no bajarán a la liga LEB. No parece imposible, ya que a día de hoy, a falta de 7 jornadas, son los penúltimos a sólo una victoria de la salvación. De todas formas, visto el anuncio, no sé si es la manera más apropiada para estar esperanzado, creo que las angustiosas influencias de Poe y Tarantino tienen unas reminiscencias que, justamente, no son muy halagüeñas.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Lágrimas negras

No suelo escuchar jazz ni flamenco, pero el disco de Lágrimas negras, de Bebo Valdés y Diego El Cigala, fusión de estos dos tipos de música, es de los mejores que recuerdo de los últimos años. De vez en cuando ocurre que me apetece escucharlo y siento como sigue sorprendiéndome. Como muestra, la canción que da título al disco.

lunes, 24 de marzo de 2008

El mundo

Acabo de finalizar la lectura de El mundo, novela de Juan José Millás y ganador del último Premio Planeta. No pensaba que fuese a leerla en sólo dos días, ya que las primeras páginas transcurren de manera pausada, lenta, incluso entrecortada, con un devenir muy diferente al de otras novelas de Millás, del que siempre he destacado la tremenda facilidad que tiene en presentar personajes y en introducir al lector en sus historias cotidianas que bordean la irrealidad (me refiero a sus novelas, obras como la de Nevenka son otra historia). Pero en El mundo se marca una distancia con el lector: lo que se cuenta no es ficción, sino las memorias noveladas del propio autor.

Aún siendo unas memorias, no faltan los elementos característicos típicos de Juan Jose Millás: símiles tan ingeniosos como sorprendentes ("mi madre no tuvo hijos, tuvo síntomas"), situaciones que rozarian el absurdo si no fuesen tan ingenuas (el paseo por el Barrio de los Muertos es, sencillamente, brutal) y momentos de cruda realidad (los recuerdos de la academia del padre Braulio). Distanciándose de una novela prototípica de Millás, no deja de contener esos elementos que le hacen ser uno de mis escritores favoritos (aunque, últimamente, ya no consigue sorprenderme tanto). Con El Mundo mejora su "obra menor" que fue Laura y Julio (le dí un 6 sobre 10), pero sigue muy lejos de Tonto, muerto, bastardo e invisible o El orden alfabético, entre otras. El problema es que, a pesar del alto nivel narrativo y literario, apenas puede haber afinidad entre el que escribe y el lector. Mi valoración: un 7,5 sobre 10.

El argumento: "Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo. Me habían encargado un reportaje sobre mí mismo, de modo que comencé a seguirme para estudiar mis hábitos. En ésas, un día me dije: «Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina.» Entonces se me apareció el taller, conmigo y con mi padre dentro. Él estaba probando un bisturí eléctrico sobre un filete de vaca. De súbito, me dijo: «Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento mismo de producirla.» Comprendí que la escritura, como el bisturí de mi padre, cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e intuí por qué era escritor. No fui capaz de hacer el reportaje: acababa de ser arrollado por una novela."

Perdidos 4x08, Jericho 2x03

Estos días, aprovechando la inactividad de la Semana Santa, no sólo he aprovechado para leer, sino también para ponerme al día con dos series de televisión, Perdidos y Jerichó (¡gracias Emeshing!). De la primera sólo diré que, exceptuando su segunda temporada, es la mejor serie que recuerdo haber visto. Prison Break tiene un nivel similar, sí, pero le falta ese algo que la hace diferente: si no, no se entiende que en casa nunca nos conformemos con un capítulo, la dosis mínima ha de ser de dos. Jerichó, indudablemente, no llega al nivel de las otras dos, bien sea porque peca de demasiado sentimentalismo o porque la trama tardó bastante en arrancar. Eso no quita que la segunda temporada haya empezado con fuerza y que, porqué no, aumente el interés en saber cómo acabará todo eso.

domingo, 23 de marzo de 2008

Echo Park

Después de Les benignes me he decantado por la última historia del detective Harry Bosch, Echo Park, escrita por Michael Connelly. Es una novela brillante, bien construida, con personajes correctamente definidos y un final sorpresa que entra dentro de lo "coherente", pues a lo largo de la novela se nos van dando diferentes pistas que sólo cobran sentido cuando el protagonista logran unir todas las piezas del rompecabezas. Puede que haya alguna que otra concesión para la resolución del caso, pero no me parece relevante, teniendo en cuenta que es una lectura muy amena y entretenida. Así pues, lo peor de Echo Park es su precio, 21 euros, algo más de 3500 de las añoradas pesetas. Igual vale la pena esperar a la edición de bolsillo, o incluso mejor, cogerlo prestado de la biblioteca. Mi valoración: un 7,5 sobre 10. Ahora me espera el último Premio Planeta, El mundo, de Juan José Millás.

Este es el argumento de Echo Park: "Harry Bosch tiene la oportunidad de reabrir un caso en el que trabajó en el pasado y que había quedado sin resolución; se traga del asesinato de Marie Gesto, una joven desaparecida años atrás. Bosch tuvo siempre el presentimiento de que nunca encontrarían con vida a Gesto y cuando las circunstancias le forzaron a cerrar el caso, se quedó con la desagradable sensación de haber dejado escapar al culpable por obviar un detalle de la investigación. Por ello recibe, entre escéptico y aliviado, la confesión de un hombre que alega estar detrás del asesinato de la joven. Las circunstancias que envuelven el caso son atípicas dado el interés de un político por llegar a un pacto con el presunto culpable. Arguye que resultaría beneficioso para ambas partes: el detenido detallaría qué pasó con otros casos irresolutos cuya autoría se atribuye, evitando así la pena de muerte. A Bosch no le gusta la propuesta, pero no puede reprimir su deseo de cerrar un caso que le ha inquietado durante años. Su intuición no le engaña: se trata de uno de los casos más complejos de su carrera".

viernes, 21 de marzo de 2008

Helio

Uno de mis sketches favoritos de Cámara Café, Te lo digo en serio: debido a unas obras en la oficina, se produce un escape de helio, lo que provoca situaciones muy peculiares...

miércoles, 19 de marzo de 2008

Les benignes

Una novela de más de 1000 páginas como Les benignes se merece un post más largo de lo habitual. Para los que no quieran seguir leyendo y así ahorrarse mis comentarios, empezaré dando mi valoración: un 7,5 sobre 10.

Les benignes (traducido al castellano como Las benévolas), de Jonathan Littell, es el segundo Premio Goncourt que leo después de la formidable (y muy deprimente) Almas grises, de Phillipe Claudel. En ambos casos han sido lecturas que me obligado a reflexionar, lo que me lleva a creer que hay cierta diferencia entre los premios que se otorgan en España (muchos de ellos impulsados por el amiguismo) y los de nuestro país vecino. Deberé informarme un poquito más al respecto. Pero, a lo que iba: Les benignes golpea desde la primera página al lector por la crudeza de sus imágenes y por los pensamientos y razonamientos de su protagonista. Este es el argumento: "Maximilien Aue es Doctor en derecho, casado, con hijos, discreto y calmado. Desde un lugar tranquilo de Francia y después de 30 años, se decide a contar su pasado. No porque sienta necesidad alguna de justificación, simplemente quiere contar la historia tal y como él la vivió. Porque Maximilien era oficial de las SS. Jonathan Littell nos hace revivir los horrores de la Segunda Guerra mundial desde el lado de los verdugos, al mismo tiempo da cuenta de una vida como pocas veces se ha hecho: Las benévolas es la epopeya de un ser arrastrado por su propio recorrido y por la Historia."

Se trata pues, de una obra magna, extensísima hasta la saciedad, donde se desagrana, desde el punto de vista de un nacionalsocialista convencido, los hechos más importantes para los alemanes de la 2a Guerra Mundial. El protagonista y narrador es el Doctor Maximilian Aue, doctorado en derecho (por lo tanto, culto e inteligente), que proviene de una familia rota (padre desaparecido, madre odiada, padrastro incomprendido, relaciones incestuosas con hermana gemela previo paso a la homosexualidad) que marcó su vida personal, hasta convertir el amor por su hermana en algo enfermizo. A nivel laboral, por contra, con el paso de la guerra consigue ascender en la jerarquía de las SS (Schutzstaffel), pasando por diferentes zonas de combate: Ucraina, Stalingrado, Berlín y Hungría, donde acaba gestionando la "optimización" para el Estado de los presos de los campos de concentración. Si acaba escribiendo sus memorias es porque le apetece, ya que no tiene nada de lo que arrepentirse... y no entiende porqué debería hacerlo.

En la novela no se escatiman medios ni palabras en intentar describir los hechos de aquella época. Debe quedar claro, eso sí, que no es un libro que alabe el nacionalsocialismo, todo lo contrario: su función es explicar la monstruosidad y el absurdo de lo acontecido desde "dentro", desde el punto de vista de un nacionalsocialista que no reniega (ni renegará jamás) de sus convicciones e ideas, a pesar de todo lo que ve y sufre en su propio cuerpo. En algunos momentos esta frialdad tan manifiesta me ha recordado a algunas secuencias que vi en clase de Literatura i Holocaust de Shoa, vastísimo (más de 9 horas de metraje) documental sobre el holocausto: no hay que adornar ni agarrarse a recursos o trucos estilísticos para narrar el horror. Esta crudeza me ha obligado, por ejemplo, a saltarme las páginas dedicadas a Auschwitz.

Lo mejor del libro es el grandísimo trabajo de documentación realizado por el autor: se tiene la sensación de que "realmente" ha vivido esas experiencias. Las descripciones son minuciosas, detalladas, el baile de nombres y cargos dentro del sistema político-militar alemán es inmenso, lo que, por otra parte, hace que en algunos momentos sea fácil perderse. Por ejemplo, en la edición de Quaderns Crema se ha añadido un glosario al final de la novela para ayudar en su comprensión. A todo esto hay que añadirle volátiles discusiones filosóficas (sobre la moral en Kant, por ejemplo) y políticas (diferencias entre el nacionalsocialismo con el socialismo ruso), entre otras.

De todas formas, es una novela demasiado larga, hay momentos en los que, a pesar del alto nivel literario (estilo fluido, vocabulario no muy técnico ni culto, gran capacidad de narración) la pesadez se hace latente y la tentación de pasar a un nuevo tema es muy grande. Sobra, a mi entender, la historia de la obsesión por la hermana y la familia, con muchas menos páginas también se hubiese hecho patente las extrañas relaciones del Dr. Aue con ellos. Si uno decidiese saltarse el capítulo Air, por ejemplo, no se perdería gran cosa. Otro punto negativo, aunque en este caso el autor poco tiene que hacer (si acaso, reclamar), destacar los múltiples errores tipográficos de la edición en catalán (Quaderns Crema): hay demasiados como para no darse cuenta.

En definitiva: es una novela complementaria a las de Primo Levi, Jorge Semprún o Imre Kertesz, todas ellas imprescindibles para entender un horror no exento de locura. Eso sí, sin duda alguna, es demasiado larga.

domingo, 16 de marzo de 2008

Aris y Piti

El próximo 17 de marzo se cumple un año desde que mis dos gatos (los nenes de la foto - Aris y Piti), emigraron a Kleinenbroich, un pequeñísimo pueblo de Alemania. Allí disfrutan de una especie de mansión para jubilados, 120 metros cuadrados de piso + 80 de jardín vallado: vive con ellos una señora jubilada que se dedica a darles masajes con un guante especial pensado para este fin, además de permitirles escoger menú para comer: pienso seco o latita de Cat Chow Delice. Para beber disponen de una fuente por donde siempre fluye agua fresca y se les cambia la arena a diario. Saber que han caído en tan buenas manos aligera, en parte, la carga de echarles de menos. Debo admitir que he tenido algo más que muy buena suerte.
(Este es Piti:
)

Otro motivo de alegría es saber que los dos trastos cumplen con una función muy gratificante: desde que acompañan a la mujer jubilada y se dejan masajear, ésta no sólo ha recuperado parte de la movilidad de unas manos dañadas por la artritis, sino que ha mejorado en lo que a su estado anímico se refiere. Una maravilla, un verdadero motivo de alegría.
(Y este es Aris:
)

sábado, 15 de marzo de 2008

Como no escribo, un anuncio

Últimamente no actualizo demasiado mi blog, no es por falta de ideas: pero la inspiración parece desvanecerse siempre cuando salgo del trabajo. Terrible y deprimente. En fin, como no estoy muy por la labor de escribir (Les benignes, mi lectura actual, sería merecedora de, por lo menos, dos posts), voy a poner aqui el anuncio que más gratamente me ha sorprendido estas últimas semanas: La carretera, de BMW.



La voz en off es del cada vez más sorprendente Alex Brendemühl (el protagonista de Yo). Encontrareis más información sobre el anuncio en la muy recomandable web de tvspot.

jueves, 6 de marzo de 2008

El nuevo vídeo

Como ultimamente mi vida se limita de ir de casa al trabajo, y del trabajo a casa, apenas tengo tiempo para la absorbente lectura de Les benignes. Para desconectar, y a la espera del reparador masaje de mañana, aquí el vídeo de Happy everywhere, primer single del nuevo disco de The Pinker Tones, Wild animals.


sábado, 1 de marzo de 2008

Otra de recuerdos

Hoy se cumplen dos años y medio desde que dejé de fumar (!!!), motivo suficiente para explicar una anécdota sobre el tabaco y la universidad. Una de las asignaturas que cursé durante mis estudios de filología fue Hermenèutica literaria, cuyo abstracto nombre remite directamente al estudio de la interpretación de una obra literaria (más o menos, creo recordar que el concepto primario es ese). El profesor era el ínclito Jordi Llovet, conocido, por ejemplo, por sus excelentes artículos literarios en el diario El País y por impartir sus clases de manera amena, divertida y, cuando quería, muy instructiva. No es de extrañar que sus clases siempre estaban llenas, casi era un honor poder asistir.

He dicho que el profesor Llovet era muy instructivo sólo cuando quería, porque la mayor parte de sus clases eran historias y anécdotas de Kafka, o de sus propias vivencias como botones de un hotel de lujo en Londres, entre otros. Supongo que esto era debido a que con sólo 15 minutos de inspiración era capaz instruirnos y guiarnos sobre escuelas y tendencias literarias de una manera tan precisa, que el temario de ese día ya podía darse por impartido.

Pero el profesor Llovet también era (supongo que lo será siendo) fumador, y el último día de clase, nada más entrar en el aula, nos sorprendió a todos con la siguiente afirmación: "Hoy se podrá fumar en clase". Y encendió un cigarrillo. Una alumna replicó: "¡Usted es un intolerante!" El profesor le respondió con vehemencia que el tolerante era él, que no había fumado durante el curso y que era justo que, por un día, los fumadores pudiesemos ejercer nuestro hábito. "Si te quieres ir, por mi no hay problema". Alguno que otro se marchó, pero se perdió, además de una clase magistral (lo recuerdo por la gran cantidad de apuntes que tomé, algo inaudito), las preguntas del examen final. "También podreis traer los apuntes y libros que necesiteis", añadió. Llegó ese día y, además de volver a permitir fumar en el aula, dijo: "Es obligatorio copiar del compañero o compañera, y quién no lo permita, quedará suspendido... ¡fulminantemente! ¡Jajaja! Las notas saldrán en 15 días. Y si teneis alguna duda, estaré en el bar". Dicho y hecho: repartió las hojas y se fue. Inolvidable.

De lecturas que son regalos (2)

Además de una sesión de masaje anti-estress, me han regalado dos libros más. El primero, Los pilares de la tierra, de Ken Follet: "¿Cómo, aún no te lo habías leído?", dicen mis amigos. Lo intenté en 1998, pero no pasé de la página 100. "Uix, si es entonces cuando empiezo lo bueno", insisten. Bueno, ahora tendré otra oportunidad. El segundo libro es la última novela de Michael Connelly, Echo Park, "Harry Bosch en estado puro", en palabras de mi padre. También me enseñó otro policiaco que merece toda su atención, Castigo, de Anne Holt, aunque ese no quiso dármelo. Mejor, ahora mismo me esperan 6 lecturas en la mesita de noche. A saber: Les benignes (ya estoy en ello), Mi mundo, A sangre fría, Doctor Zhivago y los mencionados Pilares de la tierra y Echo Park.